Era realmente increíble, Serenity había logrado llegar a la habitación de Kassidy a pesar de estar agonizando, sin fuerzas en sus piernas, con una jaqueca infernal, y casi sin poder respirar, pero con el sentimiento materno que era suficiente empuje para acudir a la ayuda de su pequeña, Peter Strambur estaba atónito, había quedado con la boca abierta debido al enorme esfuerzo de su concubina para llegar hasta ese lugar, además que lo encontraron con las manos en la masa queriendo golpear a una menor de edad, todo era maravilloso, pero ese esfuerzo extra ponía en riesgo la vida de la débil Serenity quien se encontraba bastante delicada de salud.
— ni se te ocurra, ni se te ocurra ponerle un dedo encima a mi hija porque juro por Dios que te mato — amenazó Serenity con voz agonizante cayendo al suelo de rodillas mientras ardía en fiebre.
— Por Dios mujer, está delirando debido a la alta fiebre que te afecta, seguramente estás viendo visiones — dijo Peter Strambur agachándose para ayudarla a ponerse de pie, pero no sin antes guardar la esfera del arcángel Gabriel en su bolsillo — ¿ya ves lo que logras con tu actitud rebelde y berrinches infantiles?, espero ya estés feliz.
— No es cierto, yo no he hecho nada nada malo; mamá, yo te ayudo — replicó Kassidy tratando de también ir a la ayuda de su madre.
— ¡Ya basta Kassidy! , ¿no te cansas de causar problemas en esta casa? — gritó Peter injustamente mientras extendía su brazo para evitar que Kassidy ayudara a su madre — seré yo, quien la lleve a su cuarto, tú por amor a Dios, haz un favor a todo mundo y vete a dormir.
Peter levantó en sus brazos a la débil Serenity quien se había desmayado debido al mal estado de su salud, su frente sudaba incesantemente gracias a la fiebre extrema que azotaba su cuerpo, necesitaba descansar, no tener ningún tipo de preocupaciones, no levantarse de la cama para nada, fue en ese momento que Kassidy entendió que era mejor volver a su habitación, la pelea entre ella y su déspota padrastro podría esperar para otro día, por ahora solo importaba la tranquilidad de su madre.
La noche paso lenta, parecía ser eterna, a Kassidy le costó mucho quedarse dormida debido a la enorme preocupación que le producía el estado de salud de su madre, hasta que finalmente luego de dar mil vueltas pensado acostada en su cama, lograría conciliar el sueño cerrando sus ojos suavemente cayendo con sutileza en los brazos de morfeo; al abrirlos nuevamente se impresionaría al ver la palida y obesa cara de Carl mirándola fijamente estando sobre ella.
— Por favor dime que ésta vez si te asusté — preguntó Carl con una sonrisa estado sobre Kassidy.
— No estoy asustada Carl, pero si me preocupa un poco mi integridad psicológica — respondió Kassidy debajo de Carl — ¡quítate de encima gordo pervertido!
— ¡Oh, vamos Kassidy! , ¿cuando será el día que te voy a asustar? — preguntó Carl en tono de súplica.
— Carl, ya te dije, no puedes asustar a alguien que ya estuvo en el infierno, es así de simple, solamente temo cuando estoy a punto de perder cosas valiosas, como a mi madre, o la esfera de....— alcanzó a decir Kassidy antes de recordar que el déspota de su padrastro se había quedado con la esfera del arcángel Gabriel — demonios, la esfera.
— ¿Dónde está la esfera? — preguntó Carl preocupado.
— La tiene mi padrastro, anoche tuvimos una discusión, entonces lo quemé con ella, pero luego la olvidé por completo, y la metió en su bolsillo — explicó Kassidy.
— ¡Momento que soy lento! , ¿cómo es que lo quemaste con la esfera, pero luego el la pudo tomar sin quemarse? — preguntó Carl sobrecargando sus sistemas al poner a trabajar la única neurona funcional en su cerebro.
— Lo poco que he leído de esa extraña esfera explica que ella funciona de acuerdo a las manos en las que caiga, si yo soy quien la manipula, obviamente seguirá mis ordenes, como por ejemplo quemar a mi padrastro, pero al él tomarla ya entra a obedecer su voluntad, y si por ejemplo cayera en las manos de un alma errante, como tú, se transformaría en esencia, es decir, una esfera fantasma; de allí la importancia de que no llegue a caer en las manos equivocadas, porque no tenemos idea del verdadero poder de esa cosa — dijo Kassidy explicando la situación.
— Entonces debemos quitársela a tu padrastro Kassidy — sugirió Carl.
— Bueno, por ahora voy muy tarde a clase, pero por la tarde cuando vuelva lo intentaremos juntos, ¿te parece? — preguntó.
— ¿Intentaremos qué? — preguntó Carl confundido.
