Capítulo 7 (p2)

1978 Palabras
—Como sigues, Nyo. —Era una pregunta capciosa. Daryl deseaba saber como seguía su amigo después del mal rato vivido en su penthouse horas antes. —Bastante mejor —respondió Nyo y giró la cabeza para mirar a su chica con satisfacción—, acabo de darme cuenta que tengo todo lo que deseo justamente aquí. ¿No es así, preciosa? "Maldito afortunado" pensó Daryl, y Rubí le respondió con una encantadora y cómplice sonrisa. Al mismo tiempo que la disimulada mirada de Daryl, recorría la adictiva silueta de Rubí, también explotaba una escandalosa carcajada a su lado llamando la atención de los tres. Genie, que no perdía detalle de la conversación, se reía con los ojos fijos en ella. Era evidente que se burlaba en respuesta a las palabras de Nyo. Rubí miró a su chico esperando alguna intervención de su parte. Este, ignorando a propósito la situación, tomó su copa lentamente y bebió otro trago mirando a los clientes de la barra. Daryl captó cada detalle, percibió la burla de la voluptuosa mulata, la indiferencia de Nyo, y el fastidio de Rubí. Arrugó la frente incómodo. Por alguna razón, le molestaba lo que sucedía frente a él. Genie se ría descaradamente de la hermosa Rubí y Nyo no hacía nada para evitarlo. La enigmática chica de mirada misteriosa, ya no toleró más. Descruzó las piernas y se puso de pie al instante. —Me retiro —sentenció con un tono de voz dulce y sedoso, que más bien parecía el canto hipnótico de una sirena. Nyo ni siquiera se inmutó y no intentó detenerla. Seguía observando con indiferencia. En cambio, Daryl, estuvo a punto de pararse frente a ella y rogarle que no se marchara. Había sido tan breve el momento para poder admirarla, que deseaba retenerla un poco más. —Daryl —se despidió Rubí educadamente. Él, inclinó ligeramente la cabeza fingiendo desinterés. Rubí salió del bar sin mirar atrás. Sonrió aliviada de no tener que seguir lidiando con la molesta situación, y se marchó feliz a su loft de Brooklyn. La esperaba su pirata ronroneante. Aunque a Daryl no le agradaba lo que acababa de ocurrir, no se atrevió a intervenir para que Nyo no sospechara de su interés por su chica. Sin embargo, seguía pensando en ella, frustrado por el breve encuentro, malestar que se acrecentaba al pensar que no tendría la oportunidad de verla nuevamente durante varias semanas. Necesitaba verla por más tiempo, y en otro lugar. Uno más tranquilo y privado, lejos del bullicio del bar. Pero, ¿Dónde? ¿y cómo? No sería fácil encontrar la ocasión. Su mente no tardó en urdir un plan perfecto, tanto que sonrió con satisfacción. —Quiero hacerte una invitación —manifestó Daryl con entusiasmo. —¿Invitación? —Nyo lo miró con reserva. —Barbacoa en mi residencia el próximo fin de semana. —No lo sé, bro. Debo atender mi bar. —Será a la hora de almuerzo —se apresuró en responder—. No te quitará las horas que dedicas a tu bar. —¿Algún motivo en especial? —quiso saber Nyo, y alzó una ceja curioso. —Solo quiero pasar un rato agradable con mis amigos. Ya sabes, los de verdad. Será algo íntimo. —Podría ir un rato a divertirme. No es mala idea. Daryl sonrió con secreto placer, al notar que Nyo se mostraba más accesible a aceptar. —Puedes ir con tu chica. —Sus palabras sonaron tan inocentes que nadie hubiera sospechado que las decía con una oculta intención. Daryl bebió de su scoflaw impasible. Que gran actor era. —No creo que Rubí acepte. —Por favor, insiste. No me he portado bien con ella y... me gustaría hacer las pases. Nyo lo miró con sospecha y exclamó: —¡Gran granuja! Todo