Rubí resopló exasperada y cruzó los brazos sobre el pecho.
-No me critiques, Nyo, bien sabes que fueron ellos los que me provocaron primero.
-Yo no sé que es peor... -Nyo hizo una pausa para llamar su atención, ella lo miró con interés-. Tener una novia que usa su brillante inteligencia para burlarse de manera solapada de mis invitados o un par de amigos tan idiotas que no son capaces de darse cuenta cuando una mujer se burla de ellos en sus narices.
Rubí dejo salir toda su satisfacción y su boca se curvó en una preciosa sonrisa de triunfo.
-No lo vuelvas a hacer, Rubí. ¡Te lo he dicho tantas veces!
-¡Está bien! ¡está bien! No hay ofensa si el sujeto no se da por aludido...
-Me das miedo, Rubí.
-Eso ya lo has dicho...
-Y te lo digo otra vez. A veces pienso que si hubieras sido hombre estarías gobernando el mundo en estos momentos.
-¿Eso es una ofensa o un cumplido?
-Estoy alabando tu inteligencia. Es increíble hasta donde has llegado desde el día que te conocí.
Conmovida por sus palabras, Rubí dulcificó la mirada y guardo silencio, mientras sus cuerpos se balanceaban en el suave vaivén del SUV.
Después de todo lo que había vivido Rubí, las palabras de Nyo cobraban mayor importancia, sobre todo viniendo de un hombre como él. Ella sabía muy bien lo injusto que es para las mujeres que no reconozcan su talento y las consideren inferiores solo por el hecho de ser mujeres, cuando ellas podrían gobernar de manera más justa e inteligente el mundo. Lamentablemente, la naturaleza les había jugado una mala pasada haciéndolas físicamente más débiles y psicológicamente sensibles. Durante mucho tiempo los hombres se han aprovechado de esa debilidad. Al menos Nyo reconocía sus capacidades. Sin lugar a dudas Rubí había influido positivamente en él desde el primer día en que se habían conocido. Más no quiso demostrarle sus sentimientos.
-¡Vaya! cuando utilizas tu cerebro lo haces increíblemente bien. Deberías hacerlo más seguido -bromeó traviesa.
Nyo le sonrió con afecto y la asió del brazo para atraerla hasta él con suavidad.
-Ven acá, chica lista. Castigaré esa insolente boca que tienes -con la izquierda la tomó de la cabeza y la acercó hasta sus labios para poder besarla deseoso por probar su dulce sabor una vez más.
-Solo espero que todo el show que hicimos esta noche sirva para que logres tus propósitos.
-Sí, seguro que sí. Ese italiano bobo ni siquiera se dió cuenta que lo llamaste cavernícola, retrógrado y... ¿que más le dijiste?
-Tonto -respondió divertida colgada del cuello de su musculoso mulato.
-Tonto, rabioso...
-No, lo de rabioso iba para Daryl.
La carcajada de Nyo resonó al interior del vehículo. No podía esconder la satisfacción que le provoca la ingeniosa respuesta a sus invitados. Era fabulosa.
-Eres tremenda ¿Sabes que ahora tendré que castigarte por insolente y atrevida?
-Mhmm... haré un esfuerzo para soportarlo.
Sin poder contenerse por más tiempo, Nyo le indicó a su chofer que se desviara a su departamento, y durante el caminó se dedicó a besarla con locura, con la satisfacción de saber que aquella deseable mujer solo le pertenecía a él.

Agazapado, ocultando su identidad detrás de un disfraz, no quitaba los ojos de aquella entrada al modesto edificio. Esperaba verla a ella, a Rubí, y descubrir algo revelador que confirmara todas sus sospechas de una buena vez. Correr el velo que ocultaba la identidad de aquella misteriosa e intrigante mujer. Verse a sí mismo en esa situación tan absurda y casi sicópata, le hicieron sentirse estúpido y hasta ridículo, ¿desde cuándo ocupaba tanto tiempo y energía tratando de descubrir los secretos de una mujer que ni siquiera le pertenecía? Su arrogancia se encargó de responder esa pregunta sin dar lugar a cuestionamientos ni objeciones por parte de su sentido común, que le decía a gritos que parara con esa absurda obsesión de una maldita vez. "Esto no tiene nada que ver con obsesión, mucho menos con atracción", le decía aquella voz en su cabeza acallando la idea de que detrás de todo se ocultaba algo más, "Eres demasiado inteligente como para ser engañado por una mujer, y estás en la obligación de intervenir y ayudar al ciego de tu bro" y con eso le bastó para seguir adelante con su plan.
