Rosas

4998 Palabras
Nadie le dijo que enamorarse era una cosa sencilla. Y que desenamorarse sería lo peor que le pudiera pasar en el jodido mundo. Pero... ¿quién podría creer que la fría y estoica espía rusa se había enamorado del agente americano del F.B.I? Ni siquiera ella sabía cómo había pasado tal error en su vida. Pero las cosas se dieron cuando Irina menos lo esperaba. Richard y ella se conocían de hacia varios años, cuando ella fue una agente secreta encargada de cuidarlo en el hospital donde había sido asignado en Afganistan y se encargó de instruirlo en el mundo del medio oriente, bajo el nombre de Irina Panther. Sin embargo, cuando Richard Miller descubrió quien era ella realmente se alejó por completo, sin querer saber nada de Irina, acusándola de mentirle para ayudar a Rusia A pesar de que su confianza quedó hecha añicos, Irina Pavloff trabajó mucho para hacerse en verdad amiga del Capitán Miller, sobre todo después de la formación de los Vengadores. No eran los amigos más cercanos hasta el día del ataque del ejercito talibán. Fue allí donde el Capitán Richard Miller pudo apreciar todas las habilidades de la legendaria Irina Pavloff y comenzó a entender cómo Irina compaginaba esas dos personalidades tan complejas, que habían sido creadas muy a su pesar. Quería conocer mucho más de ella pues lo intrigaba que había detrás de la figura de la super espía rusa. Cuando despidieron a sus aliados europeos, Richard se acercó con timidez a Irina. — Hola. — Hola, Miller...¿listo para una vida normal? — No creo que pueda tener una —dijo el soldado rascándose la cabeza. — ¿Quién dice eso? — la espía se cruzó de brazos — Por algo se empieza y tu podrías empezar...mmmm — se llevó los dedos al mentón — ¿consiguiendo un apartamento propio? — Pensaba en empezar por algo más pequeño. — ¿Ah, sí? ¿Tienes alguna idea? — En invitarte a una cita. — ¿A mí? — los ojos de Irina delataron la sorpresa que sentía. — Así es... — Richard apretaba las manos en puños sintiéndose nervioso — Claro... si quieres. — ¡POR SUPUESTO! ¡ME ENCANTARIA! — Irina habló más rápido de lo que su, usualmente, calculadora mente pensó — Quiero decir... sería interesante, Miller, pero pensé que tú no querrías salir conmigo. — ¿Por qué alguien no querría salir contigo? — exclamó el soldado sin poder evitar pasar sus ojos de arriba a abajo. — Por qué tú eres tú y yo... pues soy yo. — Eso no tiene sentido, Miller. — Yo no tengo sentido cuando soy trata de ti. — Lo siento — Irina se mordió el labio inferior, recordando como Richard se había comportado cuando se enteró que la enfermera era en realidad la espía favorita de la C.I.A. — No pasa nada — Richard puso su mano en el hombro de la pelirroja — Entonces, ¿aceptas salir conmigo? ¡Te llevaré al mejor bar de Nueva York! — Vamos a ver si sigue siendo el mejor bar, ¿seguro no se extinguió con ustedes, dinosaurio? — Irina soltó una carcajada antes de dirigirse al automóvil donde Joseph Morgan la esperaba — ¿Viernes a las 7:00 pm? ¡Te envío la dirección de mi apartamento! — ¡Allí estaré, RIn! — dijo Richard con una enorme sonrisa mientras de dirigiría a su motocicleta. Definitivamente aquella cita con Irina Pavloff sería interesante. La mañana de su cita con el Capitán, la espléndida y casi siempre ecuánime espía estaba al borde de una crisis de nervios. En primer lugar nunca había tenido una cita; en segundo lugar sentía que no estaba a la altura de Richard Miller en ningún aspecto y que en realidad tendrían muy poco de que hablar; y en tercer y último lugar había dejado a sus sobrinos llorando en la granja Morgan cosa que no la hacia sentir para nada bien. Quizá la mejor idea sería cancelar todo, pero no tenía valor para hacerle eso a Richard. Se cambió de vestido como seis veces, hasta encontrar uno con el que no se sintiera un trofeo o la piruja rusa que siempre veían todos en ella, por alguna