Recordar un evento del pasado

1724 Palabras
Me había quedado dormida del cansancio, últimamente Alana me tenía del timbo al tambo. "Helena, ven aquí, ¿Helena mi desayuno está listo, lo quiero de inmediato?, eres mi esperancita, actúas como una inútil, no me lavaste bien este vestido." Era tan jodidamente safada de la cabeza que pensaba que haciendo eso, ella era mas que yo. Hasta que una semana después de estar en ese ajetreo me enojé con ella. Entre mi rabia y cansancio de sus tantas molestias le dije a gritos. —"¿De que te la das, después de todo eres su mosa, su amante?" —ella palideció al decirle la verdad, se ofendió tanto conmigo, es como le llaman ahora, generación de cristal a los que se ofenden por nada, o por todo. —Se lo diré en cuanto venga a mi amado —dijo en modo acusatorio. —¿A quien, ¿no dijiste que él era un delincuente? ¿Ahora es tu amorcito? —Bien, haz lo que quieras —respondí. Para mí satisfacción pasó otro día sin que él apareciera por la enorme mansión, pero eso sí, yo debía limpiar, cocinar, claro yo hacia mis trucos a esta mujer, le echaba mucha sal o picante a su comida, jajajaa. ¿Quién la mandaba a esperar que yo fuera su sirvienta personal? Alana era el típico de persona pone quejas, para todo era una mamitis o papitis, ella era de poner quejas tras quejas, y nada de que resolvería por su cuenta, no le daría tanta importancia a su rabia, fuí a mi habitación a descansar. Estaba dormida y empecé a soñar, en mi sueño yo estaba ayudando a un hombre herido, lo cierto era que en un incidente así que había pasado hace ya tres años atrás, yo estaba por cumplír 14 años, pero el hecho de ver a alguien que necesitaba mi ayuda, lo hice sin pensar en el peligro que eso representaba para mi misma. A Alana le faltaba eso, algo que la engrandezca, amabilidad y gentileza hasta con la naturaleza se debe tener consideración. Era opuesta a mí en todo. Porque yo ayudaba incluso a los pajaritos del campo a sobrevivir, inclusive ayudé a ese joven que encontré cerca del puente en las afueras del pueblo, él estaba desangrándose dentro de un vehículo al borde de la muerte, de eso ya había pasado casi tres años. Todavía no me explico cómo lo pude sacar del auto. Recuerdo que él murmuraba: "salgamos de este lugar, toma el camino hacia el río, por favor no dejes rastros"; y por alguna extraña razón, lo obedecí. Lo trasladé a una zona alejada del puente, atravesando el río, llevándolo hasta una casa abandonada y le colocaba paños mojados para bajarle la fiebre que sufrió durante dos días seguidos, después de todo eso, retorné a mi hogar, en donde mi madre estaba preocupada por no tener noticias sobre mi paradero. —Hija, por favor no salgas —advirtió—. El diablo anda suelto. —¿Qué? ¿Madre por qué me estás diciendo eso? —cuestioné incrédula. Ella me lo había dicho, pero nunca le entendí lo que quería manifestar en ese momento. —Andan buscando al diablo —repitió. —¿Quiénes lo buscan? —pregunté irónicamente. —Un centenar de hombres —respondió ella muy preocupada. Esa frase me generó cierta gracia, recordando a aquel hombre al que había ayudado tenía tatuada en sus espaldas unas alas negras, seguro que ese era el Diablo y yo lo auxilié. No sé por qué, al despertar estaba sudando, había escuchado voces, al seguir escaleras abajo, escuché a Alana quejarse de mi ante el hombre, el había vuelto. Alana casi estaba sobre él encaramado, tenía ambas piernas arqueadas sobre el y se movía sensualmente, me quedé helado la sangre. ¿Podía una mujer hacer eso? ¿Era técnicamente legal su actuación? Ella murmuraba mientras lo besaba, al dar un paso mas, el hombre se dió cuenta de mi presencia, así que descaradamente pasó sus manos por el cu'lo de ella y empezó a acariciarla. Hice una mala cara, casi lo dije en alta voz, "cochinos" me largué a la cocina de puntillas, pues por fortuna me encontré a Bruno, él me vió y sonrió. —Tu aquí —dije sin ánimo. —¿Que pasa? —preguntó mientras se pusiera de espaldas al mostrador. Moví la cabeza con resignación. Él se acercó a mi y me dijo: —El no es malo, cuando le pase la rabieta, te dejará ir. —levanté la vista y lo miré con fijeza, tenía color de ojos azules, cielo. —¿Es bueno? —cuestioné como si me era difícil creerlo. —Si es un buen hombre —repitió de nuevo. —entonces lo vi con esperanzas, me acerqué ágilmente a él y le tomé de la mano, le dije. —Ayúdame con mi madre, no puedo hacerlo estando encerrada. Me sonrió con afable carácter, me dijo en sonrisas. —Ya lo estoy