QUINCE AÑOS

1433 Palabras
La vida pareció ir convenciéndola de que debía sentarse con mayor tranquilidad y rever, una vez más, cada uno de los aspectos que la trajeron hasta este tiempo al lado de Felipe. Y Bianca así lo interpretó, y en cierta medida – llevada por un crecimiento a nivel personal y en otra etapa de su vida - acomodó su bagaje para darle un ritmo más llevadero a su existencia al lado de su esposo. Pero había huecos que tapar, baches interminables que debían ser cubiertos de manera urgente, y los dos últimos nacimientos, vinieron a cumplir con esa misión, porque Bianca sentía muy en lo profundo de su ser y de su esforzada comprensión, que Emma era un dedo muy pequeño para tapar la inmensidad del sol. Hacia los primeros meses de dos mil cuatro la independencia económica y social volvió a tocar la puerta y a formar parte de la vida de Bianca cuando, recomendada por Alba – su hermana de la vida -, ingresó en una empresa de cosmetología dirigida por el íntimo amigo de Mikel, el ex marido de Alba. Sortear los tremendos escollos, que eran sus hijas y principalmente su marido, fue para Bianca un cometido duro de sobrellevar, pero que al final, logró obtener después de una lucha ardua que no necesitaba hacerse presente entre ellos. Y rápidamente - más allá de sus básicos conocimientos por el sólo hecho de ser una mujer coqueta y hermosa – avanzó en la empresa conforme fue pasando el tiempo y se acomodó como una de las tantas encargadas que Baeuty Face tenía en su grupo enorme, con decenas de vendedoras bajo su responsabilidad y dominio. Pero el paso cansino de quince años sin tener novedades el uno del otro, debía tener una pausa en una ciudad chica como lo era Cerrillo. En realidad, mucho era el tiempo que había transcurrido sin que la vida o el destino cruzara de nuevo los caminos de Bianca y de Alexander, y ese tiempo parecía estar perdiendo la paciencia o agotando su espera. Y la calle De los Fundadores se presentó una vez más como el escenario elegido por esta vida de sorpresas. Ahí, y en el mismo lugar en donde solía abordar sus taxis – como esa última vez en ese julio helado de hacía diecisiete años – Bianca, desde la vereda de en frente, fijó su mirada en la estampa de Alexander mientras aguardaba por el cambio de semáforo. Pudo haberlo esperado porque él debía pisar su misma vereda inexorablemente, pero se lanzó a buscarlo decididamente acuciada por un miedo irreverente de perderlo y de no verlo nunca más. Y en el medio de la senda peatonal, sin tener en cuenta las precauciones y los peligros, bastardeados por las bocinas y los insultos agraviantes de las personas que debían obligadamente detenerse, se estancaron y se perdieron en la mirada del otro, como en una dulce novela, desinteresados totalmente del mundo que los circundaba. Y una vez más el bar de los sueños resultó ser el recinto que los acogió en su aura mágica y dorada, en la misma mesa de siempre y engalanados por esa música de fondo que sonaba a descanso celestial, a la vista de todos, despojados de cautelas y totalmente desarmados ante posibles ojos acechantes. - Estás hermosa – abrió tiernamente Alexander. - Y vos estás hecho todo un hombre – respondió ella. Como era su costumbre, Alexander elevó su brazo derecho y pidió lo que sabía perfectamente necesitarían como compañía para este momento. - Quiero que me cuentes todo, Bianca – dijo Alexander enfundado en una ansiedad que lo desbordaba. Y continuó: - Me imagino que desenfundarás un millón de cosas después de quince años de no vernos. - Y me encantaría relatarlos segundo por segundo, pero te dormirías y es lo que no quiero – Una sonrisa conjunta decoró las palabras de Bianca y luego siguió: - Mi vida, querido Alexander, no ha tenido demasiados cambios ni muchos brincos en todo este tiempo. He andado por un camino demasiado recto, con curvas livianas, pocos atajos y contadas bifurcaciones. Sigo viviendo en la casa de Felipe, más allá de que él diga que es también mi casa, sentimiento que no escucho en mi corazón; tengo ya