Capítulo VIII

3363 Palabras
Edmund se encontraba limpiando las herramientas del establo cuando escuchó voces, le resultó extraño dado a la hora, se suponía que todos estaban en un sueño profundo, entonces dudó de lo peor y salió con una pala en sus manos, preparado para cualquier situación, tal vez no era soldado pero sí sabe defenderse. –¡Ahh!– exclamó la princesa cuando vio una sombra acercándose a ella con gran rapidez. Edmund soltó la pala con molestia, sentía las palpitaciones llegar hasta su garganta. La caída de la pala hizo que salpicara algo de tierra en la vestimenta de la princesa, las delicadas telas hechas para su comodidad durante el sueño; esto claramente irritó a la princesa. –¿De nuevo, joven Dubois?– pronunció con un tono de molestia incrementando. –¿Qué hace despierta a esta hora? Pensé que era algún intruso. –¿Parezco un intruso? –Con esa suciedad en sus ropas, me temo que sí– se mofó cínicamente. La princesa no pudo controlar el sonrojo por todo su rostro, era una mezcla de predecible molestia y vergüenza. Alexandra debía ponerle un fin a sus burlas irreverentes, “soy la princesa, no puede osar a hablarme de tal manera” pensó. Dio pasos firmes hasta llegar a dos pasos de distancia del joven sorprendido. –No permitiré de nuevo alguna de sus imprudencias. No he hablado por el respeto y cariño que le tengo a su prima, pero necesito que entienda que no pasaré por alto sus insultos. Lo miró directamente a sus ojos totalmente oscuros en esa noche, una ola de inseguridad pasó por su cuerpo y sus pensamientos ya no eran tan claros. Empezó a considerar que era de noche, estaba fuera de la casa, no había nadie cerca y no podía correr por la tierra expuesta. Alexandra se arrepintió de su impulso de valor cuando llegó la mirada de intimidación del joven Dubois. La mente de Edmund se estaba carcajeando pero él sólo mostraba tensión. Le causaba diversión observar cómo el semblante de la princesa cambiaba con sólo su mirada, le resultaba excitante pero fingió pensar que sólo era divertido. –¿Cariño y respeto? Dígame algo, cuando usted regrese a su castillo, ¿se acordará de mi prima? ¿Le mandará cartas? Espero no llegue a tomar mi pensamiento insultante, pero puedo asegurar que ni siquiera la considera como su amiga, de la misma manera que con Eric, ¿o me equivoco? Alexandra volvió a sentir su molestia, se le olvidó por completo la vergüenza. –Espero no incomodar, joven Dubois, pero está totalmente por el camino incorrecto. Yo aprecio a su prima, y también a Eric, por ello no pienso permitir que se excuse con ellos, su comportamiento está fuera de todo lo que había visto pero no voy a caer en su juego. –¿Qué juego está usted hablando?– Edmund dio un paso al frente, quedando sólo un paso de distancia entre ellos. Eso pudo incomodar de gran manera a la princesa. Pero el recordar que han estado aún más cerca que eso, se le revolvió el estómago. –Su juego irritante de querer molestarme por medio de insultos y prejuicios, los cuales lleva a cabo en los momentos menos convenientes. –Oh, discúlpeme, no tuve el pensamiento de molestarla en momentos oportunos, ¿quiere mencionar en qué momento del día puedo llevarlo a cabo? Cada palabra que salía de la boca de Edmund irritaba en gran manera a la princesa. Ella no podía creer lo astuto que era en cuanto a sus respuestas, también lo menos temeroso que podía ser al hablarle de tal manera a su futura Reina. –No quería hacer uso de mi título, pero debo recordarle a quién le está hablando de tal manera. –¿A quién?