Quiero ser buen padre

1482 Palabras
ADRIÁN No, no puede ser. Tiene que estar mintiendo, ¿verdad? ¿Verdad? No puedo ser padre a los dieciocho años; tengo toda la vida por delante. Iba a ir a la universidad y jugar al fútbol allí, y cuando terminara la universidad iba a ser chef profesional. Sí, sé que juego al fútbol y que soy muy bueno, pero solo es un hobby, mi sueño es ser chef. Si tengo un hijo, eso lo arruinará todo. Por supuesto que quiero tener una familia cuando sea mayor, ¡pero no tan pronto! Todo eso pasaba por mi mente cuando Elena me dijo que estaba embarazada. Sé que probablemente te preguntes por qué me acosté con Elena en primer lugar. Bueno, la verdadera razón no es muy buena. Fue un reto. Sí, bastante cruel, pero tenía que hacerlo; mis amigos me habrían hecho la vida imposible si no lo hubiera hecho. Fueron Ryan y Alberto Ferrero quienes me retaron, los dos mayores idiotas que conozco y a los que llamo mis mejores amigos. Hay algo que nunca le diré a nadie, y quiero decir nunca: ¡acostarme con Elena fue lo mejor que me ha pasado nunca! Fui muy cruel con Elena cuando me dijo que estaba embarazada, le grité e incluso la empujé al suelo. Me sentí muy mal después de que se marchara; estaba en shock y no quería decir lo que dije. ¿Sabes lo que todavía tengo grabado en la cabeza? La parte en la que se levantó del suelo y corrió hacia la puerta, se dio la vuelta y me dijo: —Ni siquiera me has preguntado si estoy bien—. La expresión de su rostro fue lo que me rompió el corazón. Una vez que Elena se fue, le grité a mi madre que se fuera cuando vino a ver qué había pasado, ¡a veces es tan entrometida! Subí furioso a mi habitación y le di un puñetazo a la pared, ahora hay un pequeño agujero. Decidí que necesitaba hablar con alguien sobre esto, así que me metí en el chat. Normalmente llamaría a Nicolás, pero es el hermano de Elena, así que no creo que me entienda, ya que estará del lado de su hermana. Por suerte, encontré a Alberto en el chat, así que empecé a conversar con él. Yo: Hola, Alberto, pon a Ryan Alberto: Claro Ryan se conectó Ryan: Hola, Adrián, ¿qué tal? Yo: Se acuerdan, cuando ustedes dos me retaron a f0llar con Elena Alberto: Sí, fue muy divertido. No puedo creer que lo hicieras de verdad. ¡La hermana de Nicolás! Yo: Sí, bueno, ¡ojalá nunca lo hubiera hecho! Ryan: ¿Por qué, amigo? Aunque tenga 17 años y sea la hermana de Nicolás, ¡está muy buena! Alberto: ¿Por qué, Adrián? Te encanta f0llar con chicas. Yo: ¡Está embarazada, chicos! Alberto: ¡QUEEE! Ryan: ¡¡¡Mierda!!! ¡¡¡Es la hermana pequeña de Nicolás!!! Yo: Sí, chicos, lo sé, y cometí un error aún mayor cuando vino hoy a decírmelo, le grité que era una zorra inmadura y que estaba enferma y retorcida por inventarse mentiras. Sé que está diciendo la verdad. Y lo peor es que la empujé. Ryan: ¡Hermano, Nicolás te va a dar una paliza! Alberto: Adrián, no puedo creer que la empujaras, ¡la hermana de Ryan tuvo un aborto espontáneo cuando solo estaba de unas pocas semanas porque alguien la hizo tropezar! Yo: ¡Lo sé, chicos, la he cagado! Tengo que irme, hay alguien en la puerta. Gracias, chicos, por calmarme. Nos vemos. Alberto: ¡Sí, hermano, la has cagado! Hasta luego. Ryan: ¡Adiós! Bajé las escaleras; tenía la sensación de que algo iba a pasar. El timbre volvió a sonar. —Vale, vale, ya voy—, me dije a mí mismo, porque era imposible que alguien me oyera desde fuera. Abrí la puerta y me encontré con Nicolás muy enfadado. Antes de que pudiera decir nada, me desmayé. ¡Nicolás me dio un puñetazo! Empecé a recuperar el conocimiento. A mi alrededor solo se oía el silencio, salvo la respiración de alguien. Decidí quedarme tumbado unos minutos más para recuperar completamente la conciencia. Me di cuenta de que estaba tirado en el suelo de mi salón. Supongo que la persona que estaba aquí conmigo me había traído. Me incorporé