Capítulo 37
VALENTINA
Salí a la pasarela, con un poco de nervios, de temor y de dudas. Además, por si fuera poco, me sentía mareada después de haberme desmayado minutos antes del desfile y traté de concentrarme en lo que me había dicho mi guapísimo Charles, tenía que demostrar que esto era lo mío y desfilar con seguridad. A medida que caminaba por la pasarela, mis miedos se fueron disipando y logré hacer el desfile sin contratiempos, a pesar de los múltiples cambios de ropa que tuve que modelar.
Me alegré al ver en el público a toda la gente que me quería, mis amigos del pueblo, mi hermana, Arthur mi cuñado y por supuesto, detrás del escenario, se encontraba él, mi guapísimo Charles, quién debía estar más que orgulloso de mí. Estaba por dar el paseo final para el cierre del desfile y entonces vi a alguien que no esperé ver ahí y que tampoco lo había invitado, él se puso de pie para aplaudir y yo seguía sin creer que Axel estuviera ahí. Al terminar todo y salir atrás del escenario, luego del éxito del desfile, unos brazos me envolvieron y unos labios me llenaron de besos que yo, encantada los recibí.
—Vale, has estado espectacular—dijo Charles muy orgulloso—te amo, estás rosas son para ti.
—Mi amor, ¿de dónde las sacaste? —le agradecí—son preciosas, te amo y no hubiera podido desfilar si tú no me hubieras animado, eres el mejor prometido del mundo.
—Verás que, como esposo, seré mucho mejor—Charles empezó a besarme con mucha intensidad, lo que despertó en mí las ganas de algo más—te amo, Vale. Eres lo mejor de mis días, mi princesa.
—Yo también te amo y te necesito ahora mismo—lo tomé de la mano—no puedo esperar Charles, quiero estar contigo y sabes a lo que me refiero.
—Vale, mi princesa, aquí no podemos—se reía un poco nervioso—mejor espero a que te cambies y nos vamos a celebrar esto en privado y…
—Y nada, Charles. Tengo una idea.
Caminé con Charles y terminamos dentro de un vestidor, él estaba sorprendido y preocupado, al ver que yo hablaba en serio cuando le dije que lo necesitaba en ese momento y por mucho que quisiera esperar hasta la noche no podía. Quería estar con él a solas y a la voz de ya. Cerré por dentro el vestidor y me quité la capa de encima de mi vestido de rock star que me tocó modelar y entonces él se quedó traspasándome con su preciosa mirada.
—Hazme tuya, Charles—le pedí—y no me pidas que espere, que esta vez, lo que menos puedo y quiero, es esperar.
—Yo tampoco quiero esperar, Vale—admitió y se acercó a mí para besarme—quiero que celebremos antes que celebres con los demás.
Charles y yo, estábamos ya en el mismo canal y entonces la pasión no se hizo esperar. Él me pegó a la pared del vestidor y levantó mis manos en alto y después yo, lo abracé por el cuello, al tiempo que nos besábamos con mucha pasión, con urgencia, con anhelo y más que eso con la adrenalina al mil, porque podíamos ser descubiertos, algo que poco nos importaba en aquel momento. Charles, metió una de sus manos debajo de mi vestido y me acariciaba con mucha desesperación, mientras que yo, tiraba de su camisa para desabrocharla de a poco y lo primero que le saqué fue la corbata que salió volando por los aires y después al abrir su camisa, me di vuelo tocando su abdomen y él metió su mano más arriba debajo de mi vestido y no conforme con eso, metió sus dedos debajo de mi ropa interior volviéndome loca y deseando que me tomara ya, en ese preciso momento.
—Charles, no me tengas así—le supliqué—hazme el amor, mi príncipe.
—Por supuesto, mi hermosa princesa.
