Capítulo 11(p2)

1017 Palabras
Inevitablemente los pensamientos de Rubí evocaron a Daryl, tan presentes últimamente en ellos, y tuvo que reprimir un suspiro de ansiedad. –Supongo que tu amigo estaba contigo... ¿está igual o peor que tú...? –No pudo evitar preguntar por él. "Tal vez por eso no me ha llamado", especuló. –¿Daryl? ¡Nadie puede con él! Aunque me cueste reconocerlo, Daryl es mucho más ágil que yo con los puños. Es un maldito demente cuando está furioso. Sólo resultó con un pequeño corte en el labio, y eso porque le estaban dando entre dos. Rubí se quedó en silencio presa de una extraña emoción. Se imaginó a un Daryl exaltado, con el rostro enloquecido cubierto de sudor, los músculos tensos y las venas hinchadas de furia castigando a quien ose meterse con él. Pensar de ese modo en Daryl la alteraban, y no lo podía negar porque su pecho agitado acusaba que lo que estaba sintiendo era real. De pronto todo se volvía intenso con él. –¿Ya comiste? –Rubí cambió drásticamente de tema y así no seguir pensando en Daryl. –No, te esperaba para pedir algo para los dos. –¡Perfecto! Yo llamo para que nos suban el almuerzo. –De un salto se levantó de su lugar y fue por el teléfono para pedir la comida del día. ... El día lunes Rubí se preparó como siempre para la rutina acostumbrada. Se obligó a ignorar cualquier pensamiento que tuviera que ver con... él. Pasó la semana procurando mantenerse ocupada durante todo el día y llegada la noche estar lo suficientemente cansada y solo desear dormir. Poco importaba ya la petición de Daryl. Así llegó el viernes y ella recibía a los últimos clientes antes de poder retirarse a casa. –Buenas tardes. Bienvenidos a Gino's Ristorante. –Una hermosa sonrisa acompañó el saludo de Rubí. Se empeñaba en atender lo mejor posible a los clientes y así recibir una buena propina. –Buenas tardes, señorita. Mesa para dos. –Con mucho gusto. Sígame, por favor. Mientras guiaba a los clientes a la mesa, el celular comenzó a vibrar dentro de su bolsillo. El uso de teléfono estaba prohibido en la jornada de trabajo así que la insistente vibración ya la estaba exasperando. Luego de tomar el pedido, Rubí se dirigió a la cocina e ingresó la comanda. No pudo resitir la tentación de mirar su teléfono móvil y en una fracción de segundo lo sacó de su bolsillo y echó un vistazo. Era un número desconocido el que se repetía y luego un mensaje de texto del mismo: "Tenemos que hablar, Daryl" el corazón ya se le salía por la boca, sin embargo, decidió ignorarlo y continuar con su trabajo. Así pasaron varios días en que Rubí se negaba a responder las llamadas y mensajes que Daryl le enviaba continuamente para reunirse con ella a solas. Inventó excusas para no asistir al bar el fin de semana con tal de no encontrarse con él allí. Deseaba evitarlo a toda costa. Se sentía débil cerca de él. Todo su carácter y voluntad se desvanecían en el deseo que Daryl sentía por ella. ¿Desde cuándo era tan débil con los hombres? siempre había podido manipularlos y mantenerlos a raya sin dificultad. Mas ahora parecía dominada por una fuerza superior que la obligaba a dejarse llevar sin pensar en las consecuencias y eso la asustaba. Un sábado por la noche se escusó con Nyo que ese día tampoco podría ir al bar. Se puso su pijama y se metió en la cama para leer su novela favorita, una que hablaba de un tórrido romance entre una cándida jovencita y un atractivo y seductor hombre mayor con final feliz. Algo que jamás le sucedería a ella, pero que se contentaba con experimentarlas a través de los libros. El celular sobre la mesita de noche llamó su atención. Vibraba anunciando una llamada entrante, Rubí lo tomó para ver de quien se trataba: era Daryl. Lo contempló indecisa, con el imperioso deseo de responder. La luz parpadeaba incesante una y otra vez como rogando que atendiera la llamada. Debía mantenerse fuerte y no ceder, no ante él. El celular volvió a vibrar, pero esta vez de manera breve anunciando un mensaje: "Si no respondes iré al bar para insistir y no me importa que ese tal cubano esté vigilando." El teléfono móvil aterrizó de golpe a los pies de Rubí. Suspiró angustiada ya no sabía que mas hacer. Daryl la tenía acorralada. Roberto no podía verla con Daryl otra vez o cumpliría su palabra de alertar a Nyo y su chico no se lo iba a tomar nada bien. ¿Qué tal si se arruinaban todos sus planes los que con tanto esfuerzo y perseverancia llevaba adelante? Eso era impensable. De algún modo tenía que hacerle entender a Daryl que la dejara en paz. Tomó el celular dispuesta a zanjar el problema de una vez por todas. Respiró profundo y sin pensarlo dos veces llamó a Daryl quien respondió al tercer tono. –Hasta que al fin te dignas a respon... –En dos semanas más. –...Es mucho tiempo, Rubí. –No puedo antes. –Mañana. –No puedo. –Rubí, no juegues conmigo –advirtió Suspiró exasperada y se esforzó para no perder la calma. –El próximo fin de semana. Eso o nada. Daryl resopló malhumorado. Poco le gustaba seguir esperando pero no tenía otra opción. –A que hora paso por ti. –No. No vengas a mi departamento. Reúnamonos el sábado a las 14pm en el parque Leif Ericson que está cerca de aquí. ¿Lo ubicas? –Sí. No faltes... Tal vez Daryl había añadido algo mas, pero Rubí ya había cortado la llamada sin despedirse. Ya no tenía deseos de leer y se quedó tendida sobre su cama con la mirada perdida invadida por los nuevos sentimientos que comenzaba a descubrir. Una parte de ella queria irse con él. Daryl era el único hombre que la había rechazado y que ahora la deseara le resultaba excitante.
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