Llegué a Versalles, pagué al taxista y me bajé, caminé otra vez por ese parque, y el anuncio de la galería seguía tan fino y recatado como siempre, el de seguridad me abrió la puerta, yo de paso lo saludé, allí estaba Ana María, quien parecía con cara de pena al igual que mi madre. —¿Qué pasó? ¿Y esa cara?—le pregunté a Ana María mientras la abrazaba —Parce, pues estuve hablando con Isabella, me dijo que Emiliano te está tirando una oferta a Medellín—dijo con una cara de pecado —Ajá —Y pues parce, nos hicimos tan buenas amigas y ahora se me va—dijo casi como un berrinche —Ay parce, no me asuste, pensé que había pasado algo tenaz—dije mientras la abrazaba—aparte pues ahí seguiremos hablando, y si puede se viene pa medallo, y si no pues yo me vengo para acá cuando pueda, usted sabe —Pu

