UN REGALO DEL CIELO

1471 Palabras
- ¡Bianca! – dijo Alexander bajo un gesto de incredulidad más que de asombro, mueca que Nora percibió de inmediato. - ¡Mirá quién vino, Alex! ¿No es acaso una súper sorpresa? – arremetió Nora todavía presa de su algarabía inconmensurable. Ella siguió:  - ¡Este Alecito es tan inexpresivo! Ha salido a su padre porque su madre es la persona más alegre, espontánea, jocosa y auténtica del mundo – Sólo sus miradas poseían un real lenguaje. Alexander intentaba por todos los medios barajar posibilidades para llegar a una conclusión aproximada a cerca de la visita de Bianca, y al mismo tiempo, todo le parecía mucho más simple de lo que su mente revolvía: ella lo extrañaba y le costaba más que a él soltar amarras. Nora siguió: - Bueno, amores míos, los dejo solitos, ustedes deben tener millones de cosas para hablar. Yo voy a continuar con mis locuras de navidad ¿Te quedás a cenar, no es así, mi amor? - ¡Oh!, qué pena, Nora, pero tengo una cena programada para hoy con mis amigas de toda la vida y no puedo cancelarla. Gracias de igual modo. - Bueno, no importa, hablo con Alexander durante la semana y lo planificamos para otro día, ¿te parece buena idea? - Muy buena, Nora. Gracias por ser tan amable y gentil conmigo. - No los molesto más, no me echen, ya me voy, ya me voy… Bianca tomó asiento en el sillón del living sin que Alexander se lo propusiera acaso. Él se acomodó cerca de ella y decidió someterse a un silencio sepulcral, con la intención de dejarle a ella toda la responsabilidad. - ¡Tanto tiempo!, abrió Bianca munida de su suavidad y corrección. - Sí, es verdad, tres meses ya – Un nuevo, profundo y oscuro silencio, cortante y molesto en demasía, emergió y se interpuso entre ellos. Nora, amable y cortés, adornada sólo de buenas intenciones y augurios, pidió permiso para ingresar y les acercó dos tazas espumosas de café acompañadas de un plato con galletitas de animales: - ‘Son de la navidad del año pasado, pero están en perfectas condiciones’, dijo Nora con esa chispa a flor de piel que Bianca tanto pregonaba.   - ¿A qué debo tu visita por estos lados? – preguntó Alexander mientras acomodaba mejor las cosas sobre la mesita del living. - No he venido a andar con rodeos, Alexander – respondió Bianca envuelta en una seriedad liviana. Ella prosiguió: - Quiero darte algo que, para mí como mujer, es sumamente importante y concluyente, y compartirlo con vos es el paso más lógico que debo dar. Todos estos años de lucha contra mi padecimiento, finalmente tuvieron sus frutos, y, desde hace un tiempo ya, soy una mujer fértil y apta para quedar embarazada – Alexander sintió una felicidad desbordante y la tradujo en un abrazo sentido y sincero para con ella: ¡Qué feliz me hace, Bianca!... Pero ella tenía aún más para terminar de compartir con él. - Gracias, Alexander – agradeció sensiblemente Bianca. Ella prosiguió: - La verdad es que sacarme este peso de encima que me tuvo a mal traer durante tantos años es haber vencido una batalla gigantesca y dura. El médico puso todo de sí y nunca se dio por vencido, sabiendo que podría llegar a ser un proceso largo y de resolución dudosa. Pero todo salió bien. Ahora sólo debo hacerme chequeos de vez en cuando y no someterme más a estudios complejos- - Es muy bueno saberlo – respondió Alexander con suma honestidad. Él siguió: - Te lo merecés, no sólo por ser una luchadora, sino, porque sos una mujer espléndida y un ser humano destacado. - Estoy embarazada – Fueron dos palabras que desestabilizaron cruelmente a Alexander, lo dejaron sin reacción alguna y lo hundieron en el cuero duro del sillón. Bianca sólo esperaba sentada de lado en su confortabilidad. Ella siguió: - ¿Qué mejor prueba para determinar que el proceso fue un éxito? – Alexander buscaba desesperado en su estatismo hallar una salida de emergencia para echarse a correr con un ‘no’ grotesco y prolongado que saliera de su garganta y le destrozara los sentidos, pero Bianca, conocedora acérrima de los signos evidentes que expelía Alexander, trató de poner paños fríos y bajar las velocidades. - Puedo