Diez minutos más tarde, el señor Larsson bajó de segundo piso de la mansión, vestido de forma diferente, no muy elegante como solía lucir para irse al trabajo, solamente se había puesto un jean oscuro, una camiseta azul celeste de manga corta, y encima, llevaba puesto un saco n***o que se veía no muy caluroso, apenas era el saco perfecto para esos días en los que no iba a hacer mucho frío y no se pretendía encartarse con una chaqueta de la que no pudiera siquiera guardarse.
— ¿Estás listo? — pregunté, cortando el silencio que ha nacido entre nosotros en ese momento.
— Sí, vamos. Tenemos un día muy agitado — él contestó.
Salimos de la casa, afuera ya nos estaba esperando una camioneta blindada que se encuentra encendida, y dentro, hay un hombre que estaba sentado en el asiento del chofer, esperando a que nosotros nos subiéramos al vehículo, y cuando lo hicimos, nos saludó, y rápidamente, nos pusimos en marcha para buscar camino e ir al centro comercial más cercano de la zona.
Mientras íbamos en el auto, mi mirada se posó en la vista de las calles de la ciudad, cada que suelo venir, me cautiva mucho la cultura de este país, la organización de las calles, la amabilidad de las personas y sus estructuras arquitectónicas que la hacían verse muy llamativa desde la distancia.
En veinte minutos llegamos al centro comercial, por fortuna, pudimos hacer algo de turismo en él, puesto que este era uno de esos lugares de Tokio que aún no he tenido la oportunidad de conocer a la perfección, aunque viniera seguido por negocios, a veces no quedaba mucho tiempo para salir a pasear, y cuando había, eran muy pocos los lugares a los que alcanzaba a visitar, pues casi siempre, tenía el tiempo suficiente para irme al aeropuerto y así regresar a mi país.
El chofer nos permitió bajarnos en la puerta principal al centro comercial, mucha gente entraba y salía del lugar, algunos con compras, algunos comiendo helado, algunos bebiendo café, o algunos sin nada. El señor Larsson y yo entramos en el centro comercial, y me quedé totalmente maravillado cuando vi la elegancia y el prestigio del mismo.
Este no parecía ser de esos centros comerciales en los que cualquiera pudiera entrar, más bien, parecía guardarse su propio prestigio para gente que era sumamente importante.
— Este es uno de los centros comerciales más famosos de la ciudad, es muy fino, aquí viene gente de mucho prestigio, es decir, cualquiera puede entrar, pero el estatus lo gana porque vende cosas a precios que no te imaginas que pueden existir. Aquí una camisa sencilla puede costar más de mil dólares, si me lo preguntas — comentó Larsson mientras que caminábamos, yo miraba a con atención a cada una de las tiendas que nos rodeaban; nos encontrábamos con tientas muy populares como Apple, hasta Gucci.
Me acerqué a una tienda de Gucci, fijé la mirada en una billetera hermosa para hombre que me llamó mucho la atención, pero al fijarme en el precio, este casi me provocó un infarto, y más me lo provocó fue escuchar a la voz de una mujer que yo lograba reconocer desde la distancia más lejana.
— ¿A dónde iremos a cenar esta noche? — era Anne la que estaba hablando, y me sorprendió mucho, ella no tenía porque estar aquí si había rechazado mi oferta para venir a trabajar conmigo.
De inmediato, volteo la mirada y veo a Anne salir de este mismo almacén, cargaba un par de bolsas de compras de la tienda en manos, y a su lado, estaba siendo acompañada por un hombre, un hombre que parecía ser multimillonario, porque andaba vestido de traje elegante, mucho más elegantes que el mío, y era un hombre muy alto, atractivo, parecía un modelo de la marca conocida Calvin Clein.
Aquel hombre me resultaba muy familiar, como si lo hubiese visto en algún lado, más no logro reconocer de quién se trataba, y se me hacía muy raro que de la noche a la mañana, y después de lo que pasó entre ella y yo, era muy raro que ahora ella estuviera saliendo con un hombre así.
Ella me miró, se dio cuenta de mi presencia, y aunque quiso tratar de ignorarme, algo nos conectó, nuestras miradas se quedaron fijas entre ellas, es como si fuéramos una especie de imán que estaba impidiendo que nos alejáramos, que quería que nos acercáramos más.
— Jackson… — dijo ella, casi en un susurro, uno apenas audible que, bueno, yo pude escucharlo perfectamente porque pronunció mi nombre.
— Anne… Qué sorpresa. No sabía que estabas aquí — respondí, tratando de disimular que me sentía incómodo con su presencia. Más bien, no con su presencia, yo estaba era sorprendido de que ella hubiese venido aquí con otro hombre que no fuera yo.
“¡Demonios! ¿Qué me está pasando?” me pregunté a mí mismo.
— Eh, sí. Fue un viaje planeado a última hora. Vine por trabajo — dijo ella, en sus palabras, pude percibir que estaba mintiendo, más no quise tener que ponerme a cuestionarla, ella y yo éramos nada como para que tuviera que darme explicaciones de todo lo que hiciera.
Sin embargo, si me costaba creerle que ella estuviera allí por trabajo para cuando hace menos de un par de horas ella había aceptado la idea de renunciar a su trabajo en mi empresa. ¿Cómo ha sido posible que consiguiera trabajo en solo un par de horas? Si hasta a mí me tomaba mucho tiempo tomar la difícil decisión de contratar a alguien para el cargo que sea dentro de mi empresa, ¿Cómo le habrá hecho ella para conseguir trabajo con un hombre como ese? Si es que se podía deducir que él era su jefe.
No es que ella no tenga el potencial, pero, ¿De dónde habrá sacado los contactos para haberlo logrado? ¿Estaría diciéndome la verdad? No lo creo, a ella siempre le había gustado trabajar conmigo, y, lastimosamente, tuvo que pasar lo que pasó entre nosotros para alejarnos y que ella ya no pudiese trabajar conmigo.
— Entiendo, ¿Estás trabajando con él? — le pregunté, llevé mi mirada al hombre que estaba a su lado, y él también me miró, muy serio, su mirada era imponente, parece que guardaba mucho poder y riqueza en su interior.
— Sí, ahora, pero no como su secretaria. Ahora, soy ejecutiva de cuentas, y hemos venido de viaje de negocios, vamos a cerrar varios tratos que tenemos con algunos clientes que viven aquí. ¿Verdad, Tom? — dijo ella y lo miró con una sonrisa orgullosa y que, al mismo tiempo, la presentí como vengativa.