Narra Nancy.
Tiempo atrás.
La arcilla que moldeo formando lo que salga de mi imaginación y corazón se desliza entre mis manos dándole vida muchos minutos después a una hermosa escultura: un Golden Retriever cachorrito con la cabeza ladeada sacando la lengua.
Suspiro mientras quito los rastros de arcilla con agua y las miles de veces que Oliver me ha hecho ese gesto pasan por mi mente como una colección de CD’s de los años Dorados.
—Quiero que este sentimiento que tengo el pecho se vaya ahora mismo —Expreso viendo el fondo de mi teléfono en donde hay una foto de ambos dándonos un beso —Porque quiero ser fuerte para ti.
Ha pasado un mes desde el día en que Oliver llegó borracho a este departamento. Sé que no ha vuelto a ingerir alcohol porque durante el día sus hermanos lo mantienen ocupado con el taller de mecánica que han fundado, y entre las clases y sus estadías cada noche aquí no le da tiempo de detenerse a hacerlo.
Desde ese día quiero pensar que no ha vuelto a sentirse tan mal como lucía, y aunque lo haga pues no me lo ha hecho ver. La situación me ha preocupado al punto de que cuando me hallo sola, sin él, me como las uñas, ando masticando chicles sin cesar o compro mucha arcilla para matar la ansiedad que me genera el sentir que algo pasará.
Un mensaje llega a mi teléfono y al desbloquearlo sonrío con nostalgia.
Amiguita: Nan... ¿qué dices de salir al cine esta noche?
No puedo responderle el mensaje negando porque eso aumentará su molestia. En las últimas semanas he estado evitando salir con ella y David porque no quiero que se preocupen por mí al estar preocupada por Oliver. No quiero alarmarlos, quizás dentro de poco volveré a sentir que todo está bien.
Y aunque sé que les debo una explicación por mi distanciamiento, sé que están al tanto de que durante la mañana estudio, en la tarde trabajo diseñando en línea y en la noche me dedico a Oliver, sí, como si fuera un pequeño.
Amiguita: Si ni respondes me molesto más...
Hago un ligero puchero, y sonriendo me animo al pensar que después de todo, no me haría mal distraerme. Quizás a Oliver le guste la idea de salir e invitemos a Alexandru, el cual ha estado también metido en su propio mundo. Lo cual me hace pensar en lo mucho que todos hemos cambiado después de la secundaria.
Pero como si se tratara de una señal, “Quiero decirte” de Guaco suena indicando una llamada entrante de mi novio.
—¿Nancy? —Mi sonrisa se cae al darme cuenta que no es Oliver quien ha llamado. Es su otro hermano, Jorge.
Me llevo la mano al corazón que palpita desesperado, asustado —¿Le pasó algo a Oliver?
—Nancy... ¿podrías... solo...? —Su voz está rota y me imagino lo peor —¿Podrías venir a la casa? Por favor, necesitamos decirte algo.
¿Necesitamos?
—Bien, bien, dame un momento. Ya mismo salgo.
Al colgar, ya que me he bañado esta mañana y es medio día, quito mi delantal, me coloco lo primero que encuentro: una falda de jean y encima de mi camisa de mangas azul coloco la chaqueta de cuero n***o que me ha regalado David...
Soplo el mechón rebelde de mi cabello cuando recuerdo que se irá y tomo mi teléfono y la cartera. Al bajar finalmente las escaleras, con el corazón en la garganta y comiéndome las uñas detengo a la primera camioneta que pasa por mi frente. Y minutos más tarde bajo del transporte como alma que lleva el diablo.
—¿Qué...? —Las palabras no pueden salir de mi boca al ver una ambulancia frente a la casa de mi chico, así que corro tan rápido que siento que podría enredarme y caer.
—¡Nancy! —Henry me detiene antes de entrar a la casa y puedo escuchar a la ambulancia irse mientras Jorge grita dentro de ella algo que no puedo entender.
—¿Qué pasó? —A este punto mi respiración ya está agitada —¿Quién... quién está en la ambulancia? ¡Henry!
Veo a todos lados en busca de respuestas pero él solo me da paso a la casa, y cuando inspecciono el lugar me encuentro a mi novio con la cabeza entre las piernas meciéndose rápido hecho un mar de lágrimas.
—Amor... —Me arrodillo levantando su cara, y en cuanto me ve me abraza con tanta fuerza que siento que me asfixiará, pero lo soporto.
—Y-yo... él...
Sigue sollozando en mi hombro y cuando mi vista busca una explicación veo un cuchillo lleno de sangre en el piso. Mi corazón palpita sin control y él se separa de mí sin verme a los ojos y me muestra sus manos las cuales están temblando.
Están manchadas de sangre fresca.
Mi mirada confusa va hacia Henry y él me susurra un:
—Fue a papá...
Me llevo la mano a la boca tapando mi asombro y me siento en el piso dejando que Oli se hunda en mi pecho mientras llora sin consuelo.
—N-nancy no te va-vayas... —Hipea, y me parte el corazón —No te vayas n-nuunca, por favor...