CAPÍTULO 14..
XAMIRA
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Nación: Xam, ¿estás molesta?
Xamira: No.
Nación: Chale, parece que sí.
Xamira: No, ¿por qué iba a estar enojada? Solo estoy ansiosa y de mal humor.
Nación: ¿Cómo así? ¿Qué te tiene de esa manera?
Xamira: Estoy esperando una respuesta de la aerolínea y me pongo ansiosa, lo cual me pone de mal humor porque me hace comer cosas que no debo.
Nación: Cálmate, no te aceleres y respira.
Xamira: Es que faltan 15 para las 6 de la tarde y el vuelo se supone que sale a las 10 de la noche. Me llamaron por un tema del asiento y quedaron en confirmarme, pero hasta ahora nada. El problema es que Maika eligió el asiento de la ventanilla a pedido mío y el que me asignaron es en el pasillo. Puede que sea una tontería, pero ir en el pasillo me incomoda porque me genera mareos.
Envío el mensaje y no obtengo respuesta así que salgo de w******p e intento llamar nuevamente a la puta aerolínea que hace más de 2 horas que me tiene en ascuas por una mísera respuesta.
Termino de vestirme y chequear que esté bien el internet, sin embargo, mi antenita me indica que está todo en orden. Eso quiere decir que, una vez más, me está ignorando.
Doy un último vistazo a mi casita, no sé si me estoy olvidando de algo, yo creo que no. Guardé todo en las dos maletas enormes que conseguí, la cosa es que ahora debo pasar por la casa de la vecina y dejarle mis llaves a ella. En unas semanas, cuando me paguen el libro que estoy publicando, enviaré las valijas vacías para que ella me las mande nuevamente con todo lo que me falta por llevar.
Maika me ha dicho que no lleve tanta ropa porque allá no es caro vestirse.
—Verónica, muchísimas gracias por el favor que me estás haciendo, siempre fuiste una excelente vecina.
—Espero que tengas un buen viaje y te vaya muy bien en esta nueva etapa en tu vida. —La señora se anima a abrazarme a modo de despedida—. Vete, se te hará tarde.
Y sí, tiene razón, entre una cosa y la otra se hicieron las 7 y 30 de la tarde.
Un Uber me espera en la puerta y no dudo en acercarme al vehículo para pedirle al conductor que me abra la cajuela para meter mis maletas. El hombre no es muy amable, solo me observa por el retrovisor mientras que lucho con mis pertenencias.
Me subo al asiento trasero de mala gana, terminando de colocarme el cubrebocas ya que aún no se puede salir sin él, por más que la mayoría de los uruguayos ya estemos vacunados.
Ni bien arranca el motor, tomo el teléfono porque me pareció haber escuchado el sonido de las notificaciones.
—Nena, te envío audio porque supongo que has de estar en camino al aeropuerto y no te quiero molestar, espero que te hayan podido solucionar el tema del asiento. Discúlpame, la verdad es que no me di cuenta de que me lo habían dado mal.
“En serio estoy nervioso y eso que no soy yo el que viajo, jajajajaja. No veo la hora de tenerte aquiiiiii, aaaaaaaaaah.”
Río, alejando el teléfono de mi oído; a Maika le encanta intentar dejarme sorda. Presiono el icono del micrófono y le devuelvo el mensaje para calmarlo.
—Nene, tranquilo. Ya me llamaron y pudieron cambiar mi asiento, aunque no sé si es bueno del todo, estaré sobre el ala del avión. También estoy súper ansiosa de llegar junto a ti y darte las nalgadas que te prometí, sigues gritándome en la oreja, aun a distancia. En cuanto llegue, hago el check-in y me desocupo, te llamo.
Lo envío y me quedo mirando el paisaje, hermoso mi país, lo voy a extrañar y se siente extraño pensar que es lo único que me va a hacer falta ya que no tengo personas físicas a quienes echar de menos.