haciendo, la envié fuera con unos especialistas. —mis ojos se abrieron grandemente. —¿Qué? ¿Hablas muy en serio? —el asintió y me dijo: —No jugaría con algo tan delicado. —Me reí de alegría, me acerqué a él y lo abracé fuertemente. —Gracias, gracias. —dije sin restricción alguna, me sentía tan agradecida con él que no tenía más palabras para expresarme, me había puesto temblorosa al escuchar que él estaba ayudando a mi madre. —No tienes que agradecer, te ayudaré siempre que pueda. —me había respondido, pero entonces el ambiente se hizo frío, el aire se hizo pesado y mi cuero cabelludo se electrificó. —¡¿Esto es lo que está pasando?! ¡Tú, mi amigo del alma, Giordano! —yo volteé a verle, era él de nuevo, en qué momento había dejado a su mosa para venir aquí a fregarme la vida. —¡Calma Diablo! ¡No es lo que estás pensando! —trató de explicarse Giordano Bruno. —¡No sé necesita explicación alguna lo que no se necesita! —volvió a arremeter de nuevo mi supuesto esposo. —Es como el lo ha dicho, no es lo que piensas. Yo estaba intentando... —¡Cállate! —me gritó sin dejarme terminar mis palabras. —¡Basta Antón De Luca! —siseó Giordano. —Ella ha sido víctima de su irresponsable padre que no se encargó de ella y su crianza, solo la buscó para reemplazar a su hija Alana para que no se quedara contigo su hijita. —¡Ella es inocente! —volvió a decir, trataba a toda costa hacerle entender sobre mi inocencia en todo esto. —¡Cállate! Ella es buena para embaucar. Ya lo hizo contigo, tanto que ahora la defiendes y me traicionas Incluso a mí. —¿Y cuál es la traición? ¡Nada de sentimiento te une a Helena! —al decir eso, los ojos de Antón se volvieron oscuras, su aura fue reemplazado por una nube gris. —Sea si la quiero para mí o no, ella es mía, me pertenece. —dicho eso, me tomó del brazo y me arrastró fuera de la cocina. Cuando me subía las escaleras, nos encontramos a Alana a los pies de las escaleras, ella recién se había vestido para irse con él. —Cariño, estoy lista... pero que... ella, que pasa con ella? —preguntó confundida, Antón la ignoró por completo. Me trajo a la habitación que yo ocupaba, lanzó mi cuerpo delgado a la enorme cama y me dijo: —¿Quieres estar con un hombre? —me dijo mirando de manera lujurioso. —Aquí estoy yo para complacerte. —se quitó la bragueta de su pantalón. —No te atrevas —le dije muy nerviosa. —Jajaja, ¿quién me impedirá que vaya a follar bien duro? —¿Acaso Giordano? —endurecí mi mandíbula, y le dije: —Si lo haces, te odiaré en toda mi vida. —¿Me importará mucho lo que pienses o creas de mi? —gruñó y ahí supe que perdería algo más que mi inocencia en ese momento. Tan pronto que el se bajara el pantalón, y yo viera su cosa apuntando hacia mi, sentí estar en un lugar ajeno al momento y en otra parte. Su miembr'0 me apuntaba, o sea, no negaría que sabía que era, pero ver uno que fuera real era este el primero. Tapé mis ojos, el vió eso y me dijo: —¿Te quieres vender ante mi como una inocente? Jajajaja, que te compre quien no te conoce —dijo con afán de burlarse de mí. Alguien tocó la puerta de la habitación, yo de repente sentí que ese momento era mi momento de huír, me levanté de la cama, él se acomodó el pantalón y fue a la puerta solo para enfadarse con quién estuviera en la puerta. Era Giordano y Alana. —Diablo, no le hagas daño a Helena, por favor. —suplicó, mientras que Alana miró a Antón y dijo: —Amor mío, ¿que haces ahí con ella? ven, vamos a nuestra cita —El Diablo como lo llamara, para mí si tenía bien merecido el nombre, respondió tajantemente a ámbos. —Alana, vé a tu habitación. Espera ahí. Y tú Bruno, ya puedes irte de mi casa. —la cara de Giordano se puso pálido y desencajado, mas cuando me vió detrás desaliñada, pero entonces Antón cerró la puerta y puso seguro a la puerta. Se devolvió a mi, yo ya estaba de pies, corrí y me persiguió, me atrapó, me puso debajo de él y me dijo: —¡Te tendré!— Enseguida se quitó la bragueta de su pantalón y se quitó el pantalón. Se subió sobre mi y sentí algo duró rozarme, no estaba lista para tener el acto s****l con él cuando sentí sin previas caricias, me puyara así sin mas. —¡Ay! —grité. Él se estremeció al ver la dificultad para entrar en mi. —¿Qué? —dijo mirándome confundido. —¿no me digas que estas cuero y no has estado con nadie?—no respondí, solo lloré, el hombre no se retiró de encima mío, pero dijo: —Lo siento, ya no puedo detener esto... quiero terminar de poseerte.
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