Capítulo 3

1812 Palabras
— ¡Señor Bromer! Lo estaba esperando, mi compañero me ha dicho que ayer me buscaba. —Oficial, quiero… —No se preocupe, señor Bromer, todo le será aclarado—interrumpió la oficial de policía—. Entiendo que usted tiene que asimilar muchas cosas, pero aquí estoy para cualquier pregunta o aclaración. —La niña… Savannah… —A ella no podrá verla aún, recuerde que está recibiendo ayuda psicológica, no es fácil para alguien de su edad perder a sus padres y a un hermano antes de nacer. —Lo entiendo, pero… —No se preocupe, la verá, solo que antes, tenemos que reunirnos con un equipo de abogados y psicólogos de la policía que le aclararán mejor la situación. —la mujer hablaba y miraba fijamente a James, como si con la mirada pudiera deducir que tipo de hombre era—. Necesitamos estar seguros de que usted asumirá esa responsabilidad antes de presentarle a Savannah, no queremos causar más traumas en su vida y si lo conoce y usted decide irse eso le creará una inestabilidad y no es lo que queremos. —Entiendo que la niña está sola, pero ¿De verdad no hay nadie que pueda asumir esta responsabilidad? Oliver y yo hacía tiempo que no teníamos ningún contacto. —Ya hemos hecho indagaciones, el padre del fallecido hace años que murió y nosotros lo único que estamos haciendo es cumplir los deseos del matrimonio al elegirlo a usted para que cuide a su hija. —Entiendo, pero, ni siquiera la conozco. —Mire, vamos a reunirnos con los abogados, de hecho, tengo entendido que usted vive en Londres. imagino, que de quedarse con la menor, la llevará con usted, pero además hay otras cosas en la que usted debe tomar decisiones, eso se lo explicarán los abogados. Llegaron a un edificio donde había varias oficinas, en el cartel en su puerta se podía leer; ACF, USAGob, por sus siglas, se trataba de la administración de asuntos de niños y familias. Había varias personas esperando. —Bien, señor Bromer, yo soy el abogado con quien el señor Walker manejaba algunos asuntos y fui quien se puso en contacto con la policía para darle el documento donde él lo encomendaba a usted para el cuidado de su hija si algo le pasara. —James Bromer. —Le aseguro que solo fue una medida de precaución, los Walker eran muy meticulosos con sus cosas, eran abogados y les gustaba mantener todo en orden. —el abogado miraba a todos los presentes sin inmutarse —. Por lo que también dejaron estipulado que en caso de que algo les pasara, todos sus bienes se venderían y pasarían a una cuenta para los estudios y la manutención de su hija y lo que quede le será entregado al cumplir ella la mayoría de edad. —Pero yo no puedo quedarme en América por tanto tiempo, debo regresar a Londres. —James se sentía abrumado con tanta información y responsabilidad. —En ese caso usted dejará un poder para que la casa sea vendida y el dinero le sea ingresado en la cuenta que se abrirá a nombre de Savannah. —De acuerdo, y la niña… Savannah… de hacerme cargo de ella me la tendré que llevar al reino unido. —Lo sabemos, pero antes, tenemos que asegurarnos del bienestar de ella, así que programaremos una cita para que la vea y si todo fluye podrá llevársela cuando el equipo de psicólogos lo autorice. Cuando James salió de allí en vez de tomar un taxi decidió caminar, necesitaba pensar, era mucha responsabilidad para un hombre que desde hacía años vivía solo, de hecho, su casa solo era invadida alguna noche cuando Ethan llegaba de sorpresa y en el último año, ni siquiera eso, pero el resto del tiempo no había nadie que controlara sus idas y venidas. Nadie se preocupaba por él y él no se preocupaba por nadie, así vivía desde hacía años, pero todo cambiaría si decidía quedarse con la hija de su amigo. Pero, ¿qué opción tenía? Ya le habían informado que de no hacerlo, el estado buscaría un hogar para ella y si eso pasaba Oliver y Brenda no se lo perdonarían nunca. No se sentía obligado, ni siquiera comprometido, más bien lo sentía como una cuestión de honor por los viejos años de amistad con Oliver y por el amor que sintió por Brenda, aunque todo al final se haya ido al garete. Quizás ellos, al tomar esa decisión pensaron lo mismo, pensaron que a pesar de todo, él actuaría con certeza, dejando a un lado esos años de rencor para convertirlos en esperanzas y sueños de una niña de trece años. Quizás era la recompensa que ellos decidieron dejarle por malograr una amistad al enamorarse. Fue algo que ellos no pudieron controlar, y a James le consta que intentaron separarse, intentaron no verse para no hacerle daño a él, pero al final no pudieron. De nuevo los recuerdos se agolparon en su cerebro como dagas envenenadas. Después de esa noche donde cenaron los tres y donde él se sintió desplazado, todo siguió su ritmo aparentemente, pero ellos estudiaban la misma carrera y tenían muchas asignaturas en común, ese era un punto a su favor que él no tenía. Ellos se veían con frecuencia, mientras que él era un estudiante de término de la