La mañana del domingo esperaba paciente tras la cortina. Rubí abrió los ojos y consultó el reloj en su mesita de noche; eran las siete. Se estiró plácidamente en su confortable cama de dos plazas y cálido cobertor de plumas con el que se cubría hasta la cabeza. El sueño nocturno se había llevado los malos momentos vividos la noche anterior. Se levantó enseguida, rebosante de buen humor y ansiosa por comenzar su día. Era una mujer activa y necesitaba constantemente utilizar su tiempo y energía en algo que la mantuviera ocupada. Al igual que su mente brillante y ávida por adquirir conocimientos, le exigía siempre nuevos retos con los que ser desafiada. Satisfacía esa necesidad con la variada colección de libros que guardaba, cuidadosamente, en un espacio en su habitación. Su posesión más preciada. Para ella, una mujer inteligente es una mujer que lee, que nutre su mente de variados conocimientos y busca las respuestas a sus interrogantes.
Caminó hasta el baño para hacer sus necesidades y lavarse el rostro con la exquisita espuma limpiadora importada desde Corea, los reyes indiscutibles del skincare. Luego, aplicó el tónico, la crema hidratante y el contorno de ojos. Se vistió con jeans, zapatillas y una sudadera con capucha de color azul rey. Después de su desayuno libre de carbohidratos y azúcares refinados, comenzó a preparar los ingredientes y a lavar las verduras para su almuerzo y el menú semanal acompañada por la música de The Weeknd. Cada domingo lo dedicaba a cocinar la comida de la semana, la que luego guardaba en posillos de vidrios dentro del congelador. La cocina era una de las actividades que más disfrutaba porque la conectaban con su pasado, y aquellos recuerdos que guardaba celosamente en su corazón. Pronto, el ambiente fue inundado con los exquisitos aromas de las verduras salteadas, el sofrito, el comino, el orégano y los tostones. Se alimentaba sano, más el domingo se permitía disfrutar de un plato más contundente y sin tantas restricciones.
Cerca del medio día terminó las variadas preparaciones para almorzar en la semana y se sentó a comer su plato preferido: Sopon de pollo con tostones. Una vez que terminó de disfrutar su almuerzo, se levantó para limpiar la cocina y continuar con el sagrado aseo profundo de fin de semana en el resto del departamento. Por la tarde se daría gusto con uno de los libros que guardaba en su pequeña biblioteca. Mientras cambiaba las sábanas de su cama, su teléfono celular comenzó a vibrar. Era Nyo, precisamente era la hora en que se despertaba los domingos. Rubí no tenía intenciones de salir de casa, deseaba acabar con la limpieza para poder descansar en su sofá en la compañía de un buen libro hasta que llegara la hora de dormir, pero la insistencia de Nyo por hablar con ella de manera impostergable, la obligó a cambiar de panorama. Su libro tendría que esperar. Terminó la limpieza y se fue al baño para ducharse y prepararse. Pronto llegaría Big Joe en el Cadillac para llevarla al departamento de su chico. Rara vez el moreno la visitaba en su pequeño departamento de Brooklyn. No le agradaba el barrio, ni el ambiente. Decía que no era un lugar apto para una persona de su clase y posición. Lo mismo le decía a Rubí antes de que se mudara a Brooklyn. Sin embargo, a ella poco le importaba la opinión de Nyo respecto al departamento que había escogido para vivir sola. Su independencia y libertad no eran tranzables.
La bocina del Cadillac anunció su llegada, Rubí se asomó por la ventana para avisarle al chofer que bajaría pronto. Se puso sus tacones, tomó su bolso y bajó para dirigirse al 50 West en Manhattan.
...
-No, Nyo, ¡Definitivamente no!
-Rubí, por favor, sé razonable. -El moreno miraba a su chica suplicante desde el sofá frente a ella en la maravillosa sala de estar del lujoso departamento.
