Capítulo 8 (p1)

4984 Palabras
 —¿Y dónde vive tu amigo? Era sábado. Una semana había transcurrido y Rubí iba con Nyo a la barbacoa de Daryl. Un trato era un trato, el mayor secreto guardado entre ellos, y tuvo que ceder a regañadientes. —En Los Hamptons —respondió el moreno, que iba concentrado en la carretera detrás del volante de su descapotable rojo. Rubí giró la cabeza de golpe y miró a su chico con incredulidad. Los Hamptons, era el lugar de villas y mansiones exclusivas, rodeadas de extensa naturaleza y espacios verdes destinados a la recreación de sus selectos residentes. No cualquiera vivía en Los Hamptons. —¿Arrendó una mansión o que? —Bromeó Rubí con ironía. "Fanfarrón", se burló secretamente. Era casi imposible que Daryl fuera propietario en ese exclusivo lugar. —No. Es DUEÑO de una mansión, con una espectacular vista al Atlántico. Esta vez Rubí estaba pasmada del asombro. ¿Cuánto dinero poseía ese insolente y arrogante fanfarrón? —¡Vaya!, eso si que no me lo esperaba..., de modo que no fanfarroneaba cuando presumía de sus bienes. —No. Cuando Daryl presume de su dinero, es porque realmente tiene dinero... incluso más que yo. Linda, Daryl podrá ser un fanfarrón como dices tú, pero jamás presume de algo que no posee. Rubí no respondió y se limitó a observar por el parabrisas. Estaba enmudecida por la impresión. Y al mismo tiempo, comenzó a sentirse ansiosa por aquella invitación. No sabía que le esperaba allí, eso la angustiaba. Los hombres como Daryl y Nyo, no dejaban nada al azar. Luego de varios minutos, el paisaje comenzó a cubrirse de un verde intenso. Las mansiones, cual de todas ellas mas ostentosas y magníficas, estaban rodeadas de tupidos árboles, y extensos prados con arbustos ornamentales. Algunas, incluso, tenían canchas de tenis. Pero lo que más le resultó maravilloso a Rubí, era la espectacular vista que poseían todos ellas al Océano Atlántico. Después de más de una hora de viaje, se comenzó a impacientar. La ansiedad la estaba devorando. —Es aquella... —anunció Nyo después de largos minutos. Rubí siguió la trayectoria de su mentón, y miró por el parabrisas a su derecha. A cierta distancia, divisó la mansión. No era nada extraordinaria en comparación con las otras que parecían castillos. Tenía un diseño sencillo y geométrico. Se detuvieron frente a un portón alto de color marrón, Nyo anunció su llegada y las puertas comenzaron a abrirse automáticamente. El azul profundo del cielo contrastaba con el intenso tono verde de la vegetación que abundaba en la entrada por ambos lados del camino. Avanzaron por un corto trayecto asfaltado. Luego Nyo viró ligeramente a la derecha a un espacio amplio, en forma de rotonda y con el suelo adornado de adoquines. Rubí observó el frontis de la mansión a su izquierda, y se dió cuenta que la distancia no le hacía justicia. La construcción, de varios metros de altura, era magnífica e imponente. Nyo estacionó en uno de los costados, junto a los demás vehículos de lujo que se encontraban en ese momento. En el centro de la rotonda, una jardinera circular, exhibía un hermoso olivo de pocos metros de altura, con follaje abundande y tupido. Pequeñas plantas estaban distribuidas en varios círculos alrededor de el. Caminaron por el suelo de adoquines en dirección a la entrada, y a medida que se acercaban, Rubí perdía el aliento. Un cobertizo central daba la bienvenida, en forma de arco cuadrado y con varios metros de altura. De cada lado había un ventanal de doble techo con aspecto de torrecillas, cada uno con su antejardín y palmera. Llegaron hasta la baldosa blanca de la entrada. La puerta en tono azul cobalto, era de unos tres metros, y vidrio por todo el contorno que aumentaban la altura. Rubí se sentía como una diminuta hormiga debajo de esa enorme construcción. Era primera vez que visitaba un lugar así. Los nervios la invadieron con más urgencia en el momento en que Nyo llamó a la puerta. De inmediato abrió un hombre desconocido, que parecía ser del personal de servicio. Los hizo pasar al vestíbulo y les pidió sus pertenencias para dejarlas en el guardarropa. A Rubí le molestaba andar con bolso y se lo concedió sin problema, no guardaba nada importante en el. La ansiedad fue reemplazada rápidamente por el asombro. El piso de mármol Calacatta relucía con elegancia. Las paredes blancas, y una escalera doble proporcionaba acceso al segundo piso por ambos costados. La barandilla de color n***o, era de hierro forjado con un hermoso diseño en forma de eses. Abarcaba de extremo a extremo siguiendo una línea curva. El efecto visual le pareció hermoso a Rubí, y elevó lentamente la mirada hasta encontrarse con una gran lámpara en espiral decorada con cilindros de cristal que seguían un camino hasta llegar arriba. Le encantaba todos los detalles que iba descubriendo, eran como un homenaje al refinamiento y el buen gusto. —¿Asombrada? —le preguntó Nyo con una sonrisita divertida al ver su expresión. Ella asintió sin poder dejar de admirar lo que tenía frente a sus ojos. —Por aquí, por favor —la persona que los había recibido, comenzó a avanzar hasta la sala. Debajo de las escaleras, había una pared blanca que se curvaba en los extremos siguiendo la forma de la escalera. De cada lado, dos jarrones de color n***o lustroso formaban parte de la decoración en donde el blanco y el n***o eran predominantes. —¿Tiene sirvientes? —murmuró Rubí a oídos de Nyo mientras seguían al hombre que los conducía. —No lo creo. Debe ser para la ocasión. Daryl vive solo. Qué triste, pensó ella. Tanta fortuna y no compartirla con nadie. La sala seguía la misma línea de elegancia y buen gusto. A la izquierda, dos sofás beige, distribuidos a lo largo y ancho de la estancia, estaban separados por una mesita circular de color n***o que tenía una maceta con orquídeas blancas. Habían dos mesitas de centro rectangulares, también de color n***o, y a la derecha una pared de marmol negra con plasma incluído. Al frente estaba el ventanal de corredera, que se abría para ambos lados, y daba el acceso a la terraza decorada con sillones beige. —Adelante, por favor —les invitó el hombre parado junto al ventanal—. El señor Daryl los espera cerca de la piscina. —Gracias —respondió Nyo, y avanzó con su chica en dirección a la piscina. El lugar era amplio, todo cubierto de césped, sillas reposeras en ambos lados de la alberca y más palmeras. A la izquierda había una pérgola para barbacoas, con piso de cerámica y comedor. —¡Ey, bro! —Daryl venía hacía ellos con una gran sonrisa a darles la bienvenida. —¡Ey, bro! ¡Qué pasa! El puertorriqueño, ignorando por completo a Rubí, pasó por delante de ella y saludó a su amigo con un abrazo de machos recios y adinerados. Rubí suspiró desalentada. Comprendió enseguida la verdadera intención en la invitación de Daryl. Ahora que sabía donde ella vivía, seguramente su deseo era humillarla, presumiendo todo su poder adquisitivo. Que satisfacción debía estar sintiendo en ese momento ese desagradable fanfarrón. Se apartó unos pasos, sintