Salimos del centro comercial, nuestras manos van cargadas de bolsas. Yo había comprado ropa nueva y celular nuevo, y Larsson, simplemente, me acompañaba, él iba mirándome con impaciencia, y yo no sabía porqué lo hacía. Larsson sabía que él, al igual que yo, estaba ansioso por llegar al laboratorio, porque su socio no nos daba indicios de querer decirnos qué es lo que tenía que hablarnos con tanta urgencia acerca de nuestro proyecto como para habernos citado a ir a verlo en su laboratorio.
En el camino, paramos a una tienda de conveniencia que nos encontramos mientras nos íbamos para allá, Larsson propuso que lleváramos unas cervezas y unos bocadillos para terminar de pasar el resto de la tarde allá, porque al fin de cuentas, no sabíamos con certeza si terminaríamos pasando la noche en ese lugar, y tampoco sabíamos si el servicio a domicilio estaría disponible para llevarnos comida hasta allá y que pudiéramos sobrevivir hasta salir.
Nos subimos al auto luego de que dejamos las bolsas de las compras guardadas en el portamaletas, le dimos al chofer la dirección indicada del laboratorio, y este de inmediato, nos avisó que se trataba de un edificio que aparentaba ser abandonado, pero que no lo era, lucía así únicamente para no levantar sospechas de nada, más en su interior, se manejaba el más alto prestigio de tecnología para índoles científicas más conocido en todo el mundo.
Mientras conducía, el chofer nos contó una historia muy interesante de ese lugar, parece que lo conocía como si fuera la palma de su mano, quién sabe cómo, quizás tendría algún amigo trabajando allí dentro que en sus tiempos libres, le había invitado a conocer su sitio de trabajo con mucho orgullo, y él había aceptado ir.
Traté de prestar atención a la historia que nos contaba el chofer de Larsson, sin embargo, no pude. Fue completamente difícil para mí, mis pensamientos se centraban entre Anne y lo qué pasó entre nosotros en ese centro comercial, además de la presencia de aquel sujeto que iba con ella. Una parte de se ha concentrado profundamente en ese conflicto ocurrido, y por otro lado, había algo en mi interior que me decía que la creación de la máquina parecía tener la capacidad de distraerme ahora de todos mis problemas así como de mi rutina diaria que solamente se mantenía en estar en el trabajo, y regresar a casa a vivir una absoluta soledad.
Mi mente no paraba de preguntarse sí, una vez dentro de ella, podría encontrar respuestas sobre la misteriosa mujer que rondaba en mis sueños y que me hacía amarla con locura mientras dormía.
El viaje fue más largo de lo que yo pudiera desear que sería, finalmente, el auto se detuvo frente al edificio. Las paredes eran grises, y tal como el chofer lo mencionó, efectivamente, el sitio se veía como si estuviese abandonado. Larsson y yo estábamos ansiosos de poder entrar a conocer esto.
— Bienvenidos. Este es el lugar, si me lo permiten, yo soy amigo del dueño, puedo llamarlo para que nos dé acceso ahora sin necesidad de tener que dar nuestras identificaciones, ya saben, como ellos trabajan con entidades importantes del gobierno, no solamente de este país. Hacen todo esto por seguridad, pero cuando yo llego aquí, no hay necesidad de seguir tanto protocolo. Denme un minuto, por favor — se ofreció el chofer, y antes que pudiéramos decirle algo, él se encargó de marcar a un número a su celular y se alejó un poco de nosotros para poder hablar.
Dos minutos después, la puerta de seguridad se abrió por si sola, estaba automatizada, y no había nadie alrededor del edificio que indicara que estaba siendo custodiado, parece que no querían levantar sospechas, o más bien, no querían llamar la atención acerca de que se hacía allí dentro. Junto con el chofer, Larsson y yo ingresamos al lugar, me di cuenta que en la puerta, había cámaras de seguridad vigilándonos, eran muy notorias, no estaban escondidas como, naturalmente solían ser.
Comenzamos a caminar por un amplio pasillo iluminado de luces blancas, era un pasillo extenso, nos tardamos al menos diez minutos en terminar de cruzarlo hasta que el chofer que era nuestra guía del lugar en ese instante, se dispuso a girar a mano izquierda, Larsson me miraba de vez en cuando, sintiéndose sorprendido de que su empleado estuviera involucrado en lugares de trabajo cómo este.
El chofer sabía a dónde nos estaba llevando, y Larsson y yo no sabíamos ni qué preguntarle para comenzar a averiguar acerca de este sitio.
Finalmente, nos encontramos con una puerta de vidrio que estaba polarizado, es decir que, no podíamos ver nada de lo que se veía adentro, además de que estaba asegurada con una especie de mini teclado número que se acompañaba de un tablero reflector, de aquellos en los que uno ponía el ojo enfrente y te leía el ADN para identificarte y si su información correspondía, este te daba acceso libre para entrar.
Más, el chofer únicamente un dígito de cuatro cifras, puso su mano alrededor del teclado para que no lo viéramos, no es que desconfiara de nosotros, simplemente, era un asunto muy estricto de seguridad el que debía de seguir si quería seguir teniendo acceso libre a este sitio a pesar de no trabajar allí.
— Mark… Me sorprende mucho todo esto, ¿Cómo es que tienes acceso a este lugar…? — pero el chofer le interrumpió a Larsson antes que pudiera seguir hablando.
— ¿Siendo tu simple chofer? Bueno, es que hay muchas cosas de mí que aún no conoces Larsson, y pronto las descubrirás. Por lo pronto, bienvenidos a mi laboratorio — dijo él, la puerta se abrió automáticamente, y él se hizo a un lado para dejarnos entrar.
Larsson y yo nos miramos, y luego, él entró primero que yo, nos sentíamos un poco extrañados, ahora, nos quedaba la duda de saber qué secretos escondía su chofer, y el por qué estaba él involucrado en nuestro proyecto llevando dos identidades, ahora, ¿Cuál sería la falsa? ¿Cuál sería la verdadera? No lo sabíamos, todo estaba siendo extremadamente confuso para nosotros, ¿Qué tipo de trampa nos estaban tendiendo y ahora estábamos atrapados en ella?
Espero que pronto pudiéramos encontrar la respuesta.
— ¡Matthew Coleman! Un gusto en saludarte hoy, amigo mío. ¿Estamos listos para comenzar con el proyecto que nos hará multimillonarios a todos? — dijo el chofer en cuanto vio a un hombre de 65 años salir de lo que aparentaba ser un baño que estaba escondido dentro de una sala de laboratorio químico muy grande.
Matthew se terminó de secar las manos con el papel higiénico que cargaba en su mano, lo tiró a la basura, se sacudió el mugre invisible de ambas manos, y al cerrar la puerta que azotó con su pie izquierdo, se acercó a nosotros al darse cuenta de nuestra presencia.
Ni Larsson ni yo sabíamos qué estaba pasando, y por ello, únicamente nos quedamos resguardando silencio hasta que fuese nuestra oportunidad de hablar.