** Capítulo con alto contenido erótico **
Con su dedo medio, toma una porción de crema y la acerca a él.
—Prueba — susurra viéndolo directo a los ojos, él, ya bastante exitado, saca la lengua y lame la crema en el dedo, limpia cualquier rastro del alimento y aun así no saca el dedo de su boca.
—¿Te gusta?
—Es lo mejor que he probado, quiero más.
Támara vuelve a tomar crema pero esta vez la unta en su pecho, justo encima del encaje de la blusa, él la observa con deseo y lujuria, la toma de la cintura, saca la lengua y sin dejar de ver sus ojos lame el pecho de la provocativa mujer.
—Deliciosa, ¿puedo comer más? — pregunta con voz ronca.
—Claro — de nuevo se unta crema aunque más abajo, corre un poco su blusa y coloca crema donde comienzan sus protuberantes senos, muerde su labio mientras observa la lascivia con que es limpiada su piel.
—Me encanta esto — confieza mientras sigue pasando la lengua.
—Te daré mas— responde Támara retrocediendo un paso, se sienta sobre la barra y se desprende de su blusa para quedar unicamente con el pequeño short, Tobias abre la boca y jala aire a sus pulmones, ella toma crema con su dedo medio y coloca una generosa cantidad sobre sus duros pezones que parecen apuntar al joven.
—Támara — gruñe Tobias.
—Pruebame — pide inclinándose hacia él.
Ambos están fuera de control, Támara lo insita y provoca cada vez más, Tobias es preso de su erotismo, no puede más que obedecer y disfrutar con el juego que ella comenzó y que ninguno de los dos quiere frenar, Támara se abraza a él y gime cuando uno de sus pezones es mordido, no le produce dolor sino placer y deseo de ser mordida en otras zonas. No hay rastro de crema pero esos pechos continúan siendo besados y ahora succionados, Támara siente tanto placer que los gemidos llenan el pequeño departamento, con esfuerzo logra deslizarse y deshacerse del short, ahora esta desnuda, no siente ningún tipo de vergüenza, no se incomoda, por el contrario, esta disfrutando de su sexualidad y de la libertad que esto le produce.
—Eres perfecta— confiesa Tobias admirando a la mujer que se ha desnudada para él.
—Sírvete — coge el bote de crema y se lo entrega a Tobias para que él elija donde la quiere poner, Támara se apoya con las manos en la barra y arquea su espalda hacia atrás para que el hombre tenga libertad en su cuerpo, él no desperdicia la oportunidad y con dos dedos, embarra el abdomen de Támara, ella gime fuertemente cuando siente la calidez con que es limpiada, Tobias repite la acción pero ahora más abajo, al ver que ella lo disfruta y no lo detiene continua bajando y lambiendo, sin dejar de verla a los ojos, toma más del postre y unta los labios perfectamente depilados, espera alguna señal de incomidad para detenerse, pero al no obtenerla, baja y lentamente quita el producto con la lengua, no se adentra, solo barre la dulzura superficialmente, con esta acción se gana el gemido más sensual que haya escuchado.
Támara, no satisfecha, toma crema ella misma y la coloca en su zona más herogena, pero esta vez entre los pliegues, Tobias la observa e internamente agradece que lo haya hecho, con delicadeza, la hace separar más las rodillas, acaricia y besa sus muslos con gentileza, se aferra con ambas manos en las nalgas de ella y lleva su rostro hasta esa zona deseosa de placer, respira el aroma femenino, el cálido aliento le produce ansiedad a la desesperada mujer que desea sentir por primera vez lo que es el sexo oral. Tobias deposita delicados besos en los labios hinchados, desliza la lengua por la raja entre ellos, se escucha la respiracion agitada de ella, sigue torturandola con besos y lamidas superficiales, Támara levanta la cadera para encontrarlo de una vez y esa es la señal que él esperaba, saca la lengua y se abre camino entre los labios regordetes.
