Capítulo 44
AXEL
Era un día más en el set de grabación, un día más en que toda mi vida parecía igual y por esa misma razón, me llevé a Bobby al set para que me acompañara. Me sentía solo y perdido, sentía que sólo lo tenía a él y mi carrera porque fuera de ahí no tenía nada más, solo los hermosos recuerdos de cuando Vale y yo estábamos juntos, lo que nunca pensé fue que ese día al terminar de grabar, Sofía se fue a despedir de mí y a decirme algo que me iluminó el mundo y la vida.
—Axel, ya me voy estoy muerta—dijo bostezando—vine a avisarte que tienes una visita y te pido que ya no se vayan a pelear. No les hace nada bien a ninguno de los dos.
—Por lo que dices, es Vale quién vino a verme y si está con Charles, es mejor que le digas que se vaya—dije muy seguro—lo siento, Sofía, pero tú primo no me cae nada bien.
—No lo sientas, él tampoco te soporta—respondió—pero, ella viene sola. Aunque, si aún así quieres que le diga que se vaya, lo haré. Eso es otro de tus defectos, Axel que nunca pero nunca escuchas.
—Lo siento, Sofía. Sabes que estos días ando muy presionado y hemos tenido trabajo aquí en el set, ve y descansa porque llevas 16 horas aquí, vete a dormir y gracias—le pedí—sobre Vale, dile que pase. Por favor.
—Claro, le digo. Que descanses tú también—ella me abrazó y nos despedimos de beso—mañana nos vemos a las 7 am.
—Sí, hasta mañana.
Sofía se fue y yo me quedé recogiendo mis cosas, pero todo lo que hacía lo dejé de lado, al ver a mi hermosa Vale acercándose a mí y de inmediato, Bobby corrió a su encuentro y ella se agachó a consentirlo y a abrazarlo. Ella lo amaba todavía y él a ella por igual. Estuvieron un rato juntos y después, ella se puso de pie y se acercó a mí. Nos quedamos suspendidos mirándonos a los ojos como si con eso el tiempo se detuviera para no correr nunca más. Ella me ofreció su mano y yo la tomé y después, sin verlo yo venir ella me saludó dándome un beso en la mejilla.
—¿Cómo estás, Axel? —me preguntó—debo decir que me siento rara viniendo aquí, dado lo que pasó la última vez.
—Bien, dentro de lo que cabe, Vale—respondí—a ti mejor ni te pregunto, estás preciosa. Entiendo si te molesta estar aquí y no te culpo. Es más, si quieres podemos irnos a otro lado donde te sientas más cómoda.
—Sí, Axel. De acuerdo, te espero en el café de la esquina mientras recoges tus cosas. Voy a llevarme a Bobby, nos vemos allá.
—Claro, ahorita los alcanzo.
Vale se fue con Bobby y yo, recogí todo lo más rápido que pude y en unos cuantos minutos más, me fui para allá y al llegar, los vi sentados en la terraza del café y Vale era increíble, había hecho que hasta le dieran agua en un cuenco a Bobby y él muy feliz la estaba tomando. Me senté con ellos y ordenamos los cafés, mientras los llevaban ambos estuvimos en silencio, yo no sabía ni qué decirle y estaba muy nervioso porque no entendía el motivo que ella tuvo para buscarme después de todo.
—Axel, sé que te estás preguntando porque vine a buscarte—empezó a decirme—y créeme que siendo sincera, no pensaba hacerlo. Pero, nunca digas nunca y aquí estoy.
—Sí, me sorprende demasiado. Creo que las cosas entre nosotros no han estado bien últimamente y me disculpo, pues de eso, la mayor parte de la culpa es mía. No te he sabido tratar, no te he sabido comprender y he hecho cosas de las que me avergüenzo. Aprovechando que estamos a solas, quiero pedirte que me perdones por mi comportamiento allá en Ciudad de México, fue totalmente inapropiado.
—No te preocupes, tampoco el mío ha sido muy apropiado que digamos—dijo bajando la guardia—dejemos todo atrás y empecemos de cero, ¿te parece? Seamos amigos Axel y platícame como tú amiga que soy, todo lo relacionado con tu adicción.
—¿Quién te dijo lo de mi adicción? —pregunté algo irritado—eso no es nada del dominio público.
—Lo es cuando tu adicción está perjudicando la vida de tu hermana y lo siento Axel, si me estoy metiendo en lo que no me importa, pero ahora mismo me preocupa la vida de Elisa y la de Max y lo que les está causando que dejes toda la carga en ella y que no consigas quién se haga cargo de su parte de las cabañas.
—Infórmate primero, Valentina—le grité muy alterado—ya te estoy conociendo, eres una falsa, una mentirosa y una hipócrita. No eres la mujer que yo amaba, no eres ella porque ella estaba conmigo porque me amaba y tú, no sabes ni ser amiga. Vienes y te apareces solo por el interés de venir a arreglar la vida de Elisa y de Max, cuando no tienes idea que es Elisa la que no quiere dejar el pueblo y en eso no tengo nada que ver, ni yo, ni mi adicción.
—Axel, te pido que te calmes, por favor—me pidió ella con sus ojos llenos de lágrimas—a mí si me interesa tu amistad y lo siento, si piensas que vine a atacarte. Max, me dijo que Elisa no sale del pueblo porque tú no te haces cargo de tu parte de lo de las cabañas.
Me había pasado con Vale, soy un pendejo y un reverendo estúpido. No debí de gritarle, ¿qué rayos me pasa? Ella solo está aquí queriendo ayudar a mi hermana y al tonto de Max, y yo qué hago, tratarla mal. No cabe duda que cada vez, me alejo más de la posibilidad de volver con ella. La veo llorar y entonces me derrumbo, sabiendo que soy yo y solo yo quién causó todas esas lágrimas.
—Vale, lo siento—la tomé de la mano—no sé últimamente quién soy y mira, en cuanto a Elisa, ya sabes ahora que es ella la que no quiere venir a vivir a la ciudad y por eso se excusa en lo de las cabañas y en cuanto a mí, tienes razón al decirme que tengo problemas de adicción, soy adicto a estar trabajando y mi principal motivo es que, lo hago para no pensar en ti.
—Siento ser yo la persona que te cause daño, Axel. Nunca quise hacerlo, porque, aunque no lo creas, tú me importas mucho y marcaste mi vida para siempre—dijo muy triste—por eso te quiero en mi vida como mi amigo y quiero ayudarte, a que dejes tu adicción y vuelvas a ser feliz ¿aceptas?
—Acepto, aunque no tengo idea ¿cómo vas a ayudarme? No creo que a Charles le parezca que pases tiempo conmigo, no creo que le guste la idea, menos ahora que él ya sabe que te sigo amando—declaré—así que dime, ¿cómo será esa ayuda?
—Toma, Axel—Vale me dio una tarjeta—es el teléfono de un terapeuta para que lo llames y agendes cita con él. A mí me ayudó bastante hace tiempo, es un excelente ser humano y un gran psicoanalista.
—Vaya, nunca pensé que tú hubieras tomado terapia, pero gracias Vale—le sonreí—mañana mismo sacaré cita y de verdad, significa mucho para mí que quieras ayudarme.
—Siempre lo voy a hacer, porque me importas, Axel y porque quiero verte feliz y quiero que vuelvas a ser el de siempre. Porque a este nuevo tú, yo no lo conozco.
—Lucharé por ser el de siempre, te lo prometo Vale.