Entrada

1906 Palabras
Me decidí aún con una mayor convicción, ahora sí tomando un taxi que me llevase a casa, a esa hora no había mucho tráfico por el centro, así que pasar por allí era bastante rápido, llegué y mis padres no estaban, había una nota que decía que estaban visitando a mi abuela, seguramente se queden allí un par de días, eran como sus vacaciones de vez en cuando. Sabiendo que iba a estar sola me desnudé, estaba en una danza conmigo mismo de dicha, mi cuerpo y mi piel estaban siendo abrazadas por la luz que apenas si se colaba por la ventana, no me importaba que me vieran, las personas que iba a ver esta noche seguramente ni les interesaría si me vieran así, quería que el mundo me tomase y yo tomarlo a él. Caminé por mi cuarto y saqué las mejores prendas que tenía, una blusa holgada, que para ser Bogotá se consideraría con el bastante glamour y el bastante estilo, pero que en otras ciudades se vería como una pinta de una playera cualquiera, era hermosa, coqueta, y quedaba totalmente bien conmigo, con mis objetivos de ser el lienzo en blanco de la noche, ser la que deslumbre a todos y antojen a plasmar en mi sus más profundas pasiones y deseos artísticos. Me duché, lento, demasiado despacio, tomando cada minuto que fuese necesario para que estuviese perfecta, sabía que iba a atraer las miradas molestas de los hombres, pero no importaba siempre y cuando me aportaran algo más allá, más profundo; arreglé mi cuarto como muy pocas veces lo hago, me bañé y seguí en mi desnudez, aproveché el tiempo y pinté. Apoyé un cuadro en blanco sobre la pared, un tornillo apenas puesto que iba a servir de caballete, no me importaba la precariedad de mis utensilios, quería plasmarme en la obra ya, tomé la paleta y el gris se apoderó de la base del cuadro, la parte inferior parecía un panteón, el cual estaba nuevo, casi sin estrenar, solo había una tumba, sin pensar escribí mi nombre en la única lápida solitaria que había. Escribí mi fecha de nacimiento y también el día de la fecha de hoy, hoy sabía que moría, moría esta incertidumbre, iba a ser el último cuadro que iba a hacer antes de mi gran apertura, mi gran revelación, ya no iba a haber ninguna obra mediocre, que no me llenase, ahora todo iba a ser tal y como debía ser, llenador, restaurador y con un propósito. La obra estaba quedando hermosa en mis ojos, pero yo sabía que no me iba a llenar, estaba la tumba tendida, agrietada, como si hubiesen pasado años del fatídico suceso, las hojas que la rodeaban eran una ya con la tierra, y sobre la lápida habían colores, como si las hojas viejas hubieran sido fruto para el nacimiento de nuevas plantas de vida, era una muerte que daba vida, el color sobre la tumba se iba convirtiendo en humo, el humo estaba nutriendo el cielo, dejándolo de un claro amarillo, un amanecer, o un atardecer, no era posible saberlo, quizás eran ambas las respuestas. Me tomó horas, pero no tantas como las que me solía tomar pintar antes, todo se hizo con puro instinto, ya se me estaba haciendo incluso tarde para la fiesta, pero sabía que tenía que darle una buena despedida al antiguo ademán artístico que tenía, allí concluyo mi muerte. Me arreglé, me puse unos pantalones oscuros y unos zapatos cómodos para andar, sabía que la noche iba a durar su tiempo. Versalles se veía muy distinta como la había visto estos dos días anteriores, ahora estaba casi desocupada, sin gente, quería suponer que era por la fiesta, hasta que vi en la entrada a Isabella y Ana María charlando. —Llegó la que faltaba—dijo Ana María —Uy, vinimos fué con toda—dijo Isabella observando como había venido para la ocasión —¿Entonces vamos?—pregunté —Esperemos, ya van a cerrar la galería—dijo Isabella —Supongo que es por la fiesta —Exacto, nadie se la quiere perder, incluso si no eres alguien de fiestas, asistir es algo casi obligatorio si quieres hacerte nombre, aquí encuentras oportunidades, fortalezas e incluso debilidades—dijo Isabella —No le hagas caso, simplemente ve a divertirte—dijo Ana María, relajando la intensidad y epicidad del mensaje de Isabella —¡Hoy tengo que comerme el mundo!—dije entusiasta —Yo te lo advertí parce—dijo Ana María—es un punto de no retorno, te hubieras quedado haciendo pinturas en el salón ese —Tú también pintas allí—dije reclamando —Si, pero mi verdadera casa es esta—respondió, me sorprendía ver la dualidad de Ana María, parece que ese mundo también era lo que la fascinaba, pero a su vez sabía que era un peligro meterse en él; pero no iba a dejar que me echaran tierra, puede que tengo mis propios motivos aquí. Finalmente llegó Emiliano, era un sujeto alto, de buen ver y con un cabello revoltoso, al igual que el de Isabella y el mío, tenía una mirada clara, prácticamente un “bonito” de las telenovelas, el que todas quisieran tener. —Buenas noches, tú debes ser Gabriela, ¿Cierto?