Támara solo es capaz de gemir, su c******s al fin esta sintiendo la calidez que añoraba, él aprovecha, lame, succiona y muerde a su antojo, su polla duele de solo escucharla gemir, se concentra en brindarle el placer que merece y no para hasta sentirla temblar y deshacerse en su boca, vuelve a besarla delicadamente y disfruta observando los hilos de líquido viscoso que escurren entre los muslos. Támara aun tiene los ojos cerrados, intenta recuperar el aliento.
—Debes pensar lo peor de mí, que soy vulgar y fácil — lamenta Támara recuperando la consciencia de lo que acaban de hacer.
—En absoluto, pienso que eres hermosa y que disfrutas del sexo, eso es todo.
—¿De verdad? — pregunta cruzando las piernas y cubriéndose los pechos con sus manos.
—De verdad, jamás te juzgaría, no me importa tu novio, solo quiero darte el placer que mereces sentir, quiero complacerte y hacerte sentir la gloria.
—Siento vergüenza — se sonroja y las lágrimas amenazan con salir—. Me dejé llevar.
—No te avergüences, lo disfruté tanto o más que tú, es un privilegio darte placer, lo único que pienso sobre ti es que sabes a gloria — ríe y provoca que ella se sonroje aun más.
—Basta, me da vergüenza — repite sin poder levantar la cara por la pena.
—Eres la dueña de tu cuerpo y de tu placer, nadie te puede obligar ni privar de él, solo tú tienes la decisión — dice las palabras que sabe que necesita escuchar, después de lo sucedido en la bodega, siente la necesidad de protegerla y hacerla superar el traumante momento.
—Solo yo decido — se repite y levanta el rostro —. Solo yo decido — ríe fuertemente al liberarse de la presión y la angustia que ahora se están derrumbando.
—¿Qué quieres Támara? — pregunta acariciandole el sedoso cabello. Ella no responde, en cambio, baja de la barra y lo abraza para besarlo, él corresponde el beso y pronto se reclaman con posesividad, pero no una que abrume e incomode, sino posesividad con complicidad, donde los dos están de acuerdo y disfrutan a la par.
—Tocame — pide sin despegar sus labios de los de él.
—Lo que tú digas — Tobias comienza acariciando la pequeña espalda, baja sus manos a las firmes nalgas y las aprieta, una de sus manos se aferra en esa zona y la otra busca un pezon para juguetear, mientras más gime más la acaricia, su mano desciende y acaricia el suave monte de venus. Su gemidos le indican que puede seguir, su dedo se adentra en los pliegues y acaricia la humedad
—¿Quieres que siga? — pregunta deteniendo el avance de su dedo. Ella solo asiente.
El dedo continua su camino hasta encontrar la abertura, se introduce de a poco y se mueve en la caliente cavidad.
—¿Me detengo?
—No, no pares — pide entre jadeos y enseguida siente que ahora son dos dedos los que la invaden.
—Espera — se separa de él.
—¿Te incomoda? — pregunta preocupado.
—Me incomoda que estés vestido — confiesa avergonzada.
—Hazlo tú misma — le indica y ella comienza por levantar la playera para sacarla del firme torso, desabrocha el pantalón y lo hace descender para que él termine de quitarlo, acaricia la orilla del bóxer y se arma de valor para bajarlo y liberar el m*****o erecto, inhala con fuerza cuando él termina de quitarse hasta la última prenda, ahora los dos están desnudos.
—Hazme tuya
—¿Estás segura? Aun podemos parar — Támara se conmueve por la gentileza y cortesía con que está siendo tratada.
—No quiero parar — responde decidida, él levanta su pantalón y saca el condon que lleva en la cartera, con una mano se lo coloca y con la otra acaricia el rostro sonrojado de Támara, ella lo guía a la cama y se acuestan, sin esperar más, Tobias la penetra y Támara jala aire con fuerza por la boca, lo abraza y le acaricia la espalda ancha mientras él se mueve despacio y con armonía.
En este momento no existen problemas, no hay indisposición, solo placer y complacencia.