— Olvidalo Carl, ahora atraviesa la pared porque necesito ducharme — dijo Kassidy sin sorprenderse.
El día comenzaba a todo ritmo para Kassidy quien recorría las calles de la ciudad saludando a todas las almas errantes que se encontraba en el camino, la mayoría la conocían y eran muy atentos con ella, no necesitaba buscar su descanso eterno, ya qué habían encontrado la manera de ser felices en este plano terrestre aún siendo fantasmas, otros por su parte suplicaban ayuda de ésta maravillosa adolescente para resolver lo que en cuestión los mantenía atados a este mundo condenados a vagar por tiempo indefinido; era simplemente sorprendente como Kassidy le costaba tanto trabajo hacer amistad con las personas vivas, sus compañeros de escuela resultaban muy despreciables, en especial Jake y Jerome, dos hermanos que eran considerados como los abusivos de la escuela preparatoria, ya que disfrutaban molestando a los demás estudiantes, y como podrán imaginar, Kassidy no era la excepción. Su condición de solitaria combinada con esos rumores que aseguraban que podía hablar con amigos imaginarios la convertían en la víctima perfecta para sus pesadas bromas, pero ella trataba siempre de llevarlos con calma, ignorándolos hasta donde se le era posible.
La clase pasaba de manera tediosa, las manecillas del reloj parecían viajar en cámara lenta mientras el profesor hablaba de geografía nombrando países que nadie sabía que existían, fue entonces cuando Kassidy comenzó a recordar la belleza de ese chico que entró a su habitación la noche anterior, qué bonito sería tener una cena con velas, poemas y rosas de intensos colores que adornaran la velada, allí estaba recostada sobre el pupitre, creyéndose la persona más extraña del mundo por fantasear con un fantasma, pero, ¿quién rayos podía entrar en su mente?, ¿quién podría saber que añoraba volver a verlo?, en su imaginación todo era perfecto, todo salía como ella lo deseaba, muy distinto a la realidad.
En medio de sus fantasías, una bola de papel iría a golpear la espalda del profesor justo cuando este daba media vuelta para escribir en la pizarra.
— Tienen diez segundos para decir quién lanzó esa bola de papel — dijo el profesor muy molesto al darse la vuelta.
Pero nadie decía nada, todos los alumnos se mantenían en silencio con mirada expectante esperando la reacción del profesor.
— Entonces, supongo que es una bola de papel fantasma, y ella misma se lanzó por sí sola hasta mí. ¿Verdad? — preguntó retóricamente.
— ¡Quizás la lanzó uno de los amigos imaginarios de Kassidy, profesor! — dijo Jerome levantando la mano y provocando la risa de todos en el salón de clase.
— No es gracioso señor Carson, está castigado — dijo el profesor tratando de parar las burlas en contra de la pobre Kassidy quién se mantenía cabizbaja en su asiento.
Luego de la escuela Kassidy regresaba aún cabizbaja y de mal humor por el día tan pesado que había tenido, Carl la acompañaba como era costumbre aunque ni él mismo se atrevía a hablarle cuando se ponía de tan mal humor, así qué solamente caminaban en silencio de vuelta a casa de su padrastro. Repentinamente justo frente a ellos muchas personas comenzaban a correr despavoridos gritando la palabra "fantasma", al parecer venían del viejo museo. Mirándose a los ojos decidieron ir a echar un vistazo. Muchas personas aglomeradas en la entrada del museo parecían estar muy nerviosas, un policía intentaba controlar la situación llamando a la calma, pero nadie parecía hacerle caso.
— ¿Qué está sucediendo oficial? — preguntó Kassidy.
— No es muy claro, pero parece que hay objetos volando y arrojándose por sí solos al piso, las personas comienzan a asociarlo con un supuesto fantasma — respondió antes de hacer sonar su silbato.
No existía nadie mejor capacitada que Kassidy para entrar a ese museo, si realmente había un fantasma allí dentro, solamente ella podría hablar con él para resolver cualquier inconveniente que pudiera estarle afectando, pero necesitaba ingresar por la parte de atrás para no ser vista. A escondidas, caminó hasta la parte trasera del museo al cual ingresó saltando el muro con un poco de esfuerzo, al mirar atrás notaría que Carl también intentaba saltar el muro con mucho esfuerzo, ella solamente lo veía con vergüenza ajena en el rostro, mientras Carl hacía su mejor esfuerzo dejando todo por saltar ese muro, Kassidy miraba el reloj imaginario en su mano con sarcasmo.
— Carl, incluso puedes flotar, no estás ni siquiera tocando el mundo — dijo Kassidy con los brazos cruzados.
— Si, es cierto — respondió Carl flotando hasta el suelo sutilmente.
Rápidamente mirarían a través de una ventana para quedar en estado de shock, increíblemente, era el fantasma de una pequeña niña quien estaba haciendo todo ese DESASTRE.