EL NUEVO CAPÍTULO DE ALEXANDER

1398 Palabras
Apenas sintió que el motor de la camioneta se encendía y que emprendía la partida, Bianca dejó de disimular el sueño y se levantó para prepararse tranquila, tomar su desayuno y alistar a Emma para llevarla a un nuevo control pediátrico. Ese mismo 5 de septiembre, Emma cumplía sus cinco meses y, además de ese control rutinario, Bianca había ideado una gran celebración – como cada mes desde que nació – con muchos invitados para una noche que, desde temprano, prometía ser calurosa pero fabulosa.  Luego de los exámenes, llegando el mediodía, recorrió decenas de cotillones hasta encontrar cada una de las cosas que había anotado en su larga lista. Felipe prometió encargarse del resto para dejarle el campo libre a Bianca en su arduo trabajo de decorar la casa, preparar los suvenires, adornar el patio y embellecerlo con coloridas luces, y preparar las distintas exquisiteces para la gran fiesta de Emma. La noche parecía tener más estrellas de lo normal, el cielo estaba limpio y una brisa caliente cruzaba de este a oeste el patio de la casa. Nada porque preocuparse más allá de algunas noticias que habían corrido durante la tarde alertando a la población de posibles tormentas y de descontroles severos a nivel climático. Emma fue la reina de la noche, danzando de brazo en brazo por los casi setenta invitados que, junto a ella, engalanaron la fiesta que debía comenzar a cerrar sus puertas llegadas las diez de la noche, pero que se extendió hasta cerca de la una de la madrugada. Era lunes y, muy en el fondo, valía la pena la llamada de atención de los vecinos (reto que nunca llegó) por semejante despropósito un día semanal. Felipe y Bianca habían ingresado en una pendiente de convivencia más cercano a lo ideal, y ese logro, de alguna manera, lo trajo bajo el brazo Emma y lo depositó entre ellos. Ya en los últimos meses de embarazo de Bianca y los primeros cinco de vida junto a Emma, la relación entre ellos había tomado un cariz palpable y alentador, en donde el amor continuaba de espaldas por parte de él e inexistente del lado de Bianca, y si bien esa era una materia pendiente a trabajar en lo inmediato, el deambular dentro de la casa, algunos diálogos más amenos, las fiestas de Emma y esos acercamientos tiernos que sólo un pequeño puede provocar, hacían auspiciar un futuro más favorable que lentamente podían emparejar las cosas. Y si Bianca se había procurado la posibilidad de una reforma o la chance de un acercamiento como para tener una vida más llevadera, todo ese esfuerzo juntado como un ahorro sacrificado, se desmoronó una mañana cuando, después de diez meses, su vida volvió a cruzarse con la de Alexander, nada más ni nada menos, que en La Comarca. - ¡Bianca! – dijo atorado en una sorpresa Alexander. - Hola, ¿cómo estás? – Bianca parecía desmayarse en contados segundos mientras sostenía a Emma en sus brazos. - Ella es… - Sí, ella es – Bianca no lo frenó: él no pudo terminar su pregunta atacado por una parálisis que lo dejó sin vida momentáneamente. - Es muy preciosa, dijo Alexander rozando suavemente una mejilla de Emma con el revés de su mano – Él regreso su mirada a Bianca y ella permaneció extasiada en él, como necesitando imperiosamente ese instante supremo para recorrerse enteros y recordar sus momentos vividos. - ¿Qué ha sido de tu vida en este tiempo? – Pero Felipe no la dejó terminar. - Bianca, necesito una explicación, por favor – dijo Felipe en un tono bajo buscando entender algo de lo que estaba ocurriendo. - Todo es una coincidencia, Felipe – se interpuso Alexander, y continuó: - Este es uno de los salones más importantes y frecuentados de Cerrillo y alguna vez esto podía llegar a suceder, les pido mil disculpas. - Sí, es una gran verdad – respondió Felipe y siguió: - Yo te pido disculpas por increpar prejuiciosamente – Bianca soportaba estoicamente un mar destructor de lágrimas que empujaban desde adentro con furia