Los meses fueron pasando, y cada uno era peor, había empezado, a sentir otros tipo de síntomas, mi mal humor empeoró, enormemente, me costaba respirar e incluso comer, me sentía asfixiada, mi madre estaba viviendo con nosotros, pero pronto se mudaría a su propio departamento, había vendido la casa de mi infancia, y el mayor de mis tesoros, recordaba a mi padre día y noche, sin poder dejar de llorar lo, siempre alzaba una oración al cielo, pidiéndole por su descanso eterno, ojalá Dios me escuche y le dé la paz que necesita, el alma perdida de mi padre, porque a pesar de todo, él siempre fue bueno conmigo. Estaba en el mes número nueve, pero me había empezado a sentir, demasiado mal, hasta tal punto que me desmaye, cayendo en el piso de la sala, mi madre fue quien me consiguió y alertó a Ed