razón que no entendía bien, quería que Richard la viera como realmente era. Terminó de arreglarse con un discreto maquillaje y dejó caer su cabello suelto sobre sus hombros. Estaba tentada a tomarse uno o dos shots de vodka para calmar sus nervios y acallar los pensamientos oscuros que llenaban su cabeza, pero decidió no hacerlo, concentrándose en poner algo de música y abrir la ventana para disfrutar de la noche de Nueva York. Sonaba una de sus canciones favoritas de "El Lago de los Cisnes", por lo que se dejó llevar por las notas, envolviéndose en el único arte que la hacia olvidar su oscuro pasado y recordar su natal Rusia con amor. Bailaba perdida en su mundo cuando escuchó un golpeteo en la puerta que la bajó de su nube en un segundo. Se apresuró a ponerse los zapatos y a abrir la puerta con las mejillas sonrosadas. Allí, sonriéndole, se encontraba Richard Miller con un hermoso ramo de rosas de color rosado. — Richard... — susurró conmovida ante las flores. — Un regalo, para la fan de ¿Chaikovski? — Así es — murmuró sonrojada. ¡Esperen! ¿Por qué Irina Pavloff se estaba sonrojando? ¡Ella es la maldita rusa a la que le enseñaron que el amor es para niños! Pero Richard tenía ese efecto en ella — Pasa, pasa... pondré las flores en un jarrón. Richard entró mientras observaba a la pelirroja rebuscar entre las cosas de su alacena un vaso para las flores. Estaba descalza, tarareando al ritmo de la música, se notaba la paz que ello traía a su ser. El soldado no pudo evitar pasear la mirada por el apartamento, pues su ojo curioso de artista se lo pedía a gritos. El lugar estaba muy bien ordenado y se veía en él una personalidad y aficiones muy diferentes a las que se podrían suponer tenía la mujer Había una serie de libros amontonados en un librero, donde colgaban unas roídas zapatillas de ballet y un viejo oso de felpa; unos cuantos cuadros de Rusia, Nueva York y ballet junto con el tocadiscos y la televisión, en la que se amontonaban varias películas de cine de arte, cerraban el cuadro de la sala de estar de Irina. Parecía un lugar en el que alguien quería estar siempre para pasar la tarde. — ¿Nos vamos? — preguntó Irina poniéndose las zapatillas, a lo que Richard asintió extendiendo su brazo para que ella se lo tomara. Bajaron en el viejo elevador del apartamento de Irina casi pegados el uno al otro, debido al reducido espacio. Caminaron juntos hasta llegar a la estación de metro más cercana, a donde se subieron para llegar la bar. Una de las más bellas ventajas de la ciudad de Nueva York era que les permitía el anonimato que necesitaban para poder viajar de esta manera. Días como estos hacían que ambos agradecieran el poder separar sus identidades civiles y las de agentes del F.B.I. Mientras iban en el metro, charlaban de cualquier cosa, sintiendo cómo la confianza entre ellos iba creciendo más y más. En pocos minutos habían llegado a la estación que era su destino y bajaron para salir a la ciudad llena de luces, donde encontraron el bar abierto, en el sótano de un viejo edificio de departamentos. — ¡NO PUEDO CREER QUE AÚN EXISTA! — murmuró Irina emocionada. — Te dije — sonrió Richard — Y te demostraré que sigue siendo el mejor no solo de Brooklyn, pero de todo Nueva York. — Muéstreme, soldado. Entraron al bar y se sentaron en una de las mesas de la esquina, con un guiño de ojo una de las meseras se acercó a tomar su orden sin dejar de mirar sonriente a Richard Miller, lo que hizo que a Irina le invadiera la ira. ¿Cómo se atrevía a mirar así a su Richard? — ¿Todo bien, RIn? — preguntó el soldado con caballerosidad. — Todo en orden — contestó ella tratando de esconder los celos que sentía. Pasaron la noche rodeados de cervezas, conversando acerca de las vidas de cada uno. Por alguna extraña razón, el aura de Richard hacia a Irina sentirse diferente, como si por primera vez en su vida hubiese