animal para meterse de lleno en el alma y en el corazón de Alexander. Pudo vencerlo, lo pudo contener gracias a los mohines que Emma, en su inocencia, parecía repartir como paliativo de la situación. - Felipe, por nuestro tiempo que fue importante, necesito que me otorgues solo un minuto para despedirme de él, te lo ruego por lo que más quieras – dijo Bianca cortada notoriamente. Felipe, con caballerosidad y cierto recelo, no se opuso, y se retiró para dejarlos solos. - Yo sigo con mi vida y mis estudios, respondiendo a aquella pregunta que me formulaste y que no alcancé a responder – dijo Alexander regresando a la pregunta cortada por Felipe. - No sabés la alegría que me da saber que estás bien y que todo sigue viento en popa en tu vida – dijo Bianca perdida de amor en los ojos de él. Ella siguió: - ¿Cómo están tus padres y tu hermana? Si supieras lo que extraño a Nora… terminó por decir seguida de dos lágrimas intrusas que parecieron cortarle la garganta. - Ellos están bien. Basilio, solamente, tuvo un accidente gravísimo en su camioneta, pero de a poco se va recuperando – respondió Alexander intentando no caer en la misma angustia que ella. Él continuó: - Y la vieja sigue con sus locuras, o sea, nada ha cambiado sustancialmente – Estas últimas acotaciones de él dibujaron a duras penas una mueca feliz en el rostro de Bianca, mientras hamacaba en sus brazos a la pequeña Emma. - Quiero verte, necesito verte, por favor – dijo en un silencio audible Bianca y siguió: - Esto era lo que me hacía falta para despertar de esta horrible pesadilla que vengo viviendo desde que me fui de tu casa aquel octubre. No puedo más, te extraño con todo mi corazón y sólo Dios y nosotros dos sabemos que esta criatura es el fruto de nuestro amor. Prometí no ser una sombra en tu vida con respecto a ella y voy a cumplir mi palabra hasta el día de mi muerte, y así será, pero necesito estar cerca de ti, vernos, hablar, intentarlo de nuevo. Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario por no dejar morir nuestro amor, porque sé que me amás, lo siento y puedo verlo en tus ojos a punto de estallar. Dame esa oportunidad, Alexander, es lo único que te pido por el amor de mi hija – Bianca abrió su bolso de mano con cierta dificultad, y en un papel que dormía por casualidad en el fondo anotó con un lápiz labial su teléfono: - Tomá, llamame cuando quieras y a la hora que quieras. Felipe se va muy temprano y llega a casa recién a las diez de la noche – Apoyó el papel en la palma derecha de Alexander y cerró su mano, quedándose ella tomada por unos instantes. Acomodó su bolso, tomó bien a Emma y bajo un idioma mudo le dijo ‘te amo’. La casa de Martina, la prima hermana de Markell, se había transformado en el centro de juntadas y fiestas por ese entonces, y después de algunas reuniones, Alexander y Martina comenzaron a frecuentarse de una manera más íntima sin tener que depender de esos banquetes. Llegando las fiestas de fin de año el amor entre ellos parecía estar queriendo ingresar en una pendiente favorable, y ya hacía los primeros días de ese enero del ochenta y nueve, ambos comenzaron un camino ininterrumpido durante cuatro años. En abril del noventa y dos sellaron su amor en la Catedral Juan Bautista y seis meses más tarde, un 7 de octubre, tuvieron su premio merecido con la llegada de Aitana. La vida de Alexander dio un giro voluptuoso debido a esta inminente necesidad de cargar una familia al hombro y buscar otros horizontes, lejos, muy lejos, de aquellos sueños que no hacía mucho tiempo rondaban por su cabeza y llenaban su vida. Tres años más tarde, Lara asomó su existencia al mundo y todo terminó por completarse para darle un verdadero sentido a la idea familiar. Y como si se tratase de una bufonada de la suerte, Bianca sumó a su vitrina a Leire y a Noa, que vinieron al mundo exactamente en los mismos años que Aitana y Lara nacieron. 
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