La luna vuelve a colgarse sobre el cielo como un ojo recién abierto. No es blanca. No es plateada. Tiene un brillo suave de pluma mojada, como si aún llorara los restos del ritual que se llevó a Asha. El valle está mudo. No un silencio común, sino ese que pesa como un cadáver recién cubierto de tierra. POV: Kai Elara camina delante de mí sin sentir el cansancio, o sin demostrarlo. La luz que le rodea no es luz. Es presencia. Vivo, ancestral, casi doloroso. Cada paso que da deja un temblor leve en la tierra, como si los Andes mismos reconocieran a su heredera final. —Kai —susurra sin girarse—. Aún queda oscuridad. Y viene hacia nosotros. Yo lo siento también. La sombra. La presión. El eco de la Luna Negra retorciéndose, intentando rehacerse, buscando un hueco por donde volver a nacer. E