-Eres tú quien no está siendo razonable. -Se levantó del sofá molesta. ¿Como podía pedirle una cosa así después de lo que había pasado la noche anterior?-. Nunca me has pedido que participe en tus reuniones de negocios. No entiendo porqué ahora quieres que esté presente y con ese italiano para colmo. -Rubí cruzó los brazos sobre su pecho en señal de férrea resistencia.
-Rubí, escucha..., -le rogó y se acercó a ella diligente. La tomó de los hombros para obligarla a que lo mirara a los ojos y tener más chance de convencerla-. Ese italiano está forrado en dinero. Lo que pisa lo convierte en oro. Y yo tengo la oportunidad de mi vida al hacer negocios con él. Ganaré varios millones de dólares si se decide a concretar conmigo...
-Y eso no me incumbe -interrumpió Rubí con incisivo humor-, lo has dicho en reiteradas oportunidades.
El moreno suspiró frustrado. Más fácil era concretar negocios multimillonarios que convencer a su chica.
-Está bien, admito que tienes razón... -la observó en silencio deseando encontrar en sus ojos, un pequeño gesto accesible, Rubí se mantenía impenetrable y Nyo decidió jugarse la carta de la sinceridad-: Nena, seré honesto contigo. Vincenzo quedó totalmente deslumbrado con tu belleza. Si accedes a estar presente solamente una vez, estará mucho más dispuesto a hacer negocios conmigo.
-¿De verdad crees que un hombre como ese hará negocios en base a la presencia de una mujer? ¡que ni siquiera conoce! Él verá el beneficio económico que recibirá a cambio sin importar si yo esté o no presente. Te está manipulando, Nyo.
-¡Lo sé! ¡Por supuesto que lo sé! Y yo también puedo manipularlo contigo presente. Quiero jugarme todas mis cartas.
Rubí lo consideró en silencio un momento, sin apartar la mirada de su moreno que parecía estar en una lucha de vida o muerte. En cuanto Rubí recordó la mirada del italiano, un desagradable escalofrío le recorrió el cuerpo. Realmente era algo muy difícil para ella lo que su chico le estaba pidiendo.
-Lo siento, Nyo. Sabes que siempre estoy dispuesta a ayudarte, pero esta vez no. Ese hombre no me agrada, por muy atractivo y millonario que sea, ¡detesto su cara lasciva mirándome y sus aires de omnipotencia!
-Rubí, por favor, te necesito. El italiano solo quiere disfrutar de tu compañia. No permitiré que te toque, estarás a mi lado en todo momento.
-¿Por qué no se lo pides a Genie?
-No le gustan las mulatas. Además, él pidió tu presencia. No desea la compañía de ninguna otra mujer.
-¡Y más encima es racista! Cielos, Nyo, ¿de dónde sacaste a ese tipo?
-Rubí, a mí no interesa que tipo de mujeres escoge para meter en su cama. Yo solo quiero hacer negocios con él.
Rubí resopló para dejar escapar las dudas que la afligian, se liberó del agarre del moreno y avanzó hasta el gran ventanal para contemplar el panorama y analizar la situación. No deseaba volver a ver a ese italiano, sin embargo, estaba consciente de todo lo que Nyo había hecho por ella. Se sentía en deuda con él y hacerle ganar dinero era su manera de retribuirle.
-Te prometo que no permitiré que ese hombre te toque -insistió el moreno al ver las dudas en Rubí-. Yo tampoco estaba de acuerdo al principio, y el italiano me aseguró que no tiene malas intenciones..., será solo una vez, Rubí, luego se largará a Italia y no lo verás nunca más en tu vida.
Rubí se dió la media vuelta para mirar a Nyo otra vez.
-¿Eso es cierto? -preguntó expectante. Esa información cambiaba las cosas para ella. Pensó que sería justo hacer un esfuerzo por su chico, considerando que no vería a ese italiano arrogante nunca más. Nyo avanzó hacia ella esperanzado.
