Mi suegra es un tesoro

1345 Palabras

CELESTE Se fueron todos del comedor y nos dejaron a Ingrid y a mí, en ese silencio. Yo solo me quedé ahí, toqueteando el borde del suéter. Bajé la mirada porque no tenía valor para encontrarme con la suya. Sabía que si la miraba, me iba a quebrar. —Perdóname, por favor... no te enojes conmigo —dije al fin, con la voz tan bajita que apenas se oía. El corazón me latía tan fuerte. —Tienes todo el derecho a estar molesta, pero no lo estés... ya no aguanto que más gente me mire así —dije, con las lágrimas empapándome. La miré, buscando una chispa de compasión en su cara. —Todos los que amo están decepcionados o furiosos conmigo: mis padres, Isayana, y... sobre todo Cassian —añadí, mirando de reojo la mesa. Me tapé la cara con las manos. Me sentía desbordada, y no quería que ella me viera

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