Capítulo 5: Una noticia devastadora

1231 Palabras
Luego de varios días de su desgracia, Olivia entra en la tienda de ropa exclusiva con un aire distinto al de su primer día. Ya no es la chica que acaba de perderlo todo, después de casi tres semanas de trabajo arduo y silencioso, ha comenzado a ganar algo de respeto y eso la tiene animada, a pesar de todo. La boutique, con su interior elegante y lujoso, es el lugar donde ella se siente, por primera vez en mucho tiempo, aceptada. Aunque no es lo que estudió precisamente, nadie aquí la mira como si fuera un fracaso, tal como sus padres, su exjefa o el propio Khalid. Aquí es solo Olivia, la asesora de moda que sabe lo que está haciendo y que los clientes se pelean para que los atienda, la que le enseña a sus compañeras para hacer mejor la experiencia y que tiene por las nubes a su nueva jefa. —Mira, siempre nos enseñaron que la ropa oscura con zapatos blancos no se ve bien, pero si ambos tienen los detalles precisos, puedes hacer una combinación elegante y perfecta —le explica a una colega. La tienda especializada en alta costura y accesorios de lujo, recibe a los clientes más exigentes. Desde el primer día, Olivia se ha encargado de asesorar a los clientes con un gusto impecable, eligiendo para ellos las piezas que mejor se adaptan a sus estilos. Su jefa, la señora Taylor, está encantada con ella. Olivia tiene un ojo para las tendencias y un don para hacer sentir a cada cliente como si fuera el centro del mundo. Aunque el trabajo es exigente, Olivia disfruta la parte en la que se conecta con las personas, dándoles ese toque de confianza que ella, por mucho tiempo, no tuvo. Y, por culpa del desprecio de Khalid, probablemente nunca volverá a tener. Una tarde, mientras ayuda a una clienta a elegir un vestido de noche, Olivia siente un malestar repentino. Su estómago se revuelca y, por un momento, debe apartarse discretamente para no mostrar su incomodidad. Cierra los ojos por un segundo, sintiendo que algo no está bien. La clienta le lanza una sonrisa agradecida cuando finalmente se decide por un vestido en color esmeralda, pero Olivia no logra concentrarse por completo en su trabajo. Algo en su interior la inquieta. Y tiene razones para sentirse así. A las horas siguientes, el malestar persiste. No es algo grave, solo una sensación extraña que no puede ignorar. Cuando se va a su casa, Olivia se sienta en la cama y se toca el vientre, como si en ese pequeño gesto pudiera calmar sus pensamientos. Entonces, lo recuerda, corre a revisar su diario de vida, en donde va anotando meticulosamente su periodo y se da cuenta de la verdad… —Tengo un retraso. No le había prestado mucha atención porque su vida había estado demasiado centrada en la supervivencia diaria, pero ahora, el hecho de que no haya tenido su periodo se convierte en una preocupación tangible. —¿Qué se supone que debo hacer? Sabe que debe enfrentar la realidad como una mujer adulta, pero eso no le soluciona nada. Por eso, el día siguiente después de un rato de agonizar ante la posibilidad que tiene entre las manos, va a la farmacia y compra una prueba de embarazo. La toma con manos temblorosas, sabiendo que la respuesta podría cambiar su vida de una vez por todas. Pasan los minutos y cuando la ve sobre el lavabo, se lleva las manos a la boca para no gritar. La prueba se muestra ante sus ojos con claridad. —Mierda… es positiva. El miedo se apodera de su cuerpo y su mente se nubla. En una fracción de segundo, Olivia experimenta una especie de desconexión emocional. «No puede ser… ¡pero claro que puede ser!», se dice así misma. De pronto se siente mareada, como si todo se estuviera desmoronando alrededor de ella. Y en ese instante, a pesar de todo lo que debe pensar, se le ocurre una sola pregunta, ¿cómo puede estar tan sola en este momento? Un sollozo escapa de sus labios antes de que pueda controlarlo, cierra los ojos y deja que las lágrimas caigan por su rostro. El peso de la responsabilidad, la incertidumbre, el miedo y la vergüenza la aplastan. Durante horas, Olivia no se mueve de su cama. La idea de ser madre, de cargar con una nueva vida dentro de ella, es por lo bajo aterradora. ¿Cómo podría hacerlo sola? Las imágenes de su familia la golpean en la mente, la decepción en sus ojos, el rechazo de su padre. Ninguno de ellos la ha apoyado como a otras compañeras de estudio, y ella misma se siente perdida, sin saber cómo continuar, a pesar de ser una adulta. Por un momento, se cuestiona si realmente está preparada para ser madre, si debería seguir adelante con este embarazo. —¿Debería abortar? —se pregunta mirando el hiyab entre sus manos. Es la única solución que se le ocurre, pero la idea le resulta aún más aterradora. Los recuerdos de Khalid el día en que se conocieron, se entrelazan con la realidad del momento. ¿Qué hubiera pasado si él no fuera quien es? ¿Y si la situación fuera diferente? Se pregunta si él estaría dispuesto a ayudarla, pero sabe en lo profundo que esa posibilidad es más un sueño que una realidad. Él la rechazó sin dudarlo cuando tuvo la oportunidad. ¿Qué podría ofrecerle ahora? A medida que las horas avanzan, Olivia se debate entre sus emociones. La decisión que debe tomar es enorme. A la vez, se siente culpable por pensar en el aborto, y su amor por el bebé crece en su interior poco a poco. Sin embargo, no es solo una vida la que depende de ella. ¿Cómo va a cuidarlos? ¿Cómo va a estar a la altura? En la mañana siguiente, la claridad comienza a entrar en su mente, pero solo por un instante. Olivia, con el rostro mojado por las lágrimas de la noche anterior, se mira al espejo. Se siente vacía, pero también se da cuenta de que debe seguir adelante. No puede rendirse. Tal vez no tenga el apoyo que necesita, tal vez Khalid nunca se responsabilice de lo que ha sucedido, pero eso no cambiará la realidad que ahora enfrenta. —Es que ni siquiera se enterará de que nuestro encuentro en el avión tuvo consecuencias —se dice mirándose al espejo—. ¿Por qué demonios no me fui…? En ese momento, Olivia siente una mezcla de tristeza y desolación. Olivia pasa la tarde de ese día en la tienda, atendiendo a los clientes con una calma que no siente en su interior. Cada vez que alguien la mira, ella mantiene su sonrisa, pero internamente se siente a punto de romperse. Por la noche llega exhausta y se excusa de comer. Se deja caer sobre la cama, mirando al techo. —¿Qué sigue ahora? —no tiene idea de cómo responderse eso. Cierra los ojos, abraza la almohada y se siente desolada. Tal vez por la mañana tenga la respuesta a todas esas interrogantes, por ahora… solo le queda llorar y pensar en el hombre que la deslumbró con sus ojos y luego con sus labios la condenó al peor de los delirios.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR