Capitulo 44

1932 Palabras

Dahlia Soler El frío del salitre me golpeaba la cara con la fuerza de un bofetón, despertándome de la pesadilla de humo que habíamos dejado atrás en la fábrica. El faro viejo se alzaba ante nosotros como un coloso de piedra devorado por el liquen y la desidia, su silueta recortada contra un cielo que ya no era n***o, sino de un púrpura herido por los incendios de la ciudad. El coche n***o del Juez Arrieta roncaba suavemente, un animal de metal acechando en la penumbra del muelle. —No des ni un paso más, Arrieta —la voz de Enzo cortó el aire, seca y letal. El cañón de su arma no temblaba, apuntando directamente al pecho del hombre que acababa de bajar del vehículo. El juez levantó las manos. Su traje gris, impecable hace unas horas, estaba manchado de ceniza en los puños. Sus ojos, hundi

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