encontrado un nido seguro donde pudiera estar en paz y en confianza para contar las cosas que había vivido contra su voluntad. Le contó pocas cosas, pues le confesó que había sido objeto de experimentos de la organización rusa que la raptó en su infancia, la KGB, y que muchos recuerdos eran solo implantados en su mente, no eran reales. — Así que no sé que partes de mi vida son reales y cuales son una mentira. — Esto es real — suspiró Richard tomándole la mano — yo soy real, Irina. — Gracias, soldado. — No lo entiendes. Yo quiero ser siempre parte de tus recuerdos reales. Quiero intentar conocernos mejor y tener una relación contigo. Irina parpadeó varias veces sin comprender lo que el soldado quería decirle. — Me gustaría... — el soldado casperreó — me gustaría intentar tener una relación contigo, Irina. — ¿En serio? — la pelirroja jugueteaba con las orillas de su vestido sin mirarlo, no esperaba que le dijera eso. — Sí, sé que es difícil para tí, pero jamás me había sentido atraído tanto por alguien como me pasa contigo. No sé que tienes Irina Pavloff pero haces que quiera protegerte siempre y sé que no necesitas esa protección, pero quiero hacerlo, quiero que sepas que no estás sola y que tienes a alguien que te dé la mano siempre... — Richard calló abruptamente sintiendo que había dicho demasiado. Irina sonrió tiernamente y acarició el mentón de Richard con los dedos. Definitivamente no merecía a ese hombre, pero quería hacer el intento. — Si quiero salir contigo, Richard Miller — susurró antes de inclinarse para darle un beso sintiéndose, por primera vez en la vida, como una adolescente. Tener una relación con el Capitán Miller era la cosa más inesperada y hermosa que jamás había ocurrido en la vida de Irina Pavloff. A pesar de tener personalidades tan diferentes, en el tema del romance se compaginaban muy bien. Habían decidido como pareja no comentar nada de su relación todavía para el resto de sus compañeros, pues no sabían muy bien cómo lo tomarían y no querían enfrentarse a las bromas pesadas de sus colegas. Así que todos creían que pasaban tanto tiempo juntos al ser simplemente buenos amigos y compañeros de equipo en el Strike Team Delta del F.B.I. pues Richard no había puesto objeción alguna para que Irina fuera la segunda al mando del más alto equipo táctico de la organización americana de defensa. Irina había sido herida en una de las misiones del equipo debido, en la opinión nada subjetiva de Richard, a la ineptitud de Jones. Sentía que ese hombre solo quería coquetear con su novia, aunque nadie sabía que lo era, y como siempre lo rechazaba dejó que ella fuera primero a sabiendas de que la mina instalada en el piso estaba activa. De no haber sido por los excelentes reflejos del Capitán, su novia seguro estaría muerta. Pero eso no había pasado y ahora ella se encontraba en reposo absoluto, contra su voluntad, encerrada en su departamento bajo la vigilante mirada de Joseph Morgan. —Joe, ya estoy bien. María, David y tú deberían dejar de preocuparse — refunfuñó Irina intentando salir de la cama. — Pavloff, es una orden directa. — A veces los odio un poco. La conversación se vio interrumpida porque tocaron a la puerta de Irina. Ambos espías se miraron confundidos y Joseph fue a atender el llamado, mientras la Viuda Negra aprovechaba para escabullirse a la sala de estar mínimo para cambiar de panorama. Al abrir la puerta, el agente se sorprendió al encontrarse a Richard Miller sosteniendo una enorme ramo de rosas blancas y moradas. — ¡Capitán! — exclamó Joseph — ¡Qué gusto verte! — Hola soldado — la voz de Irina lo sorprendió. La pelirroja caminaba con dificultad sosteniendo su torso, impecablemente envuelto en una venda, vestida solo con un top n***o. Sin pensarlo, Richard corrió hacia ella y la sostuvo entre sus brazos. — Oh, RIn… La espía rusa lo calló con un beso, sorprendiéndolo y sin importarle