– Edmund mantuvo su contacto visual al mismo momento en que avanzaba –. Princesa. Alexandra tragó en seco de manera involuntaria lo cual hizo sonreír al joven Edmund. Él estaba al tanto de la reacción de la princesa y estaba satisfecho con ello. Alexandra tenía miles de palabras en su mente pero ninguna de ellas pudo salir por su boca, pero eso no la detuvo de seguir mostrando una mirada fría y molesta al joven. Edmund tuvo la osadía de explorar el rostro de la princesa y un pensamiento llegó pero lo alejó de inmediato, “si no supiera quién es, tal vez la encontraría atractiva”, pensó. Alexandra se sintió intimidada ante aquella acción, pues, ella pudo observar con cercanía aquellos ojos grises que la miraban fijamente, no sabía lo que causaba en ella, pero quiso interpretarlo como molestia. –Buenas noches, Su Majestad– susurró después de haber pasado algunos segundos en total silencio. Él regresó triunfante a la casa, lavó sus manos y se dirigió a su pieza. Al acostarse no pudo entender por qué razón cerró los ojos manteniendo una sonrisa y lo primero que apareció en su mente era el rostro de la princesa, pudo suponer que se debía a su astucia de dejarla sin habla. Sin embargo, Alexandra no se sintió para nada tranquila, se sorprendió por la lentitud para su cerebro poder llegar al sueño, pues todo lo que podía llegar a su pensamiento era el rostro triunfante y cínico del joven con ojos irritantes de color gris. Hasta ese hecho le molestaba, ella nunca había visto ese color de ojos. “De mí no volverá a reírse”, ese fue su último pensamiento antes de poder caer dormida. También fue aquel su primer pensamiento al despertar en el amanecer, sin embargo, sus planes interfirieron con los de sus abuelos, de hecho, los planes de los abuelos sorprendieron a todos sacándolos por completo de su zona de comodidad. –Eric, sé un amor y trae a Esme y Edmund, por favor– le dijo la señora Cavendish durante el desayuno. Eric se levantó con un asentimiento y llevó a cabo las indicaciones. Alexandra no entendía la razón por la cual su abuela quería compartir el desayuno con ellos, específicamente con el primo de Esmeralda, siendo que los dos tenían tareas por terminar. –¿Hay algo que necesite? Esmeralda y Edmund entraron en escena. Alexandra no pudo evitar dirigir su mirada al joven que llevaba sus brazos por detrás de su espalda. Edmund percibió de inmediato la nada discreta mirada de la princesa, sonrió internamente pero sólo demostró falsa atención hacia los esposos Cavendish. –Iba a esperar con esta noticia hasta después del almuerzo pero la emoción no me ha dejado terminar mi té– Cathy sonrió dejando ver las pequeñas arrugas cerca de su boca, mostrando lo sonriente que ha sido durante su vida. –Nos ha llegado la invitación al primer baile de los Bristol, hemos sido invitados todos aquí, por ello es imprescindible nuestra asistencia– terminó la oración Joseph al igual que su esposa, una grata sonrisa que llega a contagiarse con los cuatro jóvenes sorprendidos. Sus reacciones eran tan diversas como sus personalidades. Esmeralda era una mezcla de alegría con terror, pues, a ella le fascina la idea de un baile pero le aterra la idea de llegar al hogar de la joven Bristol, quien le hizo el daño suficiente como para no querer volver a verla. Alexandra estaba fascinada, aunque sabía que el baile no sería nada comparado a los que conoce en su hogar pero era un buen inicio. Eric no se preocupó al instante pero recordó que las intenciones de los abuelos no iban directamente a que él se quedará en la entrada del lugar revisando la seguridad, él teme que lo lleven realmente a disfrutar del baile, le gustaría, sin embargo, tiene miedo de sus pies izquierdos. Edmund no tenía ninguna emoción significativa, sólo pensó en las posibilidades de encontrar a una bella dama, poder demostrar sus habilidades de baile y caballerosidad, qué bien que le vendría una distracción después de semanas de