esto es por ella. —Y se echó a reír divertido. Daryl lo miró inquieto, no sabía que esperar, hasta que Nyo agregó—: me alegra saber que has cambiado tu opinión respecto a ella. No te preocupes, yo la convenceré. —¿Una barbacoa? —Genie asomó la cabeza interviniendo en la conversación—. ¡Qué divertido! Me encantaría asistir. —Genie, no seas entrometida —la cortó Nyo. —¿Qué tiene de malo? No creo que a Daryl le importe invitarme también. Daryl la miró con cara de pocos amigos. Estaba renuente a invitarla, pero luego lo pensó mejor. Era evidente que la ex de Nyo seguía enamorada, y por lo que había notado, él no se quedaba indiferente. Genie podría serle de utilidad para poder tener un momento a solas con Rubí. ¡Soy un maldito genio! Se aduló así mismo. —Por supuesto. Tú también puedes ir. —¿Lo ves? —La mulata le lanzó un descarado beso a Nyo. Ninguno se percató que la valiosa información que compartían, había llegado a oídos indeseados de terceros. En cuanto Rubí abrió la puerta de su loft, unos agudos chillidos comenzaron a emanar de entre sus piernas. Don bigotes la esperaba ansioso y su cola de plumero le dió la bienvenida. Rubí se inclinó para alzar a su amigo quien ya ronroneaba feliz. —Me extrañaste, ¿no es verdad? —dijo acariciando el cuello del minino. Que bien se sentía llegar a su propio espacio y disfrutar de una agradable compañía. Cerró la puerta, y tiró sus cosas en el sofá. Caminó hasta la cocina y sacó una lata de comida para su compañero. Se la dejó en el suelo, y se fue al baño a ducharse y ponerse el pijama. Cuando regresó a la cocina y se sentó a la mesa para comer algo, el gatito saltó a sus piernas, y se quedó ahí hasta que Rubí se lo llevo en brazos para dormir juntos otra vez. El primer día de la semana, cerca del medio día, Rubí se preparaba para ir al trabajo cuando sonó la alerta de mensajes de su celular. Miró la pantalla, y vió que era un correo electrónico de su banco. Con curiosidad, abrió la bandeja de entrada y leyó el mensaje con incrédulidad. —¿Una transferencia? —Miró la cifra transferida y abrió los ojos con asombro. Era una importante suma de dinero, pero no aparecía el nombre del titular que transfería—. Que extraño, debe ser una equivocación. —Sin dudar, llamó a su ejecutivo para corroborar la información. —Señorita, Rubí. Buenas tardes. ¿En qué la puedo ayudar? —Buenas tardes, Fred. ¿Puedes confirmar una transferencia que acabo de recibir de una cuenta privada? Me parece que se trata de una equivocación porque no estaba esperando ninguna transferencia. —Deme un minuto. Reviso inmediatamente. —Está bien... —Rubí esperó paciente mientras el ejecutivo tecleaba en silencio confirmando la información. —Sí, fue hoy, a las... 11:56, por un monto de... dos mil doláres. —¿Puedes averiguar el nombre del titular de esa cuenta? —Déjeme ver si me lo permite el sistema..., aquí no me deja. A ver acá..., aquí está, está a nombre de Patrice Williams, cuenta número 2053... —Espere, Fred. No siga revisando. Ya sé de quien se trata. —Entonces, ¿no hay ningún error? —No. De todas maneras llamaré a la persona para confirmar. —Ok. Quedo atento a lo que necesite. —Gracias, Fred. —De nada. Que tenga un excelente día. Rubí cortó la llamada y suspiró mortificada. ¿De verdad creía que podía comprarla con su dinero? ¿Qué haría como si nada hubiera pasado después de ese generoso gesto? De inmediato buscó en su lista de contacto y presionó el número que buscaba molesta. Luego del tercer tono la persona le respondió. —¿Qué pasa? —¿Por qué has transferido