qué Joseph los viera, solo quería borrar ese rastro de pánico en su mirada. Antes de cerrar los ojos en la misión en la que fue herido, Irina había visto el miedo en los ojos de Richard y la enterneció, pues jamás nadie había sentido miedo de perderla. — ¿Estás bien? — al terminar el beso, Richard la tomó en brazos y se sentó en el sillón con ella en su regazo, acariciando suavemente su cuello. — Mejor ahora que salí de la cama... dile a Joe que no soy de porcelana — la temible espía hizo un mohín. — ¡Joseph está aquí y le gustaría saber qué está pasando entre ustedes! — exclamó el agente, dejándose caer en el sofá de enfrente, indignado. — ¿Qué parece que está pasando? — Irina alzó una ceja retadora. — ¿Estás follando con él? — soltó Joseph, siempre sin filtro. — Estoy saliendo con él — defendió Irina. — ¿Tú? ¿Saliendo con alguien? — Barton soltó una carcajada — Espera a que María y Maya se enteren de esto. — No se enteraran por tí ¿o sí? — dijo Richard usando la voz de mando del Capitán, haciendo que agente palideciera — Y dejen de hablar de "él" o sea de mí como si no estuviera — dijo haciéndole cosquillas a Irina en el cuello. — Perdón, perdón... — exclamó ella alzando los brazos en señal de rendición. Los tres agentes especial se quedaron conversando en la sala de estar de Irina durante toda la tarde hasta que ella comenzó a cabecear por efecto de los analgésicos para su herida, se estaba quedando dormida. — Creo que es hora de irme... — susurró Richard besando su frente a lo que Irina refunfuñó como una niña pequeña y se aferró a su cuello. — Me parece que te prefiere más a ti que a mi aquí… Richard se sonrojó viendo con un poco de pena al mejor amigo de su novia. — No pasa nada. Yo quiero que ella sea feliz sabes, Irina Pavloff se lo merece más que nadie. Pero si le haces algo... — amenazó antes de tomar su chaqueta de cuero — recuerda que tiene a un hermano que la protegería de todo, hasta del Capitán Miller. — Entendido, Morgan. — Nos vemos luego, Cap. — sonrió el aludido antes de irse. Richard le sonrió a Joseph, feliz de que Irina confiara lo suficiente en la solidez de su relación para decirle a alguien más de qué era una realidad. Ese era una gran paso ella y lo sabía. Su sonrisa se ensanchó al ver cómo la rusa se acomodaba aún más en su hombro. Depositó un beso en su frente y se levantó para ponerla en la cama. Admiraba mucho a la pelirroja y su corazón estaba lleno de amor por ella.Llegó a la habitación de Irina y se sorprendió al encontrar una única fotografía enmarcada en su mesa de noche. Era de ellos dos durante la última recaudación de fondos que el estado de Nueva York habían celebrado con el apoyo de las empresas Smith. El soldado y la espía se veían a los ojos con amor infinito plasmado en ellos y Richard solo deseaba sentir eso cada noche y cada día de su vida. Con cuidado depositó a Irina en su cama, para que no se recostara sobre su herida y depositó un beso en su frente. — ¿A dónde vas, soldado? — preguntó Irina, adormilada, mientras Richard hacia lo mejor que podía por acomodar las almohadas a su alrededor. — A casa, RIn, es tarde. — Puedes quedarte — susurró Irina apenada — esta también es tu casa. — ¿Segura? — Por supuesto — Irina tomó aire, despertando poco a poco y acomodándose con dificultad — De hecho, quiero que te quedes Richard. Sin decir otra cosa, el Capitán Miller se despojó de sus ropas, quedando únicamente en ropa interior y calcetines para meterse a la cama junto a la espía. No le importó nada más; ni que la casa estuviera cerrada, ni sus compromisos; ni su apartamento; ni su motocicleta aparcada a unas cuanta cuadras de allí. No le importaba nada que no fuera ella. Se recostó en la cama, junto a ella y la atrajo a su pecho con cuidado de no lastimar su torso herido y besó su cabeza a lo que Irina le dedicó una dulce sonrisa pues amaba ese