carrera de arquitectura, por lo que, empezaron a hablar y según ellos, las cosas se fueron dando sin darse cuenta. Brenda terminó con él en cuanto se dio cuenta de que estaba enamorada de Oliver, pero no le dijo los motivos, no quería ser la causante de malograr la relación de dos amigos, Oliver se alejaba cada vez más y cuando hablaban no lo miraba a la cara, por eso empezó a sospechar, pero tampoco dijo nada, se quedó esperando que fueran ellos quienes lo hicieran, pero aun así, nunca perdió la esperanza de recuperar a Brenda, hasta ese día cuando los encontró abrazados fue cuando la perdió por completo y con ella a su amigo. Esa forma de abrazarse, esa unión, esa mirada jamás la había visto cuando estaba con él y corazón entendió todo, solo que también era un corazón adolorido y lleno de rabia. — ¿Por él has terminado conmigo? Eres una p… —Ni lo digas. —interrumpió Oliver mirándolo a la cara—. Ella no tiene la culpa de nada, cúlpame a mí si quieres. —Oliver se acercó y lo miró a la cara—. Pégame, no me voy a defender, no te imaginas las noches sin dormir, los días con sol, pero que para mí eran grises, no te imaginas la de veces que me he flagelado diciéndome que soy el peor amigo del mundo, pero la quiero demasiado. —James, hemos intentado mantenernos alejados, pero no hemos podido, perdóname por favor. —la cara de Brenda estaba mojada, las lágrimas caían a borbotones. —Nunca esperé esta traición de mi amigo. —No es traición, es amor, te juro que hemos intentado evitar vernos, tocarnos, pero nuestras almas son las que se buscan sin permiso. — las lágrimas de Oliver bañaban su cara —. Siempre serás mi amigo, pero nos hemos enamorado sin quererlo y si quieres ahora mismos nos separamos para no vernos nunca más, pero los tres seremos infelices, porque ella no te ama. —A ti tampoco, eso no es amor. —gritó James enfurecido. —Si lo amo James, nos amamos, lo amo tanto que estoy dispuesta a pedirte perdón de rodillas con tal de que lo perdone a él, solo así vamos a estar bien. —Iros al infierno, no quiero saber nada de ninguno de los dos. —esa fue la última vez que los vio, decidió mudarse a Londres, hacer su vida y olvidarse de todo, pero como dije antes las cartas estaban echadas y nosotros solo somos jugadores en un mundo perverso y lleno de trampas. Al día siguiente era la cita de James y la oficial de policía para encontrarse con Savannah. James estaba muy nervioso, conocería a una adolescente, que estaría llena de rabia, con ganas de patear a todo el mundo por lo que les había pasado a sus padres, él pensaba en lo que le esperaba y temblaba de los nervios, aún recordaba la adolescencia de Ethan y no fue nada fácil. Cuando llegaron al centro de acogida, James se acongojó, si decidía no quedarse con la custodia de esa niña ella se quedaría ahí hasta que fuera mayor de edad, porque por su edad era muy difícil que una familia la acogiera. Esperaron por unos minutos y Savannah llegó acompañada de dos personas. Lo primero que hizo fue mirarla a la cara, era una niña preciosa, muy parecida a su madre, llevaba puesto un chándal que marcaba su silueta, lo único que tenía de su padre eran sus ojos verdes. James se quedó estático, la foto que estaba en el altar de sus padres no le hacía ninguna justicia, en ella era una niña desaliñada, pero esa niña se estaba convirtiendo en una mujer preciosa, al igual que su madre. —Señor Bromer, ella es Savannah Walker. Savannah, él es el amigo de tus padres a quien ellos decidieron dejar a cargo de tu cuidado. — ¡Hola! —fue la única palabra que dijo James, pero Savannah no respondió, ni hizo ningún intento de moverse. James se sorprendió, pensaba que encontraría a una adolescente peleándose con todo el mundo por lo que le había pasado, en cambio, Savannah estaba muy tranquila, al parecer todo le daba igual. —Lo siento señor Bromer, pero Savannah después de lo que pasó no ha dicho una palabra, pensamos que aún sigue en chock, estamos trabajando en ello. —cuando James vio la situación cambió enseguida su discurso, sus dudas desaparecieron, sus amigos nunca lo perdonarían si dejaba a su hija en ese hogar, en esas condiciones, necesitaba cariño y protección y él le daría todo eso. — ¿Cuándo me la puedo llevar? —preguntó, asombrándose de la pregunta. —Haremos un informe para que la sigan tratando en Londres, ahora mimo lo importante es no dejarla sola, y aunque ella no hable, hay que hablarle, que sienta el apoyo de las personas que la quieren. —ese era el gran problema, las personas que la querían ya no estaban y los que estábamos teníamos que aprender a quererla. —Quiero sacarla de aquí cuanto antes. —Tendremos toda la documentación lista para mañana, así que le avisaremos para que venga a por ella. —la oficial miró a Savannah por un momento, parecía ajena a todo —. ¿Estás de acuerdo Savannah? —ella respondió con un movimiento de hombros, ese que significa; todo me da igual.
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