CONFESIONES

2664 Palabras

En el medio de los preparativos de mis productos, el teléfono sonó como si un grito desgarrador pidiese mi ayuda, y en el tiempo que demoré en desprenderme de lo que no me permitía atender – ya olía a lunes pesado y cargado -  la llamada se cortó. Tiré un insulto mudo al aire pidiéndole al de arriba que me proveyera un poco de aire para terminar con lo mío, y de inmediato, el aparato, como una burla, me volvió a tocar la espalda. - Buenos días, dije amablemente sabedor de que mis clientes no tienen por qué pagar mis locuras y apuros. - Hola, ¿te molesto? …Una saliva gruesa me atravesó la garganta y me explotó en el fondo del estómago: era Susana. La había estado pensando breves minutos antes encuadrado en una sonrisa que era una mezcla de añoranza con libidinosidad. - Hola, Susana, ¿cóm

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