-Claro que sí, nena. Vino a América a supervisar sus negocios y luego se regresa a Nápoles, y es difícil que vuelva. Siempre envía a su mano derecha.
-No sé, Nyo. No estoy segura... -persistían las dudas en ella. ¿Realmente ese italiano no tenía malas intenciones? ¿O escondía algo más?
-Daryl también estará presente -anunció Nyo con la intención de calmarla.
-Que alivio... ahora puedo estar tranquila -manifestó con ironía desviando la mirada.
-Rubí, por favor. Daryl está haciendo un esfuerzo por llevarse bien contigo.
Rubí evitó reírse en la cara de su moreno. Sabía que Daryl no tenía intención alguna de llevarse bien con ella, al contrario. Se dió cuenta de la farsa, ese puertorriqueño era mucho más astuto de lo que ella creía.
-No veo porqué deba hacer un esfuerzo para llevarse bien conmigo. No le he dado motivo alguno para detestarme, ¿o sí?
-Por supuesto que no, preciosa. Daryl es un tipo complicado, desconfía de todo el mundo... -la examinó expectante, deseoso de recibir una respuesta positiva-. Y bien, ¿Qué dices?
Rubí resopló rendida ante la petición de su mulato.
-Está bien, haré lo que deseas, ¡pero solo una copa y después me voy!
-¡Esa es mi chica! Sabía que podía contar contigo. -Nyo no esperó más para abrazarla satisfecho y al mismo tiempo agradecido-. Nena, otra cosa... -se apartó otra vez de ella al recordar cierto detalle y se rascó la cabeza incómodo-. ¿Puedes usar el vestido rojo?
Rubí miró al cielo y suspiró exasperada.
-¡Está bien! ¡Está bien! Ahora déjame ir, que mi libro me espera.

El tiempo se resiste en transcurrir cuando se anhela que este avance. Y se va entre los dedos cuando se desea lo contrario. Así pasó la semana, con tres hombres ansiosos por la llegada del fin de semana, todos con distintas motivaciones: dinero, deseo, y obsesiva curiosidad. Y con Rubí, quien sería el centro de atención de estos tres hombres, padeciendo cada segundo por el avance irrefrenable de los días. Hubiera deseado que aquel fin de semana no llegara jamás. Más el tiempo es implacable, no se detiene ante nada, y este no tardó en acudir a la cita puntual como siempre, pero ella no estaba lista. Daba vueltas por el departamento, tropezando con todo y sin hallar nada. Se detuvo frente a su ventana, procurando calmar la agobiante ansiedad que la corroía por dentro. Afuera la ciudad seguía su curso cotidiano, totalmente ajena a su angustia.
Es curioso pensar como en ciertos momentos de nuestras vidas suceden situaciones que nos hacen cuestionarnos todo: la vida, las relaciones, y sobre todo nuestras decisiones. Decisiones que son imposibles de rectificar. Este era el caso de Rubí, quien suspiró desanimada al reflexionar que ya nada podía hacer para zafar, y que lo mejor era enfrentar el momento sin dilatarlo más. Se fue al cuarto de baño a prepararse para su cita. Después de noventa minutos ya estaba lista y se miró en el espejo con pedestal del dormitorio. En ese momento su teléfono celular comenzó a timbrar. Avanzó hasta su cama y lo cogió de encima. Era Nyo.
-¿Sí?
-Rubí, ¿dónde vienes?
-Estoy en el departamento todavía.
Rubí escuchó a Nyo resoplar con impaciencia.
-Nena, te estamos esperando...
-Ahora salgo... -le respondió de mala gana. Inmediatamente Nyo suavizó la voz.
-¿Quieres que vaya por ti?
-No. No es necesario. Big Joe me espera.
-Está bien, no tardes.
