#Uno

1683 Palabras
Ethan —¡Hey idiota! —escucho gritar tras sentir el impacto de algo en mi espalda. Me volteo lentamente conteniendo la ira que se desata dentro de mí. No tan lejos veo un grupo de muchachos, tal vez de mi edad, o algo mayores, de piel oscura y bastante altos parados en medio de la cancha de básquet. —¡Estabas en mal lugar, trae la pelota! —me exige uno de ellos. Alzo las cejas sorprendido y planeo marcharme cuando vuelve a hablar: —¡¿Acaso no escuchas? Además de idiota sordo! Tras sus palabras ya no me apetece controlar mi irritación, así que tomo la pelota y camino en dirección a ellos. —Así es, como perro que escucha la voz de su amo, todos los blancos son iguales. No respondo, continúo caminando hasta estar más cerca y lanzo el objeto con todas mis fuerzas para verlo impactar contra su cara y hacerlo perder el equilibrio. Me encanta la imagen al punto en que no logro contener la risa. Soy consiente de que he cometido un error, ellos son cinco y yo uno, pero no me importa, la sangre que brota de su labio y su expresión de dolor me causan una enorme satisfacción. —Ahora verás idiota de mierda —amenaza. Inmediatamente echo a correr en dirección al lugar que me dirigía. No soy de la zona pero conozco perfectamente el camino. —¡No huyas perro cobarde! —los escucho gritar. Tienen mal genio. Pienso y continúo sin detenerme. Salto una verja de hierro no muy alta hasta alcanzar el camino que busco. A penas logro reconocerlo, es de noche y está oscuro pero lo identifico por el cartel de no pase escrito con pintura blanca desgastada. Mi señalización preferida. Tal vez un día una de esas me lleve a la anhelada muerte. Acepto que no tengo el valor para suicidarme, pero sí quisiera que pasara de forma inesperada, da igual si en un callejón oscuro o en plena calle a mitad del día. No es como que mi vida tenga mucho sentido de todas formas, nada que perder, nada por qué vivir, nada que lamentar. Trepo por una verja esta vez más alta y me dejo caer del otro lado. Una punzada de dolor me hace cojear unos pasos, genial, me he torcido el tobillo. Cuando el dolor disminuye vuelvo a emprender la huida, al parecer los he dejado detrás, pero mejor precaver. Sigo corriendo hasta llegar a una especie de farmacia. Dentro el ambiente es el mismo de siempre, adictos con sus botellas y polvos por todos lados, al instante comienzo a sentirme seguro. Aunque este tal vez no sea el ambiente que normalmente considerarían seguro cabe destacar que todos tenemos nuestros distintos puntos de vista sobre las cosas, y eso está bien. —¿Cómo estás? Hacía tiempo no te veía por aquí. Sonrío ante el saludo de Infante, me siento en una de las sillas despintadas de metal y me masajeo el tobillo por encima de las botas. —¿Otra pelea? —pregunta mientras me trae una jarra con cerveza —la casa invita. —No he sido yo esta vez —aclaro y bebo de una el contenido frío de la jarra. —No sé si pueda creerte. —Lo juro, cuando yo no me busco las peleas ellas vienen solas. —Eres un imán para los problemas. —Bueno no he venido a hablar sobre mi vida —corto la charla educativa antes de que inicie. —Ya sé, has venido a olvidarte de ella como siempre. —Exactamente, ponme otra —pido devolviéndole la jarra. —Eres un buen muchacho, no deberías andar en lugares como estos. —Amigo, hoy no. —Está bien, pero de todos mis clientes eres el único que quisiera ver marcharse y no volver. —Estarías perdiendo una gran entrada de dinero para el negocio. —Eso es lo de menos. —Gracias por preocuparte, pero ahora mismo no es lo que necesito. —¿Quieres hablarlo esta vez? —Tal vez otro día. Asiente y se marcha en busca de mi pedido. ⊰᯽⊱┈──╌❊╌──┈⊰᯽⊱ —Ya deberías parar por hoy —escucho la voz de Infante mientras me termino de beber la cuarta serveza. Ruedo los ojos ante su comentario y lo ignoro —ponme otra —pido. —Un día te meterás en un problema más grande que tú. —Está bien, ese día me dices te lo dije. —Espero que ese día no llegue. Se marcha y yo me detengo a mirar fijamente la puerta para esperar que pase la ligera sensación molesta producto a la bebida. Continúo haciéndolo durante unos minutos, veo entrar a dos hombres vestidos de forma elegante. Me causa curiosidad y extrañeza que dos tipos así vestidos entren a un lugar como este, por lo que los sigo con la vista. Comienzan a alejarse hacia una esquina del lugar donde no hay nadie. Trato de levantarme ignorando el incómodo mareo que me hace tambalear un poco y cuando lo consigo me acerco