gesto. — Gracias. — ¿Por quedarme esta noche? — Por quedarte en mi vida — Irina se estiró un poco para besar sus labios — Te amo, Richard Miller. Había pasado un año desde que comenzaron su relación y todo parecía ir viento en popa. Sus compañeros se habían enterado y, después de algunas burlas de parte de Allan, todos estaban felices por ellos. Irina y Richard eran una pareja que disfrutaba mucho de su privacidad y de estar juntos todo el tiempo, siempre querían estar tocándose: las manos, ella sentada en su regazo, el brazo de Richard alrededor de su hombro, pero nada de eso cuando estaban en público. No iban a ponerse en peligro el uno al otro porque tenían muchísimos enemigos. El sexo entre ellos era lo mejor que le había pasado a Irina, si alguien le preguntaba. Richard había a disfrutar del placer s****l para si mismos desde muy temprana edad y a llevar el control en ese aspecto, cosa que Irina disfrutaba mucho pues a pesar de ser un amante dominante Richard era siempre atento con ella y en esos momentos de intimidad era cuando sentía que su amor florecía más que nunca. Sin embargo, las cosas no serían así por mucho tiempo, pues los acuerdos del trabajo pusieron a la pareja en discordia. Se encontraban en la cama después de hacer el amor en el apartamento que ahora compartían. Irina dormitaba en brazos de Richard mientras este releía el primer borrador de los acuerdos que le daban poder al gobierno para controlar a los agentes especiales del F.B.I. — No firmarás, ¿verdad? — preguntó Irina. — Sabes que no puedo hacerlo, iría contra mis principios. — Yo si firmaré — dijo ella firmemente. — ¿QUÉ? — el Capitán Miller se separó de ella abruptamente — ¡ERES A QUIEN MENOS LE CONVIENE FIRMAR ESOS MALDITOS PAPELES! — Es la única forma de protegernos a todos, Miller — Irina se levantó de la cama y se cruzó de brazos, viéndolo retadora. — No sabes eso, Pavloff. — Si no aceptamos estaremos en contra del gobierno y eso nos dificultará mucho las cosas. — Desde cuando has trabajado tú con el gobierno. — Golpe bajo, Miller. — Perdón Rin — el hombre se pasó la mano por los ojos tratando de calmarse — sabes a lo que me refiero... podemos ponernos más en peligro, ¿qué hay de Angelina? ¿y de Dylan? — Richard... — Irina suspiró — Hay que encontrar la manera de protegernos y tal vez esta será la manera. —No firmaré. No renunciaré a lo que creo. —Yo tampoco — dijo firmemente Irina —Creo que Allan tiene razón. —Allan está jugando con que te sientes culpable por tu pasado. Se está aprovechando de ti... — Yo tomo mis propias decisiones y yo sé lo que estoy haciendo — sumamente enfadada, Irina comenzó a buscar algo de ropa y se vistió — Y si piensas así lo mejor sería que terminemos esto. — RIn... — Richard, no podemos dejarnos llevar por lo que sentimos el uno por el otro en esta situación. — Nuestro amor siempre estará sobre todo. — Pues no parece, y no podemos poner en peligro a nuestros compañeros por eso. — No tenemos que poner en peligro a nadie. — No entiendes nada de política, Richard. — Y tú no entiendes nada de relaciones humanas — dijo el hombre apretando los puños. La mirada de Irina se entristeció, no podía ser que después de un año como pareja y de tantos años de conocerse, Richard aún pensara eso de ella, pero no lo dejaría ganar. Sin decir una palabra más, terminó de ponerse la ropa y tomando su bolso y su teléfono móvil salió del apartamento. Manejando en su amado automóvil se fue sin mirar atrás, dejando a un herido Richard Miller que creía que Irina se estaba tomando personal un asunto que era profesional. El Capitán pensó, en ese momento, que nunca iba a poder separar a la espía de Irina Pavloff.Las cosas comenzaron a ponerse más tensas entre el equipo de los F.B.I, que se habían dividido en dos equipos, dirigidos nada más y nada menos por Richard Miller y Allan Smith. Las fricciones se notaban cada vez más y