El momento había llegado. Rubí inspiró de manera casi dolorosa, ignoró esa desagradable sensación, tomó sus cosas y salió de su departamento sin mirar atrás. El Cadillac recorría las calles nocturnas de Brooklyn rumbo a Manhattan, mientras ella observaba los automóviles que pasaban a su lado deseando ir en uno de ellos y escapar. A medida que la limusina avanzaba a su destino, aumentaba también su ansiedad.
En el Red Velvet el ambiente ya estaba encendido. Los días viernes eran los más eufóricos de la semana. Después de una jornada laboral de cinco días, las personas llegaban ansiosas a disfrutar y desconectarse de las agobiantes responsabilidades. Nyo, Daryl y Vincenzo, los tres varones elegantemente vestidos y con exquisitas fragancias, estaban charlando y bebiendo una copa en el lugar habitual que ocupaba Nyo en el bar. Las miradas entre ellos eran ansiosas e impacientes, sobre todo las del moreno, que miraba cada cinco minutos hacia la entrada esperando ver a su chica. Daryl era quien menos ansioso se veía. Al menos en apariencia, porque se había pasado toda la semana pensando en el día que llevó a Rubí a su departamento y la sorpresa que le causó ver el lugar donde ella vivía. Ahora esperaba expectante ver el comportamiento de la chica frente a Vincenzo. Seguía escéptico con respecto a ella y se decía a sí mismo que una farsa no puede perdurar en el tiempo, y que en algún momento ella mostraría sus verdaderas intenciones.
¡Que derroche de testosterona y virilidad emanaban los tres juntos! Cada uno con su propio atractivo que no dejaba indiferente a ninguna de las mujeres que se deleitaban escogiendo a su favorito de entre los tres. El aroma de Nyo era una mezcla de madera y coñac. Vestía un traje gris a rayas con un sombrero a tono, que le daban un aire de gánster. Los ojos avellana de Daryl, resaltaban en su traje completamente n***o, y su perfume de almizcle y especias se escapaba por el cuello abierto de su camisa. En cambio, el atractivo del italiano era el que más resaltaba. Parecía un verdadero adonis, con rostro tallado por los mismos ángeles, dios griego bajado directamente desde el olimpo, y todos aquellos adjetivos que utilizan las mujeres para describir a un hombre guapo como él. Y la verdad, es que todos aquellos calificativos quedaban cortos para él. Llevaba un traje en tono azul marino, el cabello ligeramente húmedo y un anillo con un circulo n***o en su meñique derecho. No necesitaba esforzarse mucho para lucir irresistiblemente fascinante y seductor. Su fragancia italiana se encargaba de indicar el camino a todas aquellas mujeres extraviadas y cansadas de lo común y corriente. Sedientas de pasión y lujuria desenfrenada en los brazos de un hombre atractivo, rico y poderoso. La promesa de "satisfacción de necesidades" brillaba con fuerza en los ojos esmeralda de ese italiano.
El Cadillac se estacionó en la entrada del bar. En el momento en que se abrió la puerta, un hermoso zapato rojo con delicados detalles dorados imitando las pequeñas hojas de una enredadera se posó en el asfalto. El tacón parecía el tallo de donde nacían pequeñas hojas que le daban soporte al talón, y en ellas habían pequeños rubíes incrustados. Esos zapatos debían costar miles de dólares. Rubí bajó del vehículo sintiendo una punzada de nervios en el estómago. Parecía que el tiempo se había aletargado y todo comenzaba a suceder en cámara lenta. El sonido de sus tacones resonaban en el asfalto mientras avanzaba con paso seguro y decidido. Su cautivante presencia llamó la atención de las personas que esperaban en la fila para poder entrar. La sorpresa y admiración fueron unánimes. El personal de seguridad la escoltó hasta la entrada de libre acceso para ella. Mientras se acercaba, divisó a Nyo que escuchaba con interés al italiano de quién solo podía ver la espalda. Volvió a suspirar con nerviosismo, y en ese mismo instante, sus ojos fueron atraídos por una fuerza invisible, Daryl la observaba con una mirada enigmática. Rubí pudo percibir cierto interés en él. Era de esperarse. Lo más seguro era que Daryl esperaba ansioso ver un paso en falso de parte de ella delante de el rico y poderoso Vincenzo. Ese pensamiento aumentó su ansiedad y nerviosismo. Lo que ella ni siquiera podía sospechar, era lo que estaba sucediendo dentro de ese presumido y deslenguado puertorriqueño. Algo, que ni él mismo podía controlar, mucho menos evitar. En cuanto vió a Rubí acercándose a ellos, una profunda atracción se encendió en él, atracción que iba más allá de lo físico. El aura de esa mujer era tan potente, que suprimía todo el desprecio que Daryl pudiera sentir por ella ¿como era posible que esa mujer tuviera tal poder sobre él?
