Con tan solo verlos juntos, siento cómo mi estómago se revolvía. Parece que me han dado ganas de vomitar, y no es para menos, pues ver a Anne salir con este hombre, me provocaba una sensación que yo nunca sentí con ninguna otra mujer.
Miro fijamente a Anne a los ojos, y me doy cuenta de que ella sonreía con esa mezcla de triunfo y desafío que yo conocía muy bien después de tantos años que trabajamos juntos era imposible no saber quién era ella. Quise no mostrarlo, quise mantenerme sereno, no enfurecerme, ni mucho menos quise ponerme celoso, ¡Espera! ¿Qué demonios estoy diciendo? ¿Estoy celoso de que Anne ahora esté saliendo con alguien más? ¡Eso nunca!
Pero cada palabra que salía de su boca era como una daga que se clavaba profundamente en mi corazón. ¿Ejecutiva de cuentas? ¿Cuándo había pasado eso? Apenas un par de horas atrás, ella había renunciado a su trabajo que tanto amaba en mi empresa, y estaba diciéndome que necesitaba “Tiempo” para ella misma antes de conseguir otro trabajo.
— Vaya, parece que las cosas han cambiado demasiado rápido — comenté, forzando una sonrisa que me quemaba por dentro. Tom, el tipo que la acompañaba, se limitó a inclinar la cabeza de manera casi condescendiente, como si ni siquiera valiera la pena pronunciar alguna palabra conmigo en ese instante.
Anne solamente asintió. — Pero bueno, ¿Qué más se puede hacer ahí? Así es la vida, ¿No creen? — ella respondió, sus ojos bailan entre la ironía y el desprecio que trataba de ocultar, más yo los percibía con precisión, y sentirlos, provocaba que mi corazón se partiera en mil pedacitos en mi interior.
Debo confesarlo, aquella situación me dolía más de lo que podía esperar. Mi relación con Anne había sido complicada, en un principio, fui yo quién rechazó todo el interés que ella tenía en mí, y ahora, estaba pagándolo, estaba sufriéndolo, y me costaba creerlo. Verla allí, acompañada de otro hombre, no me dejaba otra opción que aceptar que la había perdido para siempre, que nuestra relación no sería la misma de antes, y que jamás la podría recuperar, y que ella nunca me perdonaría lo patán que fui con ella hace unos días atrás.
Luego de un par de minutos de haber cortado la conversación por unos segundos que nos quedamos en silencio, unos segundos que fueron sumamente incómodos para todos, y creo que hasta para el señor Larsson, quién se ha quedado atrás mío, mirando la vitrina de la tienda una y otra vez para no meterse en este asunto sin que yo le diera el permiso de hacerlo, decidí que era momento de cortar la conversación, ya no hay nada más de que hablar, ya ha sido más que suficiente haber tenido que vivir este encuentro como para quedarnos a platicar entre nosotros.
— Bueno, no siendo más, disfrute de su viaje de negocios. Yo también tengo más cosas que hacer.
— Claro, Jackson. Que te vaya bien — dijo Anne, su tono de voz se volvió más suave, pero el daño, ya estaba hecho, yo me sentía destrozado y nada cambiaría mis sentimientos en este momento.
Me doy la vuelta y miré a Larsson, él me miró y como si me hubiese leído la mente, simplemente, asintió la cabeza y nos marchamos de esa tienda, alejándonos de Anne y su acompañante. No me atreví a voltear la mirada para mirar hacia donde se dirigían, puesto que tampoco quise que fuera evidente que me molestó habérmelos encontrado en esa posición, no quise tampoco ser muy obvio en ese sentido por el asunto de los celos. No iba a dejar que Anne ganara esta guerra que ha comenzado entre nosotros.
Entonces, mientras que caminamos en silencio, el señor Larsson y yo fuimos a la tienda más cercana, que era una boutique, y como yo no llevaba la mirada fija en las tiendas, simplemente, entré sin darme cuenta que tipo de boutique era. Mi cabeza estaba llena de pensamientos encontrados que no puedo organizar con rapidez.
No dejo de preguntarme, ¿Cómo habíamos llegado a este punto?
Dentro de la tienda, intenté enfocarme en cualquier cosa que no fuera Anne, pero la idea de que ella estaba en el mismo lugar que yo, y que andaba acompañada de Tom seguía clavada en mi mente. Miré un par de chaquetas de cuero que colgaban frente a mí, una chica que trabajaba en la tienda se acercó para ofrecerme su ayuda, más yo no respondí nada, me sentía como un idiota.
Las palabras de Anne retumbaban en mis oídos: Ahora soy ejecutiva de cuentas, y él es mi nuevo jefe, estamos aquí por viaje de negocios…
De pronto, escuché una risa. Mi corazón dio un vuelco inmediatamente. Giro la cabeza, y ahí estaban de nuevo, entrando en la misma tienda. Anne y Tom. ¡Mierda! ¿De todas las tiendas que hay en este centro comercial, justo tenían que entrar a esta?
Trato de disimular, más me resulta imposible lograrlo, y para intentarlo, me dispongo a fingir en mirada una prenda cualquiera, la que supuestamente era de mi interés, pero estaba claro que no podía haber manera alguna de cómo escapar de ellos. Me deslicé hacia otra sección, esperando a que Anne y Tom no me vieran, más fue tarea pérdida para mí.
Salí de la tienda, el señor Larsson venía corriendo detrás de mí, intentando alcanzarme porque me alejé de él sin previo aviso. Pero entonces, mientras quise esperar a que el señor Larsson se acercara, los vi nuevamente. Anne estaba señalando algo en una vitrina, y no paraba de reír a carcajadas con Tom. Apreté los dientes, quise pensar que nada más eran amigos, pero aquel hombre era muy atractivo e interesante, quizás lo era mucho más que yo, me ganaba ventajas, y se comportaba con ella como todo un caballero, ¿Qué más podría ella pedir?
Decidí que lo mejor que podía hacer era irme del centro comercial, irme a un lugar muy lejano en donde no me los pudiera encontrar. No podía seguir tomándomelos a cada paso, así que me dirigí a otra tienda, una que llamó mi atención, pues era de tecnología. Y una vez más, la malditas coincidencia estaba jugando con nosotros en ese momento: allí estaban ellos, caminando juntos, y pensaban en entrar a la tienda. Me sentía cómo si ellos quisieran estar atormentándome como si fuesen una especie de karma con el que ahora tenía que pagar por las cosas que le hice a Anne.
Finalmente, en la cuarta tienda que entré, y mientras miraba unos relojes, la voz de Anne me hizo darme la vuelta. Estaba allí parada, justo detrás de mí, con los brazos cruzados y mirándome con una mezcla de incredulidad y desconfianza.
— Jackson, ¿Acaso estás siguiéndome?
Su pregunta fue directa y fría. Tom permanecía a su lado, mirando entre curioso y molesto por la situación.