Era el primer día de la semana y Daryl estaba instalado en la calle de enfrente antes de las nueve de la mañana. Dispuesto a seguirla a donde sea apenas la viera salir. Tomó la precaución de arrendar un automóvil más acorde al tipo de gente que transitaba por aquel lugar para no ser descubierto, el Bugatti Chiron hubiera llamado demasiado la atención. Cerca del medio día, vió salir a una chica que aparentemente parecía ser Rubí. El poleron de capucha azul, audífonos, jeans negros y zapatillas lo hicieron dudar, sobre todo su cabello, que tenía un aspecto diferente. El de Rubí era abundante y lleno de ondas, y esta chica lo llevaba atado en una coleta recta. Decidió seguirla de todos modos. Como un verdadero espía sacado de una película de Hollywood, inició la marcha y comenzó a seguirla sin perderla de vista ni un solo instante. Por un momento pensó que tomaría el autobús o un taxi, más ella caminaba por las calles sin detenerse en ninguna de las paradas. Eso le dificultaba bastante la tarea, Daryl tuvo que hacer varias maniobras de frenado y acelerado evitando no acercarse demasiado a ella y así no correr el riesgo de ser descubierto. Había que ver como la tenacidad de ese puertorriqueño lo mantuvo estoico ante los insultos y pitidos de los impacientes conductores que pasaban a su lado. Después de varias cuadras, la mujer se detuvo en una esquina con la intención de cruzar la calle. El momento oportuno para sacar ventaja y verla más de cerca. Daryl detuvo el automóvil justo detrás del paso peatonal, confiaba en que su disfraz de ciudadano común y corriente no llamarían la atención. En el momento en que la mujer pasó delante de su vehículo, Daryl pudo comprobar que ese rostro pertenecía indiscutiblemente a Rubí, aunque su apariencia era algo distinta, conservaba esa aura atrayente y misteriosa. Viró a la izquierda siguiendo sus pasos hasta que Rubí entró en un restaurante de comida italiana. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Iría a almorzar con alguien? Tal vez ese vestuario tan diferente correspondía a algún disfraz para no ser descubierta. Estacionó en el espacio vacío que había afuera del local. El ventanal le permitía ver todo lo que estaba ocurriendo al interior, Rubí saludaba a unas de las meseras mientras se quitaba los audífonos y de un momento a otro, desapareció detrás de la barra ¿A dónde había ido? Dispuesto a averiguarlo, Daryl sacó un diario para finguir que leía las noticias y después de quince minutos de espera, Rubí apareció nuevamente, esta vez, con una blusa blanca, delantal n***o y libreta en mano: era una de las meseras.
Todas sus hipótesis y suposiciones cayeron al instante, como cae un velo n***o que impide la visión. Al fin pudo ver con claridad: Rubí era una mujer que dependía de su esfuerzo y trabajo. Arrugó la frente y parpadeó varias veces incrédulo, le estaba costando más trabajo aceptar que se había equivocado que el hecho de descubrir quien era ella en realidad. "Rubí no acostumbra a venir los días de semana" Daryl recordó las palabras de su amigo, ahora tenían tanto sentido. En ese momento ingresaron al local unos clientes, y Rubí salió a recibirlos con una amplia y amable sonrisa, que le confirmó una vez más, que era ella, no habían dudas de que era ella. Ante el temor de ser descubierto y quedar en perfecto ridículo arrancó el automóvil y se alejó sin perder más tiempo. Los pensamientos y las dudas se agolparon en su mente llenándolo de confusión. Se estacionó en el primer lugar vacío que encontró. Necesitaba asimilar con más calma lo que acababa de descubrir para poder armar el puzzle en su mente. Apoyó la cabeza en el asiento y cerró los ojos avergonzado por haberla juzgado mal sin haberse dado el tiempo de conocerla. Se sintió tan idiota de su comportamiento hacía ella, en un arranque de rabia le había dicho cosas horribles, y hasta la había amenazado. Pero él había visto el extraño comportamiento con el cuarentón que siempre la quedaba viendo con cara de borrego degollado. En honor a la verdad, debía reconocer que aparte de ese día, no había visto ningún otro comportamiento extraño entre ellos. Las palabras de su amigo volvieron a surcar su mente: "Sabes que yo no confío en cualquiera" Daryl se rindió ante la rotunda evidencia, y decidió dejar a Rubí en paz. Esa obsesión por ella, era totalmente absurda y desmedida. Rubí no era la mujer interesada que él creía, al contrario, era trabajadora e independiente. Al fin se convenció que no tenía absolutamente nada que reprochar.
Ahora que Daryl había descubierto la verdad sobre Rubí, ya no tenía ningún pretexto para odiarla. Esa antipatía que él se había empeñado en alimentar, era la única coraza que lo protegía del inevitable poder de atracción que Rubí ejercía sobre él, y ahora quedaba totalmente desprovisto de ella. Por supuesto que su orgullo se encargó de ignorar todos esos temores. Daryl Ortega jamás sería un hombre dominado por el amor de una mujer. Siempre sería de espíritu libre e indomable. Los sentimentalismo como el amor verdadero, almas gemelas y todas esas ridículas cursilerías no iban con él.
Pero el amor es un impertinente obstinado. Impetuoso e impredecible como el impulsivo viento jugueteando con las hojas en Otoño. Le encanta meter las narices en lo que no le incumbe y acudir donde no lo llaman. Su propósito más imperativo es burlarse de todos aquellos que dicen: jamás me voy a enamorar.
¿Qué ocurriría de ahora en adelante entre ellos dos?
El amor ya había sido desafiado y aceptado gustoso el reto. De su parte estaba el destino, cuyos designios era continuar uniendo sus caminos.
El inoportuno repicar de su celular, trajo a Daryl de vuelta de su profunda abstracción.
-Dime... -respondió malhumorado, y escuchó lo que su interlocutor le decía-; ¡¿Qué carajos, Vincenzo...?! ¡Me importa una mierda! ¡Díselo tú...! ¿entonces como demonios te largas sin siquiera avisar...? -Daryl resopló ruidosamente al borde de un ataque de ira-. ¡Haz lo que te venga en gana! Ya me encargaré de avisarle personalmente y no por teléfono como un maldito cobarde.
Sin esperar respuesta cortó la llamada y golpeó repetidas veces el volante del automóvil dejando salir su rabia.
-¡Maldita sea, Vincenzo!