Se maldijo en silencio por su estúpida debilidad. Odiaba sentirse débil y vulnerable, sobre todo frente a una desconocida.
Los ojos del mulato se iluminaron cuando advirtió la llegada de su hermosa chica. Estaba más bella que nunca.
-Rubí, al fin llegas -manifestó Nyo con entusiasmo y se puso inmediatamente de pie para recibirla como era su costumbre. Vincenzo, en cuanto escuchó el nombre de la chica, se giró ansioso por verla nuevamente.
-Lamento la tardanza. Tuve un inconveniente.
-Tranquila, lo importante es que estás aquí. Dame tus cosas.
Nyo le ayudó a quitarse el abrigo y se lo pasó a una joven del personal junto con su bolso para que lo llevara a su camerino. Vincenzo, sumamente complacido, la recorrió lentamente con la mirada, desde los zapatos con los detalles dorados hasta sus labios en rojo pasión. Y mientras Nyo la besaba se puso de pie, deseoso por saludarla.
-Buenas noches, bella signorina -la saludó cuando llegó su turno provocando que Rubí se tensara al instante. Vincenzo miró su rostro perfilado por las suaves ondas de su largo y abundante cabello n***o, y le pareció mucho más bella que la primera vez que la había visto. El rojo le sentaba de maravilla y volvía irresistiblemente tentadores sus labios gruesos. Lo que más le atraía de ella, era esa sensualidad mezclada con ese brillo inocente y misterioso que poseían sus ojos, y que le daban una apariencia dulce y angelical.
-Buenas noches -respondió Rubí haciendo un gran esfuerzo por parecer cortés y amable con él.
-No he tenido el placer de presentarme, Vincenzo Giuliano -anunció con presunción. Extendió la mano para estrecharla con la de ella. Rubí la observó indecisa, no deseaba tener contacto alguno con ese hombre. Miró de reojo a Nyo para manifestarle su negativa. Este, preocupado por no ofender a Vincenzo, le hizo un leve movimiento con la cabeza para animarla a corresponder el saludo. De mala gana, Rubí extendió su mano y se la concedió al italiano. El contacto era sorprendentemente suave y al mismo tiempo posesivo. Como si quisiera adueñarse de ella por completo. La profunda mirada verde de Vincenzo penetró en sus ojos de manera inquietante. La seducción comenzó a subir por su mano y a enrrollarse suavemente alrededor de su brazo provocando un leve cosquilleo. No podía negar que el aura del italiano era incriblemente seductora-. Quiero ofrecerle mis más sinceras disculpas por mi atrevido comportamiento la primera vez -dijo Vincenzo sin soltarla. Alzó su mano y se la llevó a la boca para depositar un húmedo beso en el dorso. Rubí apretó los dientes para resistir el deseo de arrebatarsela y soltarle un bofetón. Aparentemente parecía un gesto simple y caballeroso, pero para ella le resultaba indecente e interminable, y se debía a la mirada lujuriosa del italiano. Molesta, Rubí miró otra vez a su chico para advertirle que si la velada continuaba de ese modo se marcharía sin contemplación. Nyo, que comprendía lo que ella quería decir con solo una mirada, le rogó cerrando los ojos. La discusión silenciosa entre ellos fue interrumpida por la voz grave y seductora del italiano que enloqueció al sentir el aroma a rosas que desprendía la piel de Rubí.
