Capítulo 4

1236 Palabras
A la mañana siguiente, cuando James recogió a Savannah en la casa de acogida, el abogado lo acompañó, aún tenían que reunirse y ver cómo sería tratado el tema de la venta de la casa, así como otros bienes que tenía el matrimonio. —Lo primero que debe usted hacer cuando regrese a Londres es abrir una cuenta a nombre de Savannah, esa cuenta será administrada por usted para todo lo que tenga que ver con alimentación, colegiaturas, seguros médicos y demás. Ellos siempre trabajaron para el bienestar de su hija. —Tengo que llevarme toda la documentación en regla, de esa manera garantizo su permanencia en el reino unido, de lo contrario puedo tener problemas con migración. —Todo estará listo, pero los documentos más importantes son el que certifica el fallecimiento del matrimonio y donde lo dejan a usted encargado del cuidado de Savannah. Cuando salieron de la casa de acogida se dirigieron al bufete de abogados para arreglar todo para el viaje, James tenía que estar en Londres en tres días, allí tenía compromisos que no pudo aplazar. Con toda la documentación en regla para que ella pudiera acompañarlo a Londres, James y Savannah fueron a la casa donde vivió con sus padres. Era la última vez que estaría en la casa donde había vivido desde que tenía uso de razón, y él, la primera vez que estaría en la casa donde vivieron sus amigos desde que se casaron. Para él todo era extraño, para ella extrañaría todo lo que había en ella. —¿Quieres pasar? —preguntó. Quería estar seguro. Todo lo que estaba dentro le dolería. Ella contestó siguiendo adelante. Sabía que nunca más podría estar tan cerca de sus padres como en ese momento. Lo primero que hizo fue entrar a la habitación del matrimonio, sentía que las lágrimas la quemaba por dentro, pero las dejaba salir sin permiso. Dejó la puerta abierta, por lo que James se quedó observando desde la entrada. No entró. Sentía que ese momento era de ella, que tenía que vivirlo en soledad, pero también sentía que, si lo hacía, estaba invadiendo un espacio privado donde él nunca tuvo ninguna cabida. Savannah no hizo ningún ruido, observaba todo, quizás con la esperanza de guardarlo en su cerebro y que no se le olvidara nada, después de un rato salió con una foto de ella y sus padres debajo del brazo. —Te espero abajo. —dijo cuando la vio dirigirse a otra habitación, James supuso que era la de ella, así que decidió esperarla en el salón. Cuando estuvo abajo no se quedó tranquilo, a pesar de sentir que estaba en un lugar donde no había sido invitado, sentía curiosidad por ver cómo vivían. El salón era bonito y amplio, había un sofá grande y una tele. las fotos de Savannah llenaban cada rincón. A un lado estaba el comedor y al final la cocina, en ella había una isleta grande con tres sillas, James imaginó que ahí es donde más vida hacían. —Tuviste lo que siempre quisiste, una familia, una casa y tu profesión, nunca ambicionaste grandes cosas, pero fuiste feliz. —Jame hablaba solo, no se daba cuenta de que expresaba lo que pensaba en voz alta —. Otros ambicionaron grandes cosas y las consiguieron, pero nunca han sido felices. —lo dijo por él. No era feliz, pero también entendía que la felicidad eran pequeños momentos y siempre había intentado disfrutar esos momentos y con eso tenía suficiente. Al fondo había una puerta cerrada, se acercó y la abrió, era una oficina con dos escritorios, ellos eran abogados y James se imaginó que ese era su lugar de trabajo cuando estaban en casa. En la pared estaban colgados sus títulos y una foto de cada uno el día de la graduación. Se veían felices. En una de las fotos, James notó el abultado vientre de embarazada que tenía Brenda. Fue una mujer con una energía increíble, quizás eso influyó para que se enamorara como lo hizo. Las mesas de trabajo estaban llenas de carpetas, le echó un vistazo y al parecer eran expedientes de clientes, llamó al abogado para ver que se podía hacer y que su bufete se hiciera cago de esos casos. además, tenían que ver que iban a hacer con las cosas personales del matrimonio. James apostaba por donar todo lo que Savannah no se quedara, y en vista de que viajarán a Londres veía poco probable que se quedara con muchas cosas. La casa se podía vender con todo dentro, eran muebles modernos y en buenas condiciones, así que eso incrementaría su valor y todo lo que se pudiera reunir para el futuro de Savannah sería de gran ayuda. Cuando salió de la oficina la vio sentada en la isleta donde supuso que se sentaban todos los días a comer, encima tenía un montón de portarretratos y de ellos sacaba las fotos dejándolos vacíos. No dijo nada, tan solo se quedó allí observando como lloraba y por un momento se hizo eco de ese sufrimiento y también lloró, así que se acercó y la abrazo. Después de la muerte de sus padres, ella no había hablado, solo se expresaba con las lágrimas. En ese momento no rechazó su abrazo y eso era importante para su recuperación, que no se aislara, que no se encerrara y apartara a las personas que podían ayudarla. —Llora, te ayudará mejor que las palabras. —no tenía nada más que decirle, porque por más que rebuscara la palabra correcta sería muy difícil encontrarla. Un rato después, el abogado llegó a la casa atendiendo al llamado de James. Decidió llevase todo el trabajo pendiente que había dejado el matrimonio, en el bufete lo repartiría a colegas que tenían menos trabajo. Además, llegaron a un acuerdo con las cosas personales del matrimonio. Savannah estuvo presente en todo momento, se le preguntaba cuando teníamos dudas y ella respondía afirmando o negando con la cabeza. Se decidió donar las cosas personales, después de eso no quedaba nada más por hacer. Cuando el abogado se fue James decidió regresar al hotel, podían quedarse en la casa, pero eso solo acrecentaría el dolor de Savannah. De camino, tomó una decisión. No sabía cuándo volvería Savannah a América, por lo que se le ocurrió una despedida. —¿Quieres que pasemos por el cementerio y te despida de tus padres? —ella asintió y sus ojos tristes se iluminaron por unos segundos. —Vamos, no sabemos cuándo regresaremos a América, pero tus padres están aquí. —señaló con un dedo su corazón. Compró unas flores en el camino y se las dio, cuando las colocó en la lápida vio que sacó algo de su bolsillo y lo dejó junto a las flores. Era un chupete y eso lo desarmó, pero tampoco dijo nada. Todas las fotos que sacó de los portarretratos las llevaba en las manos, no quiso guardarlas y estuvo todo el vuelo mirándolas. James no hizo ningún comentario. Cada persona afrontaba el dolor de muchas maneras y esa era la forma que tenía una hija de aceptar que sus padres se habían ido, que ya no estaban. —¡Mira! Eso que ves abajo es Londres. —dijo intentando despertar el interés de Savannah, pero ella ni se inmutó. Londres, París, América, cualquier sitio le daba igual, en ninguno de ellos estaban sus padres.
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