a mi cuenta sin mi consentimiento? —No sé de lo que hablas... —Hablé con mi ejecutivo y me dió tu nombre. —¡Se suponía que era una cuenta privada! —Ya hablamos de esto, Nyo. No quiero tu dinero. —Acéptalo como un regalo por tu esfuerzo. Rubí, trabajas toda la semana y tu tiempo libre lo dedicas a estudiar libros de matemáticas. El otro día te dormiste en el departamento y no eras capaz de despertar. Rubí se sintió conmovida por sus palabras, pero evitó ceder. Seguía molesta por lo que había sucedido el sábado en el bar. —¿Y eso que tiene de malo? No necesito dinero, para eso estoy trabajando. —Tardarás una eternidad en juntar lo que necesitas. La carrera que escogiste es cara, Rubí. —No importa cuanto tarde, voy a estudiar con mis propios recursos. —¿Por qué eres así, nena? Cualquier mujer en tu lugar estaría feliz de aceptar. Rubí resopló cansada. Pocos deseos tenía de explicar todo otra vez. —No soy cualquier mujer, al menos no como las que acostumbras. Y los motivos ya los conoces de sobra, no me hagas repetirlos otra vez. —Yo no soy como él, Rubí. Jamás te echaré en cara... —Nyo, por favor. ¡No quiero hablar de eso! En la tarde te devuelvo tu dinero, ahora debo irme a trabajar. —¡Espera un momento, no cortes! —Quéé... —alargó la sílaba. Rubí ya se estaba impacientando. —Está bien, debí preguntar primero antes de transferir, pero lo hice porque sabía que no ibas a aceptar. ¿Por qué no lo piensas y lo aceptas como un préstamo? —Nyo... —le advirtió para que no continuara con lo mismo. —¡Está bien!, como quieras. Necesito decirte otra cosa... —¡Nyo, debo ir a trabajar! —Seré breve, lo prometo. El próximo fin de semana estamos invitados a una barbacoa. —Nyo cruzó los dedos esperando que Rubí no hiciera preguntas y aceptara sin más. —¿A dónde? Que ingenuo fue de su parte creer que Rubí no haría preguntas al respecto. Ella no decidía nada sin antes analizar todo con su ojo crítico. En ese mundo nada era al azar, y ella debía protegerse las espaldas. —En la residencia de Daryl... —¡¿Qué...!? Olvídalo. Ese tipo me detesta. No creo que me haya invitado. —¡Por supuesto que lo hizo! Te invitó especialmente a ti. Anímate, te gustará el lugar, tiene piscina. —¿Bromeas? Sabes que odio todo lo que contenga agua, y además, no me gusta estar en traje de baño delante de desconocidos... —¡Rubí, no te preocupes de eso! —la interrumpió—. No es necesario que lleves traje de baño. Seguramente nadie lo hará, los días no están como para darse un chapuzón. —No lo sé, Nyo. No me parece una buena idea. —¿Qué pretendía Daryl invitándola a ella? No tuvo un buen presentimiento y prefirió no aceptar. Ese fanfarrón algo se traía entre manos. —Rubí, por favor. Daryl desea que vayas, está intentando hacer las pases contigo. A Rubí se le escapó una risita burlona. —Permíteme dudarlo. —No creía en la falsa simpatía de ese desagradable puertorriqueño. Estaba segura que lo hacía para quedar bien con Nyo. —Por favor, nena. Todos irán acompañados de sus parejas. No quiero ser el único que vaya sin su chica. Rubí resopló indecisa. —Recuerda que tenemos un trato tú y yo... —insistió él. —¿Me vas a chantajear? —Jamás me atrevería a hacer algo así contigo. Solo quiero que recuerdes que eres tú quien está conmigo y me debes acompañar. —No estamos hablando de tu bar... —¡Es lo mismo, nena! —Lo pensaré... —respondió de mala gana y miro al cielo con fastidio. —Rubí, lo mismo es que digas que no. —Te prometo que lo pensaré. Por la noche te doy mi respuesta.
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