-Se non appartenessi ad un altro, ti terrei nuda nel mio letto (si no pertenecieras a otro, te tendría desnuda en mi cama)
Rubí lo miró desconcertada. No había entendido nada de lo que él había dicho, pero por alguna razón, se sintió vulnerable y expuesta ante él. La mirada lujuriosa de Vincenzo se había agudizado. El rechazo en ella fue definitivo. Rubí detestaba a los hombres como Vincenzo, que trataban a las mujeres como simples objetos de deseo y posesión. No importaba que fuera la primera vez que conocía a un hombre tan atractivo y millonario, su comportamiento y aires de dios omnipotente lo convertían en un ser horrible y despreciable. De nada le servía su atractivo y poder con ella.
-¿Disculpe? no hablo italiano.
-Decía que su belleza me ha impresionado -respondió el italiano con una sonrisita maliciosa.
Rubí, sin responder, lo miró desconfiada y le quitó la mano con un rápido movimiento. Apenas comenzaba la velada y ya estaba harta de su arrogancia. Vincenzo en vez de sentirse ofendido por la actitud arisca de la hermosa mujer, sonrió con más gusto, completamente seducido por ella.
Nyo, intervino antes de perder los estribos por el comportamiento descarado del italiano.
-Daryl, ¿puedes cambiarte de lugar?
En silencio, el puertorriqueño analizaba cada detalle del encuentro en el asiento que normalmente ocupaba Rubí. Nyo no estaba dispuesto a que ella ocupara el lugar libre al lado de Vincenzo.
-No hay problema -respondió poniéndose de pie. En ese momento Rubí lo miró a los ojos con la intención de saludarlo, y él, finguiendo indiferencia, le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo.
"Tan elocuente como siempre" pensó ella y pasó entre Nyo y Vincenzo para sentarse al lado de su guapo moreno.
El martini de granada de Rubí, sabía delicioso y le ayudó a mejorar el ánimo. Pronto el ambiente se volvió más relajado y ameno. La presencia de Rubí los tenía a todos de un estupendo humor, y entre risas y copas recordaron algunas de sus hazañas para presumir delante de ella. Lo que ellos no sabían, era que esos temas donde el ego masculino era venerado y exaltado, la aburrían profundamente. Le costó trabajo sonreír con indiferencia, si aguantar el ego de dos hombres ya era difícil, con tres se volvía una tarea titánica y requería de toda su concentración y capacidad de autocontrol.
La curiosidad de Daryl por Rubí había incrementado. Era tan misteriosa e intrigante, y le causaba una desconocida satisfacción el hecho de saciar esa curiosidad por saber más. Desde que ella había llegado al bar, seguía atentamente, cada uno de sus gestos y su comportamiento frente a Vincenzo. Daryl sabía como las mujeres enloquecían con el italiano, pero en cambio Rubí parecía estar incómoda y deseosa por marcharse. El rechazo en ella era evidente. ¿Quién era esa mujer y de dónde había salido? Y lo que más le intrigaba ¿cómo fue que conoció a Nyo? Esas interrogantes provocaron que sus ojos permanecieran por más tiempo del debido sobre ella, estaba tan concentrado en sus cuestionamientos que no se percató de su descuido. Parecía estar en un estado de embrujo secreto del que no era consciente. Rubí, percibiendo la insistente inspección del sulfuroso puertorriqueño, desvió su atención hacía él para saber hasta donde había crecido su odio por ella. Sus ojos hicieron contacto por segunda vez aquella noche, todo un record considerando la adversión que Daryl sentía por ella y que siempre la ignoraba cuando estaba presente. Se sorprendió al darse cuenta que él ya no la miraba con severidad, más bien, con curiosidad, como quien desea descifrar un enigma. Rubí le sostuvo la mirada por un momento, y Daryl se sintió seducido por esos ojos femeninos tan llenos de matices. Se preguntó como sería ella en la intimidad. ¿Tan apasionada como su aura? ¿O sería tierna y dulce como el brillo especial en sus ojos? O tal vez era la mezcla de ambos. ¡Que fascinante le resultaba pensar en aquella combinación! y aún más en poder descubrirlo. Asombrado, recobró el sentido y se dió cuenta del giro radical que estaban tomando sus pensamientos. Bebió un trago y el ardiente licor se le atoró en la garganta y comenzó a toser llamando la atención de los presentes que lo miraron con curiosidad.