garantizarte que este bebé es de los dos, no sólo porque yo lo siento en el palpitar de mi corazón, sino, porque desde hace tres años sólo un hombre ha sido el dueño de mi amor, y ese hombre sos vos – Bianca parecía estar volando por un aire distinto al de Alexander; su aura tenía un color diferente y su estado emocional olía a paz y a ventura, a flor primaveral, a néctar y a savia. Ella decidió seguir: - Sólo he venido a compartirlo con quien yo considero que debo hacerlo, con quien yo siento que tengo que dividir mi alegría, porque será un bebé enviado por el cielo como un regalo divino a mi fertilidad. Esto debe ser un secreto entre nosotros. No pretendo que salga de acá ni que les causes un disgusto a tus padres más allá de la relación hermosa que tengo con ellos, y menos aún, vengo a buscar que, de la noche a la mañana, te erijas en un padre ejemplar. Quiero lo mejor para vos, amor de mi vida, y esto, si bien es hermoso y tierno, no dejará de ser un obstáculo para tus procederes futuros. Es difícil tenerlo todo en esta vida: logré lo que muchas mujeres no pueden lograr teniendo el mismo problema, pero ahora con este bebé en camino, tendré que armarme de paciencia, de valor y de ganas, porque no me queda más remedio que continuar al lado de Felipe. Necesito cuidados, controles, seguimientos y todo eso cuesta un dinero que no tengo y que solamente él puede afrontar. Estoy de tres meses, justo desde aquella hermosa noche de despedida en la calle De los Fundadores, esa inolvidable noche en donde sentí que tu amor fue más poderoso que siempre, como si en vez de sentirlo como una despedida, lo hubieses querido ahí para siempre metido en el engrudo de tu vida – Unas lágrimas oscuras y dolientes surcaban el rostro triste de Alexander, sentado en su sillón con sus piernas cruzadas y extraviado en algún recuerdo que se le proyectaba en el techo como una película lacerante. Bianca quedó metida en sí misma jugando con los anillos de sus dedos que giraba y giraba mientras se perdía en una imagen del pasado que creía observar a través de la ventana del living. El misterio parecía haberse vestido de juez y hasta daba la leve sensación de haberse internado junto a sus miembros para dictar un veredicto final. El café de Bianca terminó por enfriarse solo y sin ser bebido; las galletitas de animales dormían aún en el plato blanco en donde Nora las había puesto y Alexander parecía estar aprisionado en un mundo intangible. Alguien debía cortar con este silencio, un silencio incómodo que no estaba resultando y que no conducía a ninguna parte. - ¿Lo vas a tener? – abrió Alexander sin despegar sus ojos del techo. - No me vuelvas a preguntar algo semejante – sentenció Bianca molesta por la propuesta de él. Ella siguió: - ¿Creés que puedo desprenderme de algo tan etéreo y glorioso como es gestar un hijo y más en las condiciones que yo tuve que hacerlo? - Es verdad, perdón, Bianca – respondió Alexander sensiblemente arrepentido de lo propuesto. Él siguió: - No busco que me comprendas ni que te pongas en mi lugar, sólo que no sé qué hacer, cómo actuar, qué responder, hacia dónde escapar. La vida me ha sorprendido y me ha aventado demasiadas cosas juntas para la edad que tengo y para el momento que estoy atravesando. Te amo, pero no me siento capacitado para hacerle frente a tamaña empresa. - Creo que no has entendido nada, Alexander – frenó Bianca con el objetivo de no dejarlo continuar con su exposición errónea. Ella siguió: - Sólo vine hasta aquí para compartir la noticia y mi alegría con vos, porque considero que sos la única persona con la que debo unirme en esta instancia de mi vida, nada más. El resto ya te lo dije: no pretendo que tus sueños y tus metas se vengan abajo por mí y por este bebé – Bianca cogió su bolso, se puso de pie y sin mucho más que exponer le dijo a Alexander: - Decile a tus padres que siempre los quise mucho - Ella sola tomó el mando, bajó el picaporte y abrió la puerta para emprender la retirada:  - Y a Nora hacele saber que le agradezco la invitación – 
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