y vi que Nicolás era la persona que estaba conmigo. —Por fin te has despertado—. Había algo extraño en la voz de Nicolás; nunca lo había visto tan enfadado. —Lo siento mucho, Nicolás; no sé por qué me comporté así con ella. Bueno, en realidad sí lo sé, estaba en shock y no quería creerle. No quería empujarla, te lo prometo, ya sabes cómo soy cuando me enfado. Es que no se marchaba cuando le dije que se fuera. Necesitaba tiempo para pensar y ella seguía diciendo cosas que yo sabía que eran culpa mía, como lo de la aventura de una noche. ¡Vamos, Nicolás, lo siento de verdad! ¿Sabes cómo va a arruinar mi vida esto? Mi3rda, no debería haber dicho “arruinar”. —¿Arruinar? ¡¿Va a arruinar tu vida?! ¡Cómo puedes ser tan egoísta! ¡Tienes una m4ldita aventura de una noche con ella, la dejas embarazada y crees que tu vida está arruinada!—. Ahora mismo está muy enfadado conmigo. Entiendo por qué está enfadado, de verdad, fue una estupidez decir eso. —Lo siento, Nico...—. Me interrumpió: —No lo sientes en absoluto, porque si así fuera, la habrías seguido a casa y no la habrías hecho desmayar por todo el estrés que le has causado. ¡Le has hecho mucho daño, Adrián! Ella te quiere. —Lo sé, lo sé. Espera, ¿qué has dicho?—. ¿De verdad acaba de decir que ella me quiere? —Te quiere, Adrián. Supongo que es amor porque está enamorada de ti desde la primera vez que te vio. ¿Sabías que no quería que viniera aquí a darte una paliza porque no quiere que te hagan daño? Sí, ¡creo que es amor!—, me dijo. Creo que voy a volver a entrar en shock. Era demasiado para asimilar: voy a ser padre en menos de nueve meses, toda mi vida va a cambiar muy pronto y Elena me ha querido desde que nos conocimos (¡¡¡hace cinco años!!!). No pude contenerme más. —Oye, Adrián, ¿por qué lloras? Todo va a salir bien—. Sí, estoy llorando. Soy un chico de dieciocho años que está llorando, soy un cobarde. Nicolás se sentó a mi lado en el sofá y me puso una mano en la espalda, yo solo tenía la cabeza entre las manos y lloraba como nunca antes había llorado. Pasó el tiempo y ahora estaba sollozando. —Tengo mucho miedo, Nicolás. ¡Es demasiado pronto, tengo 18 años!—, le confesé. Todo era cierto. Nicolás me respondió con voz tranquila: —Lo sé, Adrián, lo sé. Piensa en cómo se siente Elena, que tiene 17 años y va a tener un bebé—. Hizo una pausa de un segundo. Su voz era más severa cuando me habló esta vez: —Adrián, tienes que dar un paso adelante y ser padre, hay montones de hombres que están en la misma situación, pero ellos lo afrontan. Tú también tienes que afrontarlo—. Asentí con la cabeza, tenía toda la razón. —¿Puedo pasarme ahora por tu casa?—, le pregunté. Necesitaba hablar con Elena sobre todo el tema del bebé. —No, ahora no, amigo. La última vez que vi a Elena estaba dormida. Ha sido un día muy largo para los dos. ¿Qué tal si vienes mañana después del instituto?—, me propuso. —Sí, amigo, gracias, eso estará bien. Vamos, te acompaño a la puerta. Caminamos hasta la puerta y nos despedimos. Nicolás se dirigía a casa para hacer algo y yo subía las escaleras para hacer algo muy importante. ¡Dormir! * NICOLÁS Llegué a casa y me colé silenciosamente en la habitación de Elena, que todavía dormía. Tenía que decirle que Adrián vendría al día siguiente, así que le escribí una nota. Escribí: Elena, Hablé con Adrián, sé que no querías que fuera, pero tenía que hacerlo. Hice bien, porque necesitaba desahogarse. En fin, te escribo esta nota para decirte que Adrián vendrá mañana después del instituto para hablar contigo. Sé amable, él está muy arrepentido por lo que hizo y tiene miedo, pero no le digas que te lo he contado. Nos vemos mañana en algún momento, no sé qué voy a hacer. Nicolás. Dejé el papel junto a su despertador para que lo viera y salí de la habitación. ¡Hora de dormir!
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