ELENA
Me desperté con el molesto sonido de mi despertador. Ha sido un fin de semana muy ajetreado, ¿por qué no puedo dormir más?
Me senté en la cama con el sonido del despertador sonando de fondo; ¡realmente había sido un fin de semana frenético! Descubrí que estaba embarazada, se lo conté a mis padres y se sintieron decepcionados conmigo, se lo conté al padre y no me creyó, y casi me caigo por las escaleras. Hubiera preferido tener el fin de semana más aburrido de mi vida en lugar de lo que realmente pasó.
Un fuerte golpe en la puerta me hizo sobresaltar. Sabía que era mi hermano porque solo hace eso cuando lo despierto, supongo que planeaba faltar a clase otra vez.
Me quité las sábanas y apagué la alarma para encontrar una nota con mi nombre. ¿Cuándo la había dejado allí?
La abrí y la leí, era de mi hermano.
Elena,
He hablado con Adrián, sé que no querías que fuera allí, pero tenía que hacerlo. Hice bien, porque necesitaba desahogarse. En fin, te escribo esta nota para decirte que Adrián vendrá mañana después del instituto para hablar contigo como es debido. Sé amable, está muy arrepentido de lo que hizo y tiene miedo, pero no le digas que te lo he contado. Nos vemos mañana, no sé qué voy a hacer.
Nicolás.
Uf, ¿por qué fue allí si le dije que no lo hiciera? ¡Por qué nunca me hace caso! Un momento, ¿dijo que Adrián vendría esta noche? ¡Mi3rda! No quiero verlo, ni ahora ni nunca. Me hizo mucho daño y quiero superarlo, pero no podré si sigo viéndolo.
—Sé amable—... ¡Sé amable! ¿Lo ha escrito mi hermano? ¿Por qué debería ser amable con él? ¡Todo es culpa suya! Espera, Elena, para, tú también tienes la culpa. Si no lo hubieras detenido, no estaríamos en este lío. Es culpa de los dos.
Oí que había alguien en la ducha, así que decidí elegir qué me iba a poner hoy. Rebuscando en mi armario, encontré unos vaqueros ajustados azul claro que me quedan muy bien y un bonito top rosa pálido a juego. También elegí un cárdigan n***o y unos zapatos de tacón rojos que me encantan.
Mientras esperaba, miré mis joyas hasta que oí a mi hermano decir que el baño estaba libre. Eran casi las siete, así que tenía que darme prisa, ya que las clases empezaban a las ocho. Recogí mi ropa y me dirigí al baño. Abrí el grifo de la ducha y el agua se calentó rápidamente, así que me desnudé y me metí en la ducha.
Como siempre, fue agradable y refrescante. Me lavé el pelo y me quedé en la ducha unos veinte minutos. Una vez fuera, me sequé el pelo con una toalla para que no mojara la ropa y me vestí. Salí del baño después de cepillarme los dientes y fui a mi habitación para secarme el pelo con el secador y hacerme unos rizos.
Miré el reloj y vi que eran las 7:40, así que bajé corriendo las escaleras y fui a la cocina. Cogí una tostada que me habían dejado preparada y salí de casa para recorrer los 10 minutos que me separaban del colegio.
En el colegio
Llegué justo a tiempo a la clase. Iba con retraso porque mucha gente se interponía en mi camino cuando necesitaba coger mi libro de biología para la segunda clase de mi taquilla.
La clase fue bastante aburrida, nadie me habla en ella y los anuncios no tenían nada que ver conmigo, así que me senté y me puse a leer mi libro: Amor a primera vista. Me encanta ese libro y lo he leído unas cinco veces.
La clase solo duró veinte minutos, así que pasó bastante rápido y, antes de darme cuenta, estaba corriendo, sí, corriendo, hacia mi siguiente clase, que era al otro lado del colegio.
Aunque corrí, llegué tarde a Álgebra y me castigaron. Genial, justo lo que necesitaba para empezar el día.
—Eh, señor, hoy no puedo quedarme castigada—, le dije al profesor Silvio delante de toda la clase.
—¿Y por qué no?—. Uf, odio al señor Silvio; aseguraría que me tiene manía desde que empecé en primero.
—¿Puedo decírselo más tarde?—. Me interrumpió:
—No, dínos por qué no puedes hacerlo esta noche.
Dios mío, quiere que se lo diga delante de toda la clase.
—Tengo problemas familiares que debo resolver esta noche—. ¿Qué? No voy a decirle a él y a toda la clase que estoy embarazada y que hoy voy a hablar con el padre del bebé, ¿verdad?
—Oh, ¿qué tipo de problemas, señorita Elena?—. Qué descarado, realmente cree que se lo voy a contar. ¡Ni hablar!
—Lo siento, señor, pero no creo que sea asunto suyo—, le espeté, lo que provocó el aplauso de la clase. El señor Silvio se quedó sorprendido y me dijo que me sentara, y luego continuó con la clase. Me sentí muy orgullosa de mí misma.
La clase continuó sin que ocurriera nada más emocionante, salvo que algunas personas me comentaron lo graciosos que habíamos sido el señor Silvio y yo, y cosas por el estilo. Valeria e Isabela apenas asisten a mis clases, así que no hablo con mucha gente, y esa fue la mayor conversación que he tenido en mucho tiempo. Lo sé, es triste, ¿verdad?
Cuando terminó la clase de álgebra, recogí mis cosas y salí del aula, dirigiéndome a mi siguiente clase. Voy a llegar a tiempo, pensé para mis adentros, cuando, de repente, alguien chocó contra mí y caí al suelo, dejando caer todas mis cosas.
—¡Mi3rda! ¿Estás bien?—, dijo una voz familiar. Esperando que no fuera la persona que pensaba, levanté la vista y me encontré con un Adrián muy preocupado. ¡Por qué él, de entre todos tenía que ser él! No quiero verlo todavía, más tarde podré soportarlo, pero ahora no.