Charles me tenía super húmeda y la humedad en esa parte de mi cuerpo, iba cada vez más en aumento. Yo sentía que algo escurría entre mis piernas y no me importaba nada más que no fuera que él, me tomara y me hiciera lo que ambos tanto estábamos deseando y así fue. Él me cargó y me sacó mi ropa interior y después se desabrochó el cinturón, el pantalón y se bajó el bóxer para ponerse protección y entonces, me levantó pegándome en la pared y solo levantando mi vestido se deslizó dentro de mí, con una suavidad única que me hizo estremecerme y volverme loca al tiempo que él se movía deliciosamente dentro y fuera de mí.
Charles me estaba haciendo el amor de una manera magistral que yo quería sentirlo más dentro de mí y entonces lo aprisioné enredando mis piernas en su espalda y él seguía haciendo maravillas con sus exquisitos movimientos y en medio de esas embestidas tan sublimes, me regalaba apasionados besos que me hacían correrme más de una vez que hasta perdí la cuenta de cuantas veces me corrí en esa entrega tan maravillosa, hasta que él aceleró el ritmo y juntos viajamos al cielo, tocándolo, sintiéndolo y viviéndolo, eso había sido más que magia, más que poesía, más que arte. Eso era, hacer el amor sin duda alguna.
—Vale, no puedo creer esto—dijo Charles riéndose después de esa entrega maravillosa—si nos hubieran visto mis padres, no sé lo que hubieran dicho, además de decirnos que estamos locos.
—Sí, estamos locos amor—declaré riéndome también, al tiempo que nos empezamos a acomodar la ropa—pero, no puedes negarme que empiezan a gustarte mis locuras.
—Me encantan y serás sin duda alguna, la princesa más loca que ha tenido Mónaco—aseguró—pero, también la más hermosa.
Nos acomodamos la ropa como pudimos y después, esperamos ahí dentro hasta que dejamos de escuchar mucho ruido afuera. No queríamos ser vistos ahí pues, no era lo apropiado, pero nadie nos iba a quitar lo mucho que habíamos disfrutado de todo aquello. Era una locura que había valido la pena vivirla, totalmente. Salimos del vestidor y cuando pensamos que nadie nos había visto, nos encontramos de frente con Sofía y con Danna.
—Mi primo perfecto y mi prima perfecta—se burló Sofía—¿quién los viera? Seguramente lo que hicieron ahí dentro no les gustará a los reyes de Mónaco. Con razón no los veíamos por ningún lado.
—Sofía, no molestes—dijo Charles—Vale y yo, necesitábamos un momento a solas.
Mientras que Charles y Sofía se decían algunas cosas, Danna se acercó a mí para abrazarme y cuando lo hizo, no pude contener mis lágrimas. No era un sueño, era real, mi hermana estaba ahí conmigo y me estaba abrazando y ahora más que nunca, yo sentía que todo se podía arreglar entre ella y yo y eso era lo mejor que podría pasarme. Al separarnos del abrazo, las dos estábamos llorando, pero esta vez las lágrimas eran de felicidad.
—Vale, eso de allá ha sido perfecto—dijo Danna emocionada a más no poder—estuviste espléndida y no puedo creer que mi hermana es toda una estrella del modelaje, esto es mejor que cuando lo veíamos por televisión ¿te acuerdas?
—Claro que sí y muchas gracias, pero de no haber sido por Charles no salgo a modelar—le conté a Danna todo y ella estaba muy sorprendida—gracias por estar aquí, pensé que no ibas a venir. Es lo mejor que pudo pasarme que estés aquí conmigo.
—No podía dejar de hacerlo, quería y tenía que venir a verte—respondió—Vale, sé que hemos estado peleadas por tonterías y no quiero estarlo más. Después de todo, quiero tenerte en mi vida y quiero formar parte de la tuya.
—Yo también lo quiero, por favor perdóname—le pedí—por como he sido antes, a partir de aquí, no volveré a portarme como una estúpida, te lo prometo, Danna.