tres hijas (Alexander no podía camuflar su sorpresa escondido detrás de sus puños con sus codos apoyados sobre la mesa), Emma, la cual conociste aquella vez en La Comarca, Leire y Noa; ingresé en una empresa cosmetológica después de batallar a destajo con Felipe para volver a mi vida natural y volver a sentir lo que es tener libertad económica y nueva vida social, y en esa empresa logré escalar con mucho esfuerzo y sacrificio hasta que hace un tiempo me nombraron encargada y me dieron un grupo selecto de vendedoras a las cuales dirijo y con las que trabajo a gusto cada día de mi vida, y me he remitido a ser una respetada ama de casa y a volcar el cincuenta por ciento de mis energías en mi trabajo, de esa manera, cumplo con todos y nadie tiene derecho a reclamarme nada; sigo enamorada de vos y cada día es un padecimiento que puedo palear con las muchísimas responsabilidades que la empresa me propone, de otra forma, no sé si hubiese podido sobrellevar esta carga demencial sobre mis hombros. No me voy a resignar a perderte jamás, Alexander, porque fuiste, sos y serás el amor de mi vida y la persona que yo elegí para llegar a viejita. Dirás que pude haber hecho más, que pude haber torcido las cosas a nuestro favor más fácilmente y sin dejar que el tiempo vaya engullendo nuestra historia en su hambre desmedido, pero nada me fue fácil. Históricamente las mujeres hemos ocupado ese lugar detestable bajo la suela del zapato del hombre, y éste caso puntual, no sólo se ha dado de esa manera, sino, que ha tenido un agravante, el de vivir amenazada todo este tiempo a raíz de las locuras impartidas e inyectadas por mi madre. Después, una vez concluidos esos negociados, parecía todo demasiado tarde, porque ya estaba metida en un círculo harto vicioso del cual pude salir luego de años de lucha, perdiendo hasta mi dignidad para conseguir las libertades que recién te enumeré. Hoy, en cierto modo, y gracias a esta empresa y a la gente invaluable que allí trabaja, desde las que están en las altas esferas hasta Doña Carmen que es como mi segunda madre, la vida me sonríe y yo me siento con aquella seguridad y firmeza con la que me conociste – Bianca se veía y se notaba radiante frente a la estampa extraña de Alexander. Un halo grácil e iluminado podía aspirarse en esa contundencia que brotaba de cada uno de los poros de su cuerpo, una pujanza y un vigor que iban muy bien acompañados de esa luminiscencia natural y característica que hacía dar vueltas a hombres y mujeres cuando ella pasaba y dejaba sembrado su aroma maravilloso. Ella concluyó: - Bueno, el resumen fue bastante prolongado, pero por lo visto, no te aburriste ni te dormiste. Ahora pondré mis manos bajo mi rostro, como lo hiciste vos, y seré todo oídos. - Unos meses después de vernos en lo que alguna vez supo ser tu lugar de trabajo, conocí a Martina a través de un amigo entrañable con el cual nos habíamos separado por seis años. Ella es su prima hermana y las cosas se fueron dando hasta que en abril del noventa y dos nos casamos y también tuve dos hijas, Aitana y Lara, que son la luz de mis ojos. Me recibí de periodista y hace diez años que trabajo para ‘El Global’, un diario que prácticamente se ha transformado en mi segunda casa, con gente maravillosa que me tuvo la paciencia del mundo y me enseñó todo lo que hoy sé. También, mi amada Bianca, mi vida ha transcurrido por los mismos senderos, y puedo asegurarte que, si regresás por el tuyo hasta el punto en que nos separamos, y tomás mi camino, me vas a encontrar allí, de la misma forma, con mis mismos pensamientos y mis mismas convicciones. A diferencia tuya, yo tuve un noviazgo deseado y dentro de los cánones normales, pero a lo largo de éstos doce años de matrimonio, la vida, el destino, las circunstancias, el desgaste de lo cotidiano y, seguramente, las malas decisiones y el poco trabajo para darle un buen destino a esos malos pareceres, han ido marcando una brecha que nos ha costado cerrar o al menos disimular.
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