arduo trabajo, y algunas molestias… Los cuatro jóvenes se quedaron sin habla y sólo sus pensamientos circularon alrededor de ellos. –¿Y bien? No sólo permanezcan ahí, ¡salgan por sus vestidos y trajes! Tenemos que estar preparados. Por ello, terminando el desayuno, nos iremos al pueblo, ¿me escucharon? –Sí, señora– respondieron los cuatro al unísono. Pasaron pocos minutos antes de que todos subieran al carruaje y emprendieran su camino hacia el centro del pueblo, era claro que Esmeralda se estaba preparando mentalmente para cualquier encuentro inconveniente pero, al mismo tiempo se sentía segura porque su primo estaba ahí. Eso no era de agrado a la princesa, pues, ella no entendía por qué debían de ir todos, ella sólo quería comprar su vestido con su abuela y su nueva amiga, no quería opiniones imprudentes del joven Edmund. El enfado de Alexandra creció cuando estaba inspeccionando la vestimenta de Edmund y él la descubrió e hizo uso de su mirada burlona agregándole una sonrisa ladina. Él estaba divertido y de alguna manera intrigado, pues, no entendía por qué ella lo estaba mirando; su conclusión fue que lo estaba juzgando. La realidad no era tan diferente de la suposición de Edmund, dado al pensamiento de Alexandra al observar el filo de la camisa sucia y su calzado sin brillo; totalmente diferente a la presentación de Eric. –¡Oh, es increíble que tu vestido esté a punto de ser terminado! –¿Y el de Esme? Cathy se acercó con su nieta de manera disimulada. –Me comentaron que algo sucedió con su tela, al parecer unas jóvenes descuidadas derramaron té en el vestido cuando lo estaban extendiendo. –Oh no, en ese caso, ¿alcanzarán a confeccionar otro? –¿En tan poco tiempo? No lo creo, mi niña– suspiró con pesadez. Alexandra desvió su mirada hacia Esme, ella se encontraba cabizbaja por obvias razones. –Ya sé lo que haremos– sonrió confiada. –¿Qué piensas hacer, Alex? –Mandaré a traer mis vestidos. –¿Qué hay del vestido que confeccionaron para ti? –Lo usaré. Los vestidos serán para Esme, ella escogerá el que le guste. Cathy sonrió ante el gesto de su nieta. –Le diré a Eric para que lo mencione a tus padres, ¿te parece correcto? –Sí abuela– sonrió y le dio un abrazo. Alexandra decidió acercarse a Esme y revelar que ella tenía un secreto con el que ella podía llegar al baile y ser la mejor dama de aquella noche, después decidió llevarla al lugar donde confeccionan los trajes para los caballeros. Cathy al momento en que su calzado llegó al establecimiento, comenzó a elogiar a los jóvenes midiéndose los trajes, su esposo estaba dentro de esos jóvenes, claro está. –¡Oh, Edmund! Estoy segura de que en el baile podrás acaparar las miradas de miles de jóvenes bellas. Alexandra giró su cabeza para ver a Edmund acomodando el cuello de su traje mientras caminaba hacia el frente, por un momento ella olvidó su repugnancia hacia él cuando lo vio en aquel traje n***o. Él subió su mirada, segundos después su cabeza, no pudo evitar mostrar otra sonrisa ladina al haber encontrado a la princesa por segunda vez en el día observándolo sin descaro alguno. Alexandra retiró la mirada con la vergüenza en aumento, no sabía por qué estaba tan avergonzada, por el hecho de que él la encontró observando dos veces seguidas o porque no le pareció poco atractivo al verlo en el traje. Sin duda hubo algo en el desayuno que le hizo mal, eso piensa ella. –Puede ajustar un poco en esta parte, pero lo demás está perfecto– menciona Cathy con emoción –. Ya puedes salir, Eric. Eric salió y no había mucha diferencia con lo que normalmente se presenta, pero sí era un cambio, sobre todo para Esme. Ella no pudo quitarle la mirada desde que salió del vestidor hasta que regresó a éste, ni siquiera escuchó a los