Entonces, en medio de nuestro camino, un silencio profundo se produjo en el vehículo, era sofocante. El sonido suave de motor, y los truenos en la distancia parecían acentuar la tensión que respiraba. Larsson, con la mandíbula apretada, mantenía la mirada fija en la carretera, más era evidente que su mente estaba en cualquier otra cosa menos en la conducción.
Yo tampoco podía dejar de pensar en aquello que acaba de suceder. Todo nuestro esfuerzo, nuestras ideas, todo nuestro tiempo estaban siendo arrebatados por aquellos hombres que nada más buscaban era hacerse multimillonarios de la forma más fácil que pudieron encontrar. Nunca me imaginé que en este sentido de las cosas, hubiera gente que pudiera aprovecharse de ciertas situaciones para caer tan bajo.
Finalmente, no me contuve más, y rompí el silencio.
— Larsson, ¿Cómo te sientes al respecto con todo esto que nos está pasando? — el sonido de mi voz se escuchó más débil de lo que yo pretendía que sucediera. Sabía que estaba enfadado, pero necesitaba entender qué pasaba por su cabeza, y saber qué es lo que haríamos después de haber pasado por todo esto.
Larsson no respondió de inmediato, por un momento, me sentí absolutamente ignorado por él, pensé que tal vez no me había escuchado cuando le hablé, o que quizás tampoco me habrá prestado mucha atención, puede que estuviera más pendiente de sus propios pensamientos que de tener que ponerse a hablar conmigo ahora al respecto, y era normal que se sintiera así, yo lo entendía, en ese sentido, uno a veces no quería tener que hablar con nadie acerca de sus problemas hasta que quisiera soltarlo.
Después de un largo suspiro, y de un minuto de silencio, él respondió.
— ¿Cómo me siento? Bueno… No sé por dónde empezar… — respondió, con voz amargada .— Me siento como idiota, Jackson. Me siento traicionado. Mark ha estado trabajando para mí desde hace más de cinco años. Él era parte de mi familia, yo confiaba en él, y me pesa mucho creer que él ha sido capaz de haberme hecho esto. Nunca me imaginé que el fuera a ser una persona muy ambiciosa. Ahora, resulta que caí en su trampa. Y, ¿Te digo la verdad? Me duele tener que saber que me han estado usando todo este tiempo para involucrarse en mis propios negocios como una rata que nadie quiere en casa.
Hizo una pausa para respirar un poco, los nudillos de sus manos estaban blancos de la fuerza con la que sujetaba el volante. Es obvio que la rabia estaba consumiendo cada gota de paciencia que le quedaba.
— Nunca lo vi venir — él continuó hablando con la voz ligeramente quebrada .— Pensé que iba a poder confiar en él por mucho más tiempo, pero así no fue. Lamentablemente, me equivoqué con él. No es solo por el hecho de que presiento que Mark y su tío trataron de robarnos el proyecto, sino porque también jugaron con nosotros, nos manipularon, nos observaron como si fuéramos un par de marionetas de su pequeño teatro.
Sentí una punzada de empatía aparecer en mi pecho. Yo también me sentía igual, pero hay algo en Larsson que lo hacía parecer todo como mucho más personal. Desde que conozco a Larsson, puedo darme cuenta de que él es de ese tipo de hombres que valoran mucho la lealtad y la confianza en las personas que hay a su alrededor.
Que, Mark, su chofer de años, alguien en quién tanto confiaba, ahora lo ha traicionado de esta manera, demostrando su verdadera identidad, dejándose ver cómo un envidioso que no más quiere buscar la mera de cómo llevar el mismo ritmo de vida que lleva su jefe, debía de doler lo suficiente como para reaccionar de esa forma.
— Ya, Larsson. No te culpes por eso — le dije, tratando de ser un consuelo para él .— No podíamos saberlo. Todo estaba perfectamente planeado para que nunca nos diéramos cuenta de ello. Tú no tienes la culpa de nada de lo que pasó. Puedes estarte tranquilo con ello.
El señor Larsson frunció el ceño, apretando los dientes, y con la mirada clavada en la vista de enfrente del volante.
— Jackson. No lo entiendes, yo debí haberlo visto todo. He estado en el negocio lo suficiente como para saber cuándo alguien no es lo que parece. Me descuidé, Jackson. Me volví cómodo y, ahora, estamos pagando el precio de mi error.
