Zorra mentirosa

1354 Palabras
ELENA —Creo que será mejor que entres—, dijo mientras se hacía a un lado para dejarme pasar. Oh, Dios mío, va a ser incómodo explicarlo. ¡Es la madre de Adrián, por el amor de Dios! Qué tonta que fui al no fijarme bien quien abría la puerta. Ahora todo será más difícil. Quizás no debí venir. Entré y me senté en la enorme sala de estar. ¿He dicho ya que Adrián era guapo y rico? Pues si, ahora me confirmaba todo, incluso más de lo que llegue a esperar. El silencio llenó la habitación durante unos minutos. —Creo que será mejor que me lo expliques, y quiero que me digas todo con lujo u detalles—, me dijo.— Bueno, aunque algunos los puedes omitir— puso una risa en una sola línea un poco incómoda, claro que tampoco le haría saber mis intimidades. —Bueno... lo siento, pero ¿está Adrián aquí? Necesito hablar con él, no me malinterprete, señora, pero el asunto es con su hijo…—. Intentando cambiar de tema, porque no quería contarle nada. —Sí, está aquí, pero primero tienes que explicarme por qué estás aquí—. ¡Dios, no puede dejarme en paz! ¡Por que las suegras siempre son tan fastidiosas! Bueno, quiero considerarla mía. —¡Estoy embarazada y es de Adrián! ¡Ya estás contenta!—, le espeté. Una tabla del suelo crujió en el pasillo. Me giré rápidamente y vi a Adrián allí de pie. ¡Tenía una expresión de total confusión en el rostro! Parecía como si había visto un fantasma, y quizás si, el fantasma de la responsabilidad. —A... Adrián—, balbuceé. Seguía siendo tan guapo como lo recordaba y eso me impedía pensar con claridad. Finalmente, la madre de Adrián decidió que necesitábamos privacidad y salió de la habitación. Ahora solo estábamos él y yo. Fui la primera en romper el silencio. —¿Cómo has estado? ¿todo bien? Lamento por cómo salieron las cosas.— intenté entablar algo, pero estaba en silencio. Nada. —Hola, Adrián, ¿estás ahí?—, dije mientras agitaba una mano delante de su cara. Eso pareció sacarlo del trance en el que se encontraba. —Ah, sí, estoy bien. E... Elena, ¿qué le acabas de decir a mi madre?—. Mejor se lo digo directamente porque al parecer aún pareciera que no cree ninguna palabra que ha salido de mi boca. —Vale, Adrián, voy a contarte algo importante, así que no te asustes—. Hice una pausa para ver si lo había entendido y continué: —Estoy embarazada y el bebé es tuyo. No hay más cosas para darle vuelta al asunto. ¿contento? —¡Mierda!— espetó.— Esto no puede ser cierto. * Creo que no se lo ha tomado muy bien; se limita a mirarme fijamente con los ojos muy abiertos. ¡No tienes ni idea de lo mucho que deseo volver a besar ese precioso rostro suyo! Pero ahora parece que estoy delante de un completo desconocido. —Sé que es un shock, pero, por favor, ¡habla conmigo!—. Ahora estoy prácticamente suplicando, han pasado cinco minutos y él sigue sin decir nada. Se oyó un golpe, creo que procedente de la cocina. Probablemente la madre de Adrián dejó caer una sartén o algo así. El golpe sacó a Adrián de su trance. Su rostro se tornó entonces en ira, pero con un atisbo de confusión en sus ojos. —¡Fuera de aquí, zorra inmadura! ¿Crees que es divertido inventarte bromas enfermizas y retorcidas? ¡Fuera! No puedo creer que tan bajo pudiste caer inventando ese estupido embarazo—, me gritó. ¡No puedo creer que piense que mentiría sobre algo así!— Ni siquiera me gustó lo que hicimos. Fue más por necesidad por saciarme que por otra cosa, ahora no quiero repetirme. ¡Largo de mi casa! —¡No miento! De todos modos, no estaríamos en este lío si no hubieras tenido una aventura de una noche conmigo!