— ¿Qué? ¿Cómo crees…? Claro que no — respondí de inmediato, levantando las manos en un gesto defensivo del que supe que Anne estaría deduciendo como si yo estuviera nervioso — Simplemente es una coincidencia.
Me sentía molesto, confundido y curioso al mismo tiempo.
— ¿Coincidencia? — dijo Anne, su ceja levantada, me miraba incrédula — Jackson, nos hemos visto en cada tienda a la que voy. No me parece que sea una coincidencia, parece que no puedes dejarme en paz.
— ¿Dejarte en paz? — solté, sintiendo cómo la furia me invadía .— No tengo por qué seguirte, Anne. Deja de ver cosas que no son. No sé qué es lo que te has imaginado, pero no es así. Te vi, sí, pero fue por pura casualidad.
Ella me miró fijamente, evaluaba cada una de mis palabras, pero su expresión no cambió .— Claro… Cómo no, pura casualidad .— su tono estaba cargado de sarcasmo, y antes de que pudiera defenderme más, agregó: — Lo que sea, Jackson. Solo me acerqué a ti para pedirte una cosa: déjame tranquila, por favor. Necesito que te alejes de mí y que me dejes en paz.
Sus palabras fueron como un golpe más fuerte de lo que yo esperaba. Sentí que mi corazón se apretaba, pero intenté no mostrarlo. Me quedé en silencio unos segundo, observando su mirada fría, luego miré a Tom, su presencia se veía imponente al lado de Anne.
— Como quieras — murmuré finalmente, dando media vuelta, y caminando hacia la salida del centro comercial, ignorando las cosas que iba a ir a comprar ese día por allá. Mi orgullo se ha quedado herido, pesaba más que mis pasos, y mientras me alejo, no podía evitar preguntarme cómo habíamos llegado a este punto.
El señor Larsson tuvo que volver a correr para alcanzarme, más esta vez, yo no me detuve para esperarlo y él logró llegar hacia mí lo más rápido que pudo. Mientras caminaba hacia la salida del centro comercial, sentí cómo la rabia y la impotencia me quemaban por dentro. Cada paso que daba se percibía como un recordatorio del fracaso que había sido para mí la relación que tuve Anne, si es que se podía llamar así.
El señor Larsson me alcanzó rápidamente, y me miró con mucha preocupación.
— ¿Jackson? ¿Qué carajos ha pasado? — preguntó, tratando de seguirme el ritmo al mismo tiempo que yo no dejaba de caminar, aunque caminaba casi sin rumbo.
— Nada que valga la pena contar — respondí sin mirarlo a los ojos. La verdad es que no tenía ganas de hablar del asunto, no ahora.
Larsson me observó de reojo, pero no insistió. Agradecí su amable gesto, su silencio. Mi mente continuaba atrapada en esa última conversación que tuve con Anne. Seguía preguntándome: ¿Cómo fue que ella y yo habíamos terminado así? Nunca habría imaginado que las cosas entre Anne y yo terminarían demasiado mal, viéndonos como extraños, con ella pidiéndome que me alejara de ella, que la dejara en paz como si yo fuera un acosador que no podía vivir sin saber cada uno de sus pasos, cada una de las cosas que ella hacía, con quién andaba ella…
Cuando salimos del centro comercial, olvidé que teníamos que esperar a que Larsson llamara a su chofer para que regresara por nosotros, y nos llevara a otra parte. Mientras que esperamos, la brisa fresca de la tarde me golpeó el rostro, pero no sirvió para calmarme por más que esa fuera su función. Todo se sentía irreal, como si estuviera atrapado en una pesadilla de la que no podía despertar. Recordé los buenos momentos que vivimos con Anne en mi oficina, nuestros logros, nuestros momentos de risa y confianza.
A pesar de todo, ella y yo compartimos muchísimas cosas, y era doloroso saber cómo aquello se iba perdiendo poco a poco por culpa de los malos entendidos. Pero, bueno, tengo que asimilar que todo lo que sucedió fue, más que todo, culpa mía. No de ella, ella nada más buscaba demostrarme que ella era la mujer que yo merecía en mi vida, y lo quería hacer de la manera en que a mí me gustaba, y para colmo, terminé rechazándola y diciéndole cosas terribles ese día que no tenían solución.
Dejé de correr, me detuve en la acera, respiré hondo. Larsson se puso a mi lado, sin decir una palabra. Después de unos segundos, lo miré.
— ¿Alguna vez has sentido esa horrible sensación de que has perdido todo lo que quieres en cuestión de segundos por culpa de tus idioteces? — finalmente, solté.
Larsson asintió.
— Sí, y en esta vida es muy normal vivir esas experiencias. Son muy pocas las veces en las que vas a tener todo lo que quieres contigo por más que así lo deseas. Las cosas no siempre salen como uno espera — dijo, hablándome con su tono calmado de siempre, pero con un deje de sabiduría .— Pero eso no significa que es el fin del mundo. Solo es el inicio de algo diferente.
Me quedé mirando el tráfico que pasaba frente a nosotros.
Larsson tenía mucha razón en sus palabras. Aunque todo estuviera roto entre Anne y yo, parte de mí seguía esperando que, de alguna forma, las cosas pudieran arreglarse, todo ocurriría en el momento que fuera el adecuado para hacerlo.
— Bueno, déjame decirte que no creo que esto que pasó, tenga vuelta atrás. No hay manera de cómo arreglarlo. En fin, llama a tu chofer, y vamos a un bar, necesito tomarme unas buenas cervezas. ¿Aceptas?
— De acuerdo, pero solamente me tomaré una, aunque tengamos a mi chofer que nos lleva a casa, uno de los dos debemos mantenernos cuerdo en caso de que algo pueda pasar, y creo que ese no serás tú — dijo él. Sacó su celular, y le marcó al chofer.
Asentí, y al poco tiempo de haberlo llamado, el chofer se apareció, nos subimos al auto, y le pedimos que nos llevara al bar que hubiera más cercano de camino a casa para que nuestro regreso no fuera a ser muy complicado.
El chofer obedeció nuestra orden, y se apuró en conducir el auto hasta el bar, era uno de temática mexicano, esa tarde, había 2x1 de promoción en chelas, y como a mí me fascinaban, no dudé en pedir la primera ronda de estas, mientras que Larsson se preocupó por pedir algo de comer, pues desde que salimos de su casa no habíamos comido nada y el licor sin comida caería muy pesado para ser cierto.
Nos sirvieron la primera ronda de chelas, y cuando le di el primer sorbo a mi vaso, le confesé todo lo que pasó con Anne a Larsson, pues ya era justo que lo hiciera, además porque un bar, era el lugar perfecto para desahogar tus penas sin importar cual graves fueran estas.