-Lo siento... -se disculpó arrugando la frente debido a la incomodidad del momento y se obligó a sí mismo a recobrar la compostura y el control de sus pensamientos. Con su cuerpo era inútil siquiera intentarlo, ese se mandaba solo.
-Cuidado, Ortega -dijo Vincenzo en tono burlón. Sabía que Rubí a él tampoco lo dejaba indiferente-. Que no te agobie la frustración. Siempre ha sido tu mala consejera. -Su boca se curvó en una sonrisa malintencionada. Ese italiano bocazas conocía muchos de sus secretos más oscuros, y las cosas que Daryl era capaz de hacer cuando deseaba algo. La complicidad era tal entre ellos, que Daryl en lugar de sentirse ofendido, se echó a reír de buena gana orgulloso de lo que significaban esas palabras. Recuperando su estilo despreocupado, dió un par de palmadas sobre el hombro del italiano y se apoyó sobre el respaldo.
-Ya me conoces.
¿Sabe sonreír? Reflexionó Rubí que observaba con sorpresa la interacción entre ellos. Era la primera vez que veía este gesto en él, y era increíble lo mucho que cambiaba su semblante cuando sonreía. Las comisuras de su boca formaban unas hermosas curvas y sus ojos se tornaban mas avellanas y brillantes. Estaba de manifiesto que esos dos ya tenían bastante recorrido juntos. De pronto Rubí tuvo un terrible presentimiento. ¿Acaso Daryl tenía algo que ver con la llegada de Vincenzo al bar de Nyo? ¿Estarían confabulados para tenderle una trampa para separarla de su moreno? Era muy probable conociendo el odio que Daryl sentía por ella. Disimuladamente, miró a esos dos hombres delante de ella que sonreían cómplices y tuvo miedo de lo que ese par podría estar maquinando en su contra. Buscó refugió en Nyo, y tomó su mano para sentirse un poco más segura. Los pensamientos comenzaron a atormentarla. Nyo notando la ansiedad en los ojos de su chica, correspondió el gesto rodeándola por los hombros con su brazo izquierdo. Daryl advirtió la sospecha en Rubí, y curvando las comisuras de los labios con rostro descarado pronunció:
-Tal parece que estamos aburriendo a nuestra invitada especial. No parece muy complacida.
A Rubí, aquellas palabras le parecieron una provocación de parte de Daryl. Insistía en importunarla y dejar en evidencias cosas que solo él veía. De todos modos lo aplaudió mentalmente, acababa de pronunciar una oración completa y perfectamente elaborada.
-¿De verdad la estamos aburriendo? -Añadió el italiano de hermosos ojos verdes y sonrisa seductora-. Eso sería una lástima, puesto que la intención de esta reunión es complacerla -añadió con su voz grave y placentera.
Rubí suspiró agobiada y antes que pudiera responder, Daryl prosiguió:
-¿Por qué no nos hablas de ti? ...Rubí.