—dijo con una voz grave y extendiendo su mano —Si, mucho gusto—dije con total formalidad, su presencia parecía más la de un familiar mayor, se le veía la etiqueta hasta en la sombra —Bueno, el es un sujeto muy serio como podrás ver—dijo Isabella entre sonrisas con su novio—pero es porque el trabajo lo obliga a ser así, por favor no lo tomes como un aburrido o un sangrón —No hay problema, es jugar seguro —Esta chica sabe lo que dice—le dijo Emiliano a Ana María y a su pareja—ya estamos listos, subamos al carro Todos nos zambullimos al auto que al parecer era del propio Emiliano, era un auto bastante amplio, fino, de esos que te cuestan los repuestos un ojo de la cara, la pareja se hizo en las sillas del frente, mientras que Ana María y yo nos hicimos atrás, la verdad el viaje era más una excusa para no caminar, porque no nos demoramos nada en llegar al punto de la fiesta, el lugar era inmenso, tenía unas puertas anchas, pero que por la exclusividad del evento solo se accedía por una pequeña puerta custodiada por dos sujetos inmensos en medio, controlando la entrada. Las miradas de las personas que allí estaban en la fila de entrada se posaron sobre nosotros, bueno, específicamente en Emiliano, Isabella y Ana María para ser francos, yo era un pequeño lunar por el momento, pero al verme tan junto a ellos, las miradas confusas se iban hacia mi, al ser algo tan espontáneo que salió de la nada. Había una fila larga en dirección oeste y otra mucho más corta en dirección este, tuve el placer de estar en la fila corta, que parecía ser para la gente más importante de la zona, incluso pude ver algunos de los distinguidos artistas que apenas se asomaban al salón central, no únicamente habían artistas provenientes de la agencia al parecer, lo que elevó mis dudas pero también mi intriga, se estaba juntando la sociedad de la gente que dominaba la calle, que no eran unos gamines, pero tampoco eran partes legales de esta ciudad, la música del lugar se escuchaba fuerte, ensordecedora desde el exterior, un sonido de techno que te impedía articular palabra entendible. Durante la corta espera en la fila, vimos que se solicitaban los nombres de quienes entraban, todo eso cambió cuando fué Emiliano el que se posó sobre la cinta de acceso, al que, los macancanes de seguridad, no dudaron en permitirle su entrada; con un gesto muy suave con su mano nos hacía seguir a todas nosotras por delante de él, delimitando el poder que tenía dentro de la propia fiesta para que la gente lo reconociera, aunque sea uno de los de la fila de privilegiados. Ya al entrar el lugar estaba llenísimo de gente, se veían unas cabezas oscuras por apenas las sombras perceptibles de la gente bailando, la gente estaba ya entregada a la danza con su pareja, solo, con su bebida, con lo que fuese, la exaltación de todos estaba a la orden del día. La estructura tenía dos pisos, el primero podría ser perfectamente lo que tiene en espacio unos tres o cuatro anfiteatros, había sitios donde sentarse, una barra para las bebidas y su respectiva pista de baile, que bien podría ser todo lo que pisábamos. Emiliano nos guio por uno de los costados, sin querer llamar mucho la atención si caminaremos por en medio de toda la sala, habían pequeñas escaleras que parecían oleajes a los costados, subían. habían espacios con muebles cómodos como para una especie de realeza, estilizados, luego las escaleras seguían pero ahora para abajo, y otra vez para arriba, era como si fueran palcos modernizados para una discoteca, y allí nos dirigimos, había mucha más iluminación en esos palcos, haciendo que fueran pequeños faroles laterales que mitigaba las luces que llegaban desde el escenario de música donde había un tipo a cargo de lo que se ponía y lo que no, nos sentamos en ese sofá, Emiliano se sentó en una silla individual frente a nosotras —¿Qué tal el lugar Gabriela?—Preguntó —Está muy bien, pero dime, ¿Qué es esta fiesta?—pregunté —Pareces siempre con preguntas, tal como me dijo Isabella, intenta disfrutar del lugar, gózatelo, ya te darás cuenta —Así es Gaby, tu tranqui—dijo Ana María haciendo un gesto hacia un servidor cercano—hey, ¿Nos puedes traer unos tragos? —Si, por favor—dijo Emiliano—¿Cómo qué se les antoja? —A mi tráeme un Mai Tai, por favor—dijo Isabella —Quiero un Mojito—dijo Ana María —¿Y tú?—me preguntó Emiliano, ante la atenta mirada del que atendía y de las otras dos, yo ni sabía qué pedir —A mi deme whisky, sin nada—dije ya sin tanto tapujo y por pasar la presión —Una mujer pesada es la que tengo aquí—dijo Ana María —No estoy acostumbrada a los tragos finos, o bueno, cócteles de mayor elaboración—respondí honesta —No te preocupes, es bueno en cuanto tomes algo y no te cohíbas en tu silla—dijo Isabella—aparte queda con tu personalidad —Espero que eso no sea una clase de insulto clasista—respondí intrigada —Jaja, no lo tomes a mal, me refiero a que es un trago potente, en cambio nosotras—dijo mientras se señalaba a sí misma y a Ana María—nos toca camuflarlo con sabor o nos da ahí mismo la pálida —Pero eso es muy engañoso—dijo Ana María—los tragos con sabor te los bajas como si fuera un refresco y solita solita te pones la soga al cuello —Si las vieras Gabriela—intervino Emiliano ahora con un semblante más relajado—es mucho más peligroso tomar cocteles la verdad; yo también quiero un whisky por favor, pero con hielo, no aguanto tanto voltaje
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