a ellos sin que noten mi presencia. —Es una joyita —le escucho decir a uno. —¿Estás seguro de lo que dices, 19 años? —Por supuesto, toda una belleza de 19 años que nunca a puesto un pie fuera de ese cuarto desde que nació, su madre está muerta y su padre ni sabe que tiene una hija. Proxenetas. Pienso. Lo que faltaba. —¿Dónde la conseguiste? —Esa es una larga historia, pero puedo asegurar que no habrá problema, solo sabe su nombre y no tiene apellido, quien gane la subasta podrá elegirlo. —Estoy muy interesado, repíteme la dirección. El supuesto comprador saca un teléfono móvil y se dispone a escribir al tiempo en que yo hago lo mismo. —Te invito una serveza —continúan su charla como si estuvieran debatiendo quién ganó el partido de fútbol. Siento que la típica rabia repentina me aprieta los puños pero me contengo, hay algo más importante que hacer. No lo pienso dos veces, salgo del lugar siguiendo la dirección que acabo de apuntar, no tengo un plan ni sé qué haré luego, pero tengo que salvar a la chica. No puedo permitir que esa niña acabe en manos de ese sujeto. Mi idea es simple. La compro, la pongo en libertad y regreso a mi casa, no tiene por qué complicarse ni salir mal. ⊰᯽⊱┈──╌❊╌──┈⊰᯽⊱ Entro a la casa a la que me ha llevado la dirección, nadie me ha pedido claves ni nada parecido, supongo que he estado viendo muchas películas. Camino hasta una sala llena de hombres sentados en sillas dispuestas en filas, ocupo una delante e inspecciono la escena con la vista. —Bueno, hagamos esto rápido —dice al menos veinte minutos después el mismo hombre de la farmacia —les presentaré a la chica y ustedes apostarán, sí están aquí ya saben de qué se trata, no hay nada que explicar. Aprieto los labios hasta hacerlos una fina línea y continúo esperando hasta que por fin aparece. Realmente es muy hermosa. Una chica con el cabello algo despeinado suelto sobre la espalda, no demasiado alta, delgada, con una venda que cubre sus ojos, una fina blusa blanca de tirantes. Es evidente que no lleva sostén y se sujeta la falda con las manos temblorosas. Está muy cerca de mí, a penas hay espacio en la sala llena de hombres hambrientos de ella. Niego con ligeros movimientos de cabeza al verla más cerca. —1500 —dice una voz que proviene del fondo del lugar dando inicio a la subasta. —3000 —le sigue una nueva apuesta. —4000 —replica el mismo que habló en primer lugar. —10000 —digo y el lugar se silencia. Solo quiero acabar con el espectáculo antes de terminar liado a golpes con todos. La estancia me irrita y los sujetos me causas náuseas. —10500 —escucho y siento todos los ojos sobre mí. —30000 —suelto mirando directamente a quien pretende desafiarme. Un tipo pequeño, gordo, de tal vez 50 años y expresión de desquiciado, no dejaré a esa niña en manos de semejante espécimen. —50000 —vuelve a hablar. Tomo aire para controlarme y me dispongo a callarlo de una vez. De una forma o de otra. —155000 —vuelvo a hablar. —500000 —habla el vendedor subiendo la apuesta a un nivel exorbitante. A notado que puede sacar provecho de la situación. Maldito pedófilo. Pienso. —Están en presencia de una dama de compañía perfectamente preparada y educada —revela como si para alguno de ellos ese fuera un dato importante. —Acepto la apuesta —respondo. Pasan unos pocos minutos y esta vez nadie habla. Perfecto. Me urge salir del lugar o acabaré armando un escándalo y perdiendo la maldita subasta. —Subastada —dice por fin. Saco de bolsillo trasero del pantalón la billetera, le entrego un cheque donde escribo la cifra antes dicha y a cambio me entrega la mano temblorosa de la chica. Ahora salgamos de aquí. Me digo. Me la subo al hombro y la escucho quejarse muy bajo. Se ha asustado pero no pretendo esperar que su cuerpo en shock le permita moverse. Le sujeto la falda ancha para que no se levante y camino hasta alejarme del sitio, ella continúa en silencio. Me alegra no tener que luchar con una mujer desesperada por liberarse de lo que supone que le espera, y a la vez me preocupa porque realmente es toda una niña que nunca ha puesto un pie fuera de este sitio. Pero ese no es mi problema, ya hice más de lo que cualquiera hubiera hecho. ⊰᯽⊱┈──╌❊╌──┈⊰᯽⊱ La bajo en la puerta de la farmacia de Infante, le quito la venda de los ojos, acto seguido me marcho sin decir una palabra y sin esperar que ella lo haga. Con suerte en la mañana todo esto no pasará de una alucinación por el alcohol.
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