Insiste en provocarme, dedujo la mujer equivocándose en su juicio esta vez. La verdadera intención de Daryl no era importunarla, más bien, buscaba la oportunidad para conocer más de ella.
-Estupenda idea, ¿A qué se dedica? -preguntó un curioso Vincenzo Giuliano.
Nyo ni siquiera tuvo la intención de intervenir. Sabía que su chica salía bien librada de esas situaciones incómodas, y permaneció en silencio.
-Bueno..., -comenzó a decir Rubí acentuándo la textura aterciopelada de su voz. Alargó el momento y así aumentar la intriga en aquellos hombres que esperaban expectante su respuesta-, No acostumbro a hablar de mi vida privada con extraños -los cortó en seco y sonrió con superioridad, miró desafiante a Daryl y añadió-: No me dedico a nada ilegal si es eso lo que les preocupa.
-¡Oh, no creo que a ninguno de nosotros tres nos preocupe lo que es legal o no! -exclamó el italiano a viva voz. Las palabras de Rubí le parecieron graciosamente irónicas, y los tres varones se burlaron-. Imagino que tiene algún pasatiempo, señorita Rubí. ¿Puede hablarnos de eso o también está prohibido? -insistió Vincenzo con arrogancia y superioridad. Las actividades de una mujer le parecían insignificantes para un exitoso hombre de negocios como él.
"Estúpido arrogante" reflexionó Rubí con hastío. Nyo ya comenzaba a impacientarse con tantas preguntas, y por el sentido que estaban tomando estas. No le gustaba que nadie se burlara de su chica, ni siquiera Vincenzo. Rubí se percató de su inquietud y acercó su mano derecha para posarla suavemente sobre su muslo y tranquilizarlo.
-Sí, de mis pasatiempos puedo hablar -respondió con una sonrisa enigmática. El italiano le hizo un gesto con la mano invitándola a continuar. Los ojos de Rubí brillaron con diversión, por supuesto que respondería acorde al nivel intelectual que ameritaba la ocasión y disfrutó por anticipado-. Me gusta observar el comportamiendo de raros y curiosos especímenes. Aprender como funcionan sus códigos y organizaciones. La mayoría son seres arcaicos y tienen una visión corta y limitada de su entorno. Y lo que más disfruto de ellos, es poder burlarme de sus debilidades. Es fascinante todo lo que se puede aprender por medio de la observación, aunque algunos son bastante rabiosos, y sólo he conocido a dos que son muy poco inteligentes y evolucionados.
"¿De que demonios habla?", se preguntaron al mismo tiempo Daryl y Vincenzo arrugando sus frentes. Rubí estuvo a punto de explotar en carcajadas viendo sus caras de desconcierto, pero se limitó a observarlos impasible.
Nyo, que ya conocía a su chica y el doble sentido que empleaba en sus palabras cuando deseaba burlarse de alguien y no podía hacerlo abiertamente, ladeó la cabeza y la miró con incrédulidad. ¿Cómo se atrevía a burlarse así de sus invitados? Gesticuló con el rostro y alzó las cejas pidiéndole explicaciones. Rubí respondió con una suave sonrisa finguiendo inocencia. El silencio comenzaba a ser incómodo y Nyo sintió la necesidad de intervenir.
-Lo que Rubí trata de decir...
-Lo que trato de decir... -interrumpió su chica impidiéndole que hablara por ella-, ...es que me gusta ver reportajes de animales salvajes y su comportamiento en su habitat natural -mintió.
Ninguno de los dos comprendió el sentido real de sus palabras, aunque Daryl algo sospechó por los gestos demandantes del mulato, y ya no osaron incomodarla el resto de la noche.
Nyo, esperaba el momento oportuno para pedirle explicaciones, y lo hizo al interior del Cadillac camino al departamento de ella.
-Rubí, ¿cómo te atreviste a decir una cosa así delante de Vincenzo y Daryl? ¡te burlaste de ellos de manera descarada!