El sonidos de los truenos volvió a retumbar, esta vez fueron mucho más fuertes. Sentí una pequeña vibración en el auto a medida que nosotros continuábamos avanzando en la carretera. La tormenta se acercaba, y nos encontrábamos lo suficientemente alejados de casa como para pisar el acelerador y adentrarnos lo más rápido que nos fuera posible en la ciudad para llegar de inmediato a casa y refugiarnos de la tormenta.
— ¿Y ahora qué? — pregunté, rompiendo el silencio una vez más .— ¿Qué vamos a hacer con nuestro proyecto?
El señor Larsson giró levemente su cabeza hacia mí, y me lanzó una mirada calculadora. Sus ojos estaban llenos de determinación que hacia unos minutos no había visto porque estaban invadidos por la rabia.
— No pienso rendirme — dijo él con firmeza .— Lo que vamos a construir es demasiado valioso para que lo dejemos en manos de esos dos lunáticos. El proyecto sigue siendo nuestro, pero ahora más que nunca tenemos que protegerlo, y saber con qué tipo de personas podremos confiar para incluirlas en nuestro equipo, puesto que al fin y al cabo, nosotros somos sus autores intelectuales, los derechos de este proyecto es nuestro, ya pagué por ellos. Por tanto, no habrá nadie más en este mundo que nos lo pueda arrebatar.
Sonreí y asentí, me alegraba saber qué después de todo lo que ha sucedido, Larsson no está decidido a deshacerse del proyecto. Estábamos más que asegurados, y nadie se encargaría de hacernos daño otra vez.
Finalmente, y luego de un largo trayecto, llegamos a casa del señor Larsson, bajamos de auto, entramos en casa, y en cuanto entramos, Larsson le pidió a la chica que se encargaba de la cocina que nos sirviera un par de cerveza con mucho hielo y nos llevara a su despacho, porque allí íbamos a permanecer el resto del día.
Seguí a Larsson hasta su despacho, y nos encerramos allí, él se acercó a su escritorio, el despacho es un lugar muy amplio, casi que parecía ser del mismo tamaño que el de una habitación de huéspedes en su casa. El lugar era pintoresco, tenía un espacio para una gran librería que él mantenía llena de libros, hasta en su interior, hay un pequeño cuarto que él mismo me presentó cómo su baño personal.
Me siento en una de las sillas ubicadas al frente del escritorio de Larsson, él sigue de pie, mirando cada uno de los libros que había en las estanterías de su librería. Al parecer, estaba buscando cuál de todos era el que necesitaba para ese momento, más todavía no lograba encontrarlo.
— ¿Qué estás buscado Larsson? — pregunté con curiosidad de saber qué es lo que él hacía en ese momento.
— Estoy buscando una libreta que siempre mantengo conmigo, es mi libreta de contactos, ahí guardo todos los números de mis contactos más importantes para este tipo de negocios. Necesito llamar a alguien con urgencia, pero no la encuentro, no sé dónde la puse la última vez que la usé — respondió él, sin quitar la mirada de las estanterías de su librería.
No dije nada, como no conocía muy bien este lugar, me era imposible haberle ofrecido mi ayuda para buscarla. Además de que no sabía cuál era la libreta que él se encontraba buscando en ese momento. Pero mientras miro por sobre su escritorio, me doy cuenta de que hay algo que me llamó la atención, encima del escritorio, hay una libreta pequeña, forrada de cuero rojo que se encuentra oculta bajo una fila de papeles varios que no parecían tener firma, ni mucho menos, aparentaban haber sido leídos.
— Oye, Larsson, ¿De qué color es tu libreta? — pregunté, sin quitarle la mirada a dicha libreta que llamó tanto mi atención.
— Es de cuero y es roja, parece un libro pequeño — contestó él.
— ¿Qué acaso no es esa que se encuentra encima de tu escritorio? ¿Es una que tiene papeles encima?
Larsson volteó a mirar hacia el escritorio, y asintiendo, se acercó, agarró la libreta que le dije, y en efecto, aquella era la libreta que él buscaba.
— Gracias, Jackson. ¿Cómo puedo ser tan despistado en haberme olvidado que la he dejado ahí? Bueno, voy a hacer un par de llamadas, espera, por favor.
Entonces, no dije nada más, y me dispuse a esperar a que Larsson hiciera un par de llamadas, algunas las habló en coreano, otras en español, y otras en ruso, nos con quién carajos había estado él hablando, pero pasó media hora desde que lo tuve que esperar, hasta la chica de la cocina se acercó a nosotros para traernos un par de sándwiches para que acompañáramos nuestras cervezas, primero me tomé mi cerveza hasta que Larsson finalmente colgó todas las llamadas y pudo sentarse a compartir conmigo la información.