el hecho de que Irina firmara y aceptara públicamente ser parte del equipo Smith terminó por romper definitivamente la relación amorosa entre el soldado y la espía. Irina lloró amargamente el fin de su relación, pero se mantuvo firme en sus decisiones. Cuando parecía que los ánimos comenzaban a calmarse, se reveló qué Dylan Carl James era el asesino de los padres de Allan Smith. Los dos equipos estaban a punto de enfrentarse, encontrándose en uno de los mayores aeropuertos de Berlín, en Alemania. — No quiero hacer esto — dijo Irina viendo a Joseph y a Richard frente a ella. — Tu decidiste — musitó Richard molesto antes de que comenzara la pelea. Fue una pelea física y psicológicamente dura para los miembros del equipo, aunque espectacular de ver qué culminó con la caída del coronel Burke del cielo. Todos quedaron en absoluto shock por lo que había pasado, fue en ese momento en el que Irina supo realmente que es lo que debían hacer. Se limitó a dejar que el equipo del Capitán Miller se fuera, ya que eran los que deberían huir de la persecución del gobierno, paralizando a otro de sus compañeros para darles tiempo a Richard y a Dylan de irse, aunque eso le rompió el corazón cuando vió, a la distancia, como los esperaba Margot Adams, una de sus compañeras más queridas de S.H.I.E.L.D. y lo que más le dolió fue ver como esa mujer besaba al hombre que antes había sido suyo. Sin decir una palabra más se fue, para enfrentarse a todas las consecuencias que sus decisiones tendrían. Finalmente, Irina Pavloff fue que salió peor parada, más culpable y más lastimada que el resto de sus compañeros pues fue juzgada de traidora por ambos bandos y tuvo que huir para empezar de nuevo, pues meses antes había destapado en la web todas sus identidades secretas. Sin tener a dónde ir, decidió volver a la casa de seguridad que tenía en Rusia, donde se encontró a la única persona fuera de América por la que realmente sentía un tipo de cariño, su hermana. Juntas, comenzaron a trabajar para cerrar cabos sueltos, lo que hizo que la mente de la espía pelirroja se mantuviera ocupada, hasta un día en el que se encontró un enorme ramo de flores amarillas y naranjas al llegar a su apartamento. — ¿Y eso? — le preguntó confundida a Masha. — Soy para ti — contestó la rubia con una sonrisa coqueta. Intrigada, tomó la nota que tenían las flores en medio de ellas. "Te necesitamos. Sin ti no podemos continuar. Encuéntranos en Rumania. R-" — No voy a ir — dijo Irina firmemente mientras se sentaba en el balcón de la sala de estar de la base de trabajo del F.B.I. — Riny, Richard es uno de tus mejores amigos — Joseph la miraba severamente. — Richard no debería ser mi mejor amigo — murmuró la pelirroja — es un error seguir siendo la "mejor amiga" de tu ex-novio — susurró con tristeza mientras roía distraídamente la manga de su suéter. Habían logrado terminar la guerra civil después de que Allan Smith pidiera ayuda al resto de sus compañeros para atrapar a un misterioso villano que estaba detrás del adolescente que lo había acompañado en el aeropuerto de Berlín, al que quería como un hijo. Sin embargo, algo que no se puedo arreglar fue la relación de Richard y Irina pues la espía se rehusó a volver con él y tuvo que mirar como el hombre de su vida se enamoraba de Margot Adams y comenzaba una relación formal con ella al punto de prometerle matrimonio. Y ahora ella se encontraba negándose a ir a esa maldita boda, como una niña caprichosa. — Richard no te perdonará si no vas — continuó Clint con el regaño. — Richard John Miller no me ha perdonando muchas cosas. — Insistió que debes ir. —Insistió que no debes meterte ello que no te importa — dijo Irina, levantándose y saliendo de la sala. Decidida a no ir a la boda, invitó a Masha a pasar unos días con ella en la casa que recientemente había comprado cerca de la granja de los Morgan para poder disfrutar