Manipulación en las sombras

954 Palabras
Finalmente, Alina accedió a asistir al desfile de la moda en París. Siempre acostumbra a asistir a esos eventos con su hijo, Adlen Dawid. Extrañamente en esa ocasión no fue así. La noche de París se desplegaba con su habitual esplendor, pero Alina sentía una inquietante sensación en el aire, así se sentía desde la muerte de Max. La gran pasarela del desfile estaba preparada, los focos iluminaban las figuras de modelos que caminarían con la elegancia de diosas modernas. Alina decidió asistir para romper con sus propios temores, para recordar que todavía existía algo fuera de la oscuridad en la que se había sumido desde las condiciones en que falleció Max. Pero mientras se arreglaba en su habitación de la suite del hotel, con los dedos temblorosos mientras ajustaba su vestido n***o, el peso de la incertidumbre la atenazaba como una presión invisible. Su reflejo en el espejo la observaba con frialdad. Era una mujer hermosa, de piel impecable y cabellera rubia, abundante, que caía en ondas rebeldes al natural suaves sobre sus hombros y descansaba en sus caderas. Los ojos, de un verde profundo, reflejaban una mezcla de emociones: el cansancio de los años, la añoranza de algo perdido y la furia de no saber hacia dónde se dirigía. A pesar de su elegancia, algo dentro de ella la hacía sentir rota, como una pieza de porcelana que había sido reparada sin amor. La fragilidad de su ser resonaba en su propio cuerpo, como un eco apagado. —Solo hoy, Alina. Solo hoy, sonríe —se dijo a sí misma. Trató de deshacerse de la sensación que la envolvía, de esa pesadilla que la perseguía aún en la luz. Al salir de la habitación, un ramo de rosas la esperaba sobre la mesa de su suite. No era un ramo común. El envoltorio oscuro parecía opacar el brillo de las flores, y cuando lo levantó, un estremecimiento recorrió su columna. Entre las rosas rojas y blancas, había dos rosas negras. Solo dos. Algo dentro de ella se tensó. «¿Quién enviaría algo así?», cuestionó en su mente como un mal presagio. La tarjeta era breve, pero su mensaje estaba impregnado de una amenaza sutil. "Para la joya más rara, la que no puede brillar para nadie más que para mí." Una ola de frío se apoderó de su pecho. Las rosas negras eran la señal inequívoca de que alguien la acechaba en las sombras. Su mente no pudo evitar pensar en él. Viktor. Pero lo descartó. Con pasos largos y firmes, Alina, se dirigió al evento, tratando de sacudirse las sensaciones que la atormentaban. Pero cuando llegó al desfile, algo no estaba bien. No podía identificar exactamente qué era, pero algo se le escapaba entre las luces y la multitud. En un mundo donde todo brillaba y brillaba demasiado, una sombra se deslizó por los pasillos, invisible para todos menos para ella. La sensación de ser observada se coló en su piel, provocándole que su corazón latiera más rápido. En la pasarela, las modelos caminaban como fantasmas de otro mundo, pero Alina llegado su turno si bien lo hizo con el profesionalismo y la elegancia que le caracterizaba, no logró concentrarse. Cada movimiento de la multitud, cada risa, cada murmullo, le hacía sentir una presión en el pecho. Y luego, cuando se acomodó en su asiento, vio algo. Un reflejo en el espejo enorme que cubría una de las paredes del desfile. En su reflejo, una silueta oscura cruzaba rápidamente, desdibujada, como si el espacio estuviera deformándose. Alina parpadeó varias veces, intentando aclarar la visión. Pero la figura desapareció, dejando solo un vago y perturbador sentimiento de que algo había estado allí. El miedo se apoderó de ella. Sintió la garganta apretada, y el aire pesado. —No puede ser… —susurró. Pero antes de que pudiera hacer otra cosa, alguien se acercó. El ambiente del desfile cambió en un instante, se volvió más espeso, como si todo estuviera bajo la influencia de una sola persona. Una copa de champagne apareció frente a ella. La miró por un segundo. —Se la envía el caballero de la mesa de la esquina —le dijo el mesero. Alina giró lentamente la cabeza y a través de la multitud, entre la gente que estaba celebrando, un hombre la observaba fijamente. No lo vio claramente, pero creyó distinguir la fuerza en su presencia, una presencia que dominaba sin esfuerzo. Una sensación conocida recorrió su cuerpo. La tensión en su estómago se incrementó. La sensación de ser invadida por algo que no podía comprender, algo que la ataba de nuevo a un pasado del que no había podido escapar. La copa de champagne que tenía en sus manos tembló, pero Alina logró mantener el control. O eso pensó, hasta que sintió su pulso acelerarse y la ansiedad en su pecho estallar. No supo cómo reaccionar. Dudó, no lo creía posible, pero se veía tan real, tan vivo, tan igual… que sin darse cuenta, sus pies comenzaron a moverse hacia el desconocido. El murmullo de la gente continuó a su alrededor, pero todo se sentía borroso. La imagen del desconocido por momento fue como una sombra oscura, tropezó con alguien y al volver la mirada la silueta ya no estaba, pero la sensación de su presencia seguía en el aire, espesa y apremiante. Llegó hasta la mesa y ahí solo estaba una copa de champagne a medio tomar y una nota disputa al lado como si la estuviera esperando. “Solo debes brillar para mí, Alina... Nadie más puede estar cerca de una joya tan única y preciosa. Brilla para mí, Alina." El miedo que había estado intentando ignorar ahora era un grillete en su mente.
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