—, le respondí, intentando no perder la calma como él.— ¿Cómo crees que voy a mentir con algo tan serio como esto? Ni siquiera quería venir, pero pensé que al contarte las cosas, todo sería diferente y tendría tu apoyo. —¡Fuera!—, gritó una vez más, pero esta vez me empujó al suelo. Afortunadamente, mis manos y rodillas tocaron el suelo primero, amortiguando la caída, y no mi barriga. ¡No puedo creer que hiciera eso! ¡Podría haber abortado si hubiera caído mal! Era un monstruo. No puedo creer que le había entregado mi valioso cuerpo a un patan como el. No me lo merezco. Con lágrimas en los ojos, grité: —¡No puedo creer que hayas hecho eso! ¡Y si hubiera caído mal y hubiera perdido al bebé! ¡Eres un idiota desconsiderado!—. Me levanté y corrí hacia la puerta, me di la vuelta y le dije con una lágrima rodando por mi mejilla: —Ni siquiera me has preguntado si estoy bien—. Y salí de la casa. Que se pudra, no voy a morir de hambre. Si me toca hacer esto sola, no tengo más alternativas. Mientras corría por el medio de la calle, la gente me miraba, tocaba el claxon de sus coches, un hombre incluso intentó correr conmigo y preguntarme si estaba bien, pero, como puedes imaginar, definitivamente no estaba bien. Las lágrimas caían rápidamente por mi rostro. Probablemente tenía un aspecto horrible, pero lo único que me importaba era llegar a casa y esconderme en el lugar más seguro que conozco: mi cama. Soy buena corriendo, así que llegué a casa bastante rápido. Esperaba encontrar a mi hermano, pero, por desgracia, la casa estaba vacía. Necesitaba a alguien con quien hablar. Sé que puedo hablar con Isabela y Valeria de cualquier cosa, pero no quiero que se involucren en mi desastrosa vida. La única persona que se preocupa por mí y me quiere es mi hermano, pero no está aquí. Tenía tantas cosas en la cabeza que me dolía. Empezaba a ver manchas negras y me fallaban las piernas. Lo siguiente que recuerdo es que me desmayé. Al despertar lentamente, oí a gente murmurando cosas como “¿Se pondrá bien?” o “¿Cuándo se despertará?”. Me dolía mucho la cabeza, pero conseguí abrir los ojos. Gemí cuando todas las luces se encendieron. —¡Está despierta!—, dijo mi hermano, que me cogía de la mano. —¿Qué ha pasado?—, gemí. Mi familia me rodeaba, incluso mi padre estaba allí. Empecé a darme cuenta de que estaba tumbada en la cama de mi habitación. Supongo que mi hermano me llevó en brazos, mi padre es muy débil. Nicolás fue el primero en responder: —Te desmayaste. Papá llegó a casa y te encontró tirada en el suelo del pasillo, nos llamó enseguida y vinimos tan rápido como pudimos. La doctora te ha examinado y ha dicho que todo está bien, no hay nada de qué preocuparse. Bueno, te dejaremos descansar—, dijo y se levantó para marcharse. —Gracias a todos. No sabía que les importaba tanto—. La verdad es que no lo sabía. —Oh, cariño, claro que nos preocupamos. Ahora duérmete—, dijo mi madre y salió de la habitación con mi padre. —Nicolás, ¿puedo hablar contigo?—, le pregunté. —Tienes que dormir—, respondió mi hermano. ¿Por qué tenía que ponerse tan difícil? Puse cara de cachorro abandonado; nadie puede resistirse a mi mirada de cachorro abandonado. —Por favor. —Está bien. ¿Qué pasa, Elena?—, preguntó. Creo que estaba empezando a preocuparse un poco. Necesitaba contarle a alguien lo que había pasado hoy y Nicolás era la mejor persona a la que se me ocurría. —Hoy fui a ver a Adrián. Y creo que las cosas no han salido nada bien…
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