sus escasas vacaciones cerca de los sobrinos a los que tanto quería. La rubia accedió de inmediato, encantada de tener la libertad de moverse entre países gracias a la reciente adquirida protección de la Interpol. Irina manejaba hasta el aeropuerto mientras pensaba en la relación que tuvo con Richard Miller y en lo estúpida que había sido al dejarlo ir. Quizá era esa su mayor maldición, que nunca merecería a alguien tan bueno como Richard Miller y que solo le era permitido disfrutarlo como suyo unos pocos años. El amor que había sentido con él era una de las cosas que aún motivaba a Irina a salir adelante y a ser una mejor persona. Desde que se separó de él intentó entablar relaciones con otros hombres, aunque fueran de una sola noche, para escapar de la soledad que la embargaba, pero nadie logró llegar al nivel personal y s****l que Richard Miller había establecido en su vida. Fue entonces que se dio cuenta que encontró al amor de su vida y lo dejó ir por una estúpida pelea donde ella simplemente quería que su familia se mantuviera unida. Y ahora no podría recuperarlo nunca porque dejó que ganara su terquedad y su dificultad para perdonar. Ojalá las cosas hubieran sido diferente; ojalá no hubiera sido tan idiota; ojalá hubiera sido valiente. Llegó al aeropuerto donde se encontró que el vuelo de Masha estaba retrasado, por lo que pidió un café y, mientras la esperaba, sacó su cuaderno n***o de la KGB donde solía anotar las memorias que sabia eran reales para escribir un poco de Masha cuando encontró las flores muertas y conservadas de los ramos que Richard le había regalado, el último vestigio de que su relación había sido real. Fue allí donde la espía se rompió y comenzó a llorar. Recibió a su hermana con la mejor sonrisa que pudo interpretar en ese momento y dejó que ella llevara la conversación el resto del regreso a la casa de la espía, solo quería dejar de pensar. — ¿No irás con los Morgan? — preguntó Masha cuándo la vió despedirse de la familia pues irían a la boda del Capitán Miller. — No tengo nada que hacer en esa boda. — Es la boda de tu líder. — Dije que no tengo nada que hacer en esa boda, Mash. — Боже мой ! — exclamó Masha — ¡ESTÄS ENAMORADA DE ÉL! — No te lo voy a negar — susurró Irina dando un sobro a su cerveza. — ¿Y por qué no fuiste tras él? — preguntó la rubia, intrigada. — Porque soy una idiota que seguía creyendo que el amor era cosa de niños y no estaba lista para ser niña de nuevo. — Oh, Irina — Masha le tomó la mano con una sonrisa triste. El día de la boda de Richard y Margot, Irina no pudo dormir y se levantó temprano a hacer algo de ejercicio para despejarse de los pensamientos dolorosos que la acosaban, pero se detuvo en secó cuando vió un hermoso ramo de rosas rojas en su mesa.  —¿Podemos hablar?— la voz de Richard la sacó de su estupor. —¿Qué haces aquí Richard?— Irina se llevó las manos a la boca, con lágrimas llenando sus ojos verdes. — No puede, RIn. No puede casarme con Margot cuando a la que en realidad amo es a ti. Irina no dijo nada y, por primera vez en su vida, escuchó a su corazón. Saltó a los abiertos brazos de Richard para besarlo con todo el amor contenido. — Lo siento tanto, mi amor — murmuró entre sus labios, con los ojos llenos de lágrimas. — Yo lo siento también Rin — Richard apretó sus manos alrededor de la cintura de Irina, como asegurándose de que nunca se separaría de él — No debí perseguir una relación cuando en realidad te amaba a ti. Lastimé a Margot y a mi mismo, pero sobre todo te lastimé a ti y eso no me lo perdonaré. — No tienes que sentirte culpable, Richard — Irina acariciaba su cara, sin poder creer que estuviera entre sus brazos de nuevo — Los dos tomamos malas decisiones. — Aún así, te lo compensaré — prometió Richard besando su nariz — Te llenaré de rosas toda la vida, amor mío. 
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