PARTE 1 La noche cayó sobre nosotros como si alguien hubiese apagado el mundo. No hubo crepúsculo, no hubo transición, no hubo aviso. Solo un golpe de oscuridad pura que se tragó el último hilo de luz al salir del templo hundido. Kai caminaba delante, pero yo podía sentir la tensión en sus hombros. Ese peso silencioso que solo aparece cuando el miedo empieza a rozar el alma. Y aunque él no lo dijera, lo respiraba. No era miedo a la oscuridad. Era miedo a mí. A lo que había visto. A lo que podía convertirme. La marca en mi brazo ardía todavía, como un carbón vivo. —No tienes que fingir fuerza conmigo —susurré, sin reconocer mi propia voz. Sonaba rota. Sonaba vieja. Sonaba… como Asha. Kai se detuvo. No se giró de inmediato. Durante segundos que se sintieron eternos, solo escuchamos el