demás y eso que pasaron algunos minutos durante esta interacción. La exploración del pueblo fue toda una aventura y se concluyó de la mejor manera, no hubo ninguna queja o comentario de parte de los jóvenes que no se toleran y eso fue música para los oídos de Esme y Eric. Regresaron a casa, los deberes estaban esperando por los jóvenes, pero Alexandra no tenía ningún deber, era extraño dado a que en su hogar, siempre tenía algo qué hacer, algún deber real o un pasatiempo que le inculcan por ser una princesa. Ahora estaba libre, decidió salir a explorar, por su alcoba puede observar un lugar pacífico y hermoso, hoy recordó que debe visitarlo, el único camino es seguir el atardecer. Empezó a caminar, su mente se despejó por completo hasta que llegó el recuerdo de Noah, ella sonrió y sintió el sonrojo llegar a sus mejillas, era el joven con el que siempre soñó tener un amor verdadero, todas aquellas historias que leyó estaban a punto de convertirse en realidad. Los ojos azules que le hacían cosquillas en el vientre y su voz tan masculina como a la vez tranquilizadora, era una mezcla de todas las virtudes que buscaba en un hombre y en un futuro rey, ella piensa que es la más afortunada, después de su madre, claro está. Alexandra llegó a una colina repleta de flores azules, un árbol que hacía una figura hermosa, como si abrazara a la luna frente a ella, sólo permaneció ahí para contemplarla, era un momento divino. La luna resplandeciente frente a sus ojos, era luna llena, los ojos le brillaban al observarla, parecía como si sólo fueran ella y la luna mirándose. –¿Amo a Noah?– se cuestionó con el corazón en sus manos al llevar esa pregunta a pronunciarla en voz alta. –No sé qué me asusta más, su pregunta o que le pregunte a la luna. Alexandra saltó de un gran susto y terminó cayendo peligrosamente en la colina. Edmund se rio sin poder evitarlo, terminó acercándose a ella para ayudarla a incorporarse sobre sus pies. –¿Acaso no puede dejarme por cinco minutos sin estar molestándome?– se quejó claramente molesta y avergonzada. No quería que nadie supiera de Noah. –Créame que no estoy aquí por voluntad propia, su abuela la quiere de regreso. Ella tomó un respiro aceptando que debería callar antes de que volviera a dar pie para una disputa. Sacudió bien su vestido y emprendió su viaje de regreso, ignorando por completo a Edmund. –Noah… interesante nombre para, ¿un perro? Alexandra se giró hacia él con indignación. –¿Cómo se le ocurre decir algo así? Usted ni lo conoce. –¿Y usted sí? –Obviamente– replicó con molestia, por ello aceleró el paso, no fue mucha diferencia para Edmund debido a su altura. –¿Entonces no es un perro?– Alexandra volvió a verlo como si quisiera empujarlo hacia el vacío, él sonrió con diversión –. En ese caso, puedo asumir que habla de un personaje de algún libro suyo. –No es de su incumbencia saber la identidad de quien hablaba, porque claramente mi pregunta no era dirigida a usted. –Oh, lo olvidé, era para su amiga “Luna”– se burló descaradamente. Alexandra se enfureció. –¿Quiere saber de Noah? Muy bien, se lo diré. Noah es el hombre al que amo, él es todo lo que pude haber deseado y espero comprometerme con él lo antes posible. Esa respuesta era todo lo que nunca esperó. –¿Espera? Eso me da a entender que no le ha propuesto matrimonio. –Se equivoca, pero me he acostumbrado– se encogió de hombros con satisfacción de ver el rostro de Edmund cubierto de sorpresa –. Me propuso matrimonio días antes de venir y sé que una vez regresando, nos casaremos. Alexandra se giró a verlo de nuevo, él mantuvo su rostro de confusión y sorpresa. Los dos mantuvieron ese contacto visual por algunos segundos antes de desviar la mirada al mismo tiempo. Siguieron su