Amo mi país, en verdad lo hago, pero si es para estar mejor y con mi amigo real, voy hasta el fin del mundo.
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El viaje llega a su fin. Desciendo del vehículo y obviamente no espero a que el señor cara de culo del conductor se digne a separar el culo del asiento para ayudarme con mis maletas. Una vez que veo que se abre la cajuela, levanto del todo la portezuela me meto casi de cabeza y lucho con la primera valija que se me cruza y logro sacarla con mucha dificultad.
La segunda casi me deja sentada de culo en el piso.
Ni las gracias le doy al tipo que me trajo, bastante con que ya tiene el pago efectuado.
Ingreso al hall central y de inmediato pido indicaciones para llegar al mostrador y obteniendo la información necesaria, me dirijo sin rodeos al lugar.
Hago el check-in, ingreso las maletas y todo se da de manera rápida. Aún tengo 2 horas de espera.
Voy a comprarme un café y termino saliendo con té helado del local de Starbucks y con la mirada busco algún sitio dónde sentarme para poder llamar a Maik.
Sé que en Londres ya es de madrugada, pero también sé que ha de estar esperando noticias de mi antes de irse a dormir. Después de todo, no tendrá ningún tipo de contacto conmigo hasta dentro de 16 horas, una vez que haya abordado el avión.
El tiempo pasa con rapidez. Gracias a las bromas y cuentos de Maika, literalmente he estado a punto de escupir mi té por la nariz. Hubiera quedado en ridículo delante de las varias personas que están en la misma que yo. Esperando por abordar un avión.
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Me acomodo en el asiento mientras que batallo con el cinturón de seguridad. ¿Qué no saben que no todos son flaquitos? El mugroso no llega a juntarse para que lo pueda abrochar y comienzo a ponerme nerviosa porque el despegue se aproxima.
La mujer que está en el asiento pegado al mío intenta ayudarme, pero ni siendo dos podemos.
—Azafata…
La chica no me presta atención y decido correr el riesgo de viajar sin cinturón, me molesta cuando me ignoran.
¿Qué pasa con el tiempo? Se rehúsa a avanzar con rapidez. Cuando creo que llevamos varias horas en el cielo, me entero de que solo fueron 120 minutos. Noto que una de las azafatas se nos acerca, entregando unas bolsitas y cuando me toca a mí me doy cuenta que son unos audífonos descartables.
—Pueden encender sus pantallas y buscar en el menú alguna película de su agrado o si lo prefieren, algo de música. ¿Usted tiene el cinturón desprendido? —Mierda.
—Sí, no llega…
—No se preocupe, esto sucede todo el tiempo y para eso tenemos unas extensiones que ayudan. Por nada del mundo puede viajar sin seguridad, siempre pida su extensión.
—Ok…
No termino de hablar, la chica se retira y vuelve pocos segundos después con un trozo del mismo material del cinturón para agregarle al mío.
Me ayuda a colocarlo y desaparece luego de instruirme al respecto de la pantalla.
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¿Qué pasa con esta película?
Estoy viendo una peli que es turca y estoy convencida de que en el casting dijeron, como un requisito excluyente, que debían tener los ojos azules. Todos los actores tienen los ojos de ese color, sin excepciones.
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No sé en qué momento de la aburrida película, que se trataba básicamente de una copia de la serie del doctor que padece autismo, no supe más nada y me quedé dormida.
La voz de la azafata ayuda a que me oriente dándome cuenta de dónde estoy, ella quiere saber si quiero algo para comer y, siendo sincera, necesito un mate. Le digo que con un refresco y una ensalada voy a estar más que bien y ella me responde que vuelve en unos minutos con lo que le pedí.
Miro en mi teléfono la hora y no puedo creer que he dormido tantas horas; 2 horas despierta y 8 horas durmiendo, hacen un total de 10 horas de vuelo. Me duelen las nalgas en este momento.