Primera parte de un plan bien armado

1655 Palabras

VITO La carretera hacia Palermo era una línea recta al infierno. Marcello conducía con una mano en el volante y la otra jugueteando con su cuchillo. Samuel iba dormido en el asiento trasero, como si fuera un día cualquiera. Yo, en cambio, no podía dejar de mirar por la ventana. Palermo. El maldito corazón de Rupert. Su red se alimentaba desde ahí. Era su centro logístico, su nido de serpientes. Y yo venía a prenderle fuego. Llegamos al apartamento que teníamos como base temporal. Marcello lo revisó todo en silencio, sin decir una palabra. Samuel despertó con los ojos alerta, como si nunca hubiera estado dormido. Y yo, finalmente, respiré hondo. La cacería comenzaba. El primer paso: detectar cada entrada y salida. Palermo no era solo un laberinto de calles viejas y callejones mugrient

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