--- PARTE 2 El bosque entero pareció contener la respiración cuando Kai me tomó de la muñeca y me echó a correr. El frío nos golpeaba como látigos de vidrio, y la luna —esa misma luna que parecía mirarme con hambre— brillaba tan fuerte que las sombras se movían como si tuvieran vida propia. —No mires atrás —murmuró Kai, con la voz ronca por la adrenalina. Pero yo miré. Y ojalá no lo hubiera hecho. Las figuras de los Devotos avanzaban entre los árboles como manos de una pesadilla: altos, cubiertos por túnicas, con lámparas negras que no emitían luz sino oscuridad. Cada paso que daban hacía que el suelo temblara levemente, como si el bosque los reconociera… o les temiera. —Kai… están demasiado cerca. —Confía —dijo él, tirando de mí con más fuerza—. Te juro que salimos de esta. Per