camino en total silencio, lo cual los confundió pero ese sentimiento les impedía hablar. Alexandra se arrepintió de inmediato por haber compartido tanta información que claramente no era de su incumbencia. –Joven Edmund, es imprescindible que mantenga esta información para usted, y sólo para usted. Él se giró para verla, detuvo su caminar. –¿Sus abuelos no lo saben? –No, y prefiero que siga en ese camino, Noah y yo decidimos mantener esto en privado hasta mi regreso y no permitiré que su imprudencia cambie mis planes. –Si soy tanta molestia para usted, ¿por qué me lo dijo?– la confusión de Edmund era persistente y quería una respuesta honesta. –No iba a dejar de molestarme– contestó con seguridad, pero ni ella creyó lo que dijo. Edmund decidió dar un paso hacia ella, él recuerda que funcionaba esa técnica de presión. –Vamos Alexandra, usted es mejor inventando respuestas. Ella abrió la boca con indignación ante el descaro de su referimiento hacia ella. –No le permitiré que me hable de tal manera– frunció el ceño. –¿No le duele el rostro de enojarse todo el tiempo? Sólo la veo y me incomoda su ceño fruncido, es más, nunca la he visto relajada. –¡Ugh! Usted es un ser insoportable– exclamó sintiendo la sangre subir por todo su sistema. –No puedo creer que una dama con esos modales esté comprometida. –Y a mí no me sorprende que un joven como usted siga sin una acompañante. –¿Un joven como yo?– enarcó una ceja dando otro paso hacia ella pero manteniendo la distancia, Edmund sabía que Alexandra sería capaz de acusarlo de acoso o algo parecido. –Sí, un joven irritante, imprudente, sin modales, sin una pizca de elegancia y madurez– exclamó con toda su excitación posible. Eran palabras que llevaba reteniendo desde su primer encuentro. Alexandra esperó que Edmund se molestara y se fuera, dejándola en paz, pero consiguió todo lo contrario: él sonrió. –¿Qué le causa esa sonrisa? –La seguridad con la que habla– Edmund bajó su mirada por un momento hacia los labios de Alexandra. Los dos se percataron de ello y sus reacciones fueron de nerviosismo. –Todo lo que he expresado es la realidad. –Me atrevo a decir que su opinión hace unas horas, en el pueblo, difiere de su actual opinión. Edmund se mostró con un semblante de tranquilidad. Llevó su mano por su cabello oscuro, peinándose hacia atrás lo cual fue inútil porque su cabello regresó a su posición inicial llegando a su frente algunos mechones. Alexandra se distrajo de su molestia cuando observó con detalle el mechón oscuro a un lado de su ojo gris al cual le pegaba directamente la luz de la luna, haciéndolo menos repugnante a la vista, según ella. –¿Por qué diría algo así? Soy la misma persona en el pueblo que aquí. –Su mirada me indicó otra respuesta, Su Majestad– hizo una reverencia y sin levantarse por completo dirigió su mirada a ella, mostrando sus ojos aún más intimidantes y misteriosos que nunca. El impulso creció dentro de la princesa y éste la llevó a dar un pequeño paso hacia el frente con su mirada fija en Edmund, ella era fuerte y se lo iba a comprobar. –No puedo imaginar lo que usted piensa que descifra en mi mirada, pero puedo asegurarle que cualquiera que sea aquello, no es más que un reflejo de lo que usted piensa de mí– sonrió delicadamente, sólo como ella sabe hacerlo –. Buenas noches, Edmund. La manera en que saboreó su nombre fue exquisito tanto para él como para ella, pero decidieron ignorarlo. Los dos regresaron a casa con su debida distancia, cada uno pensando en lo que dijo y lo que contestó el otro. Les era interesante repetir la conversación una y otra vez, y sin pensarlo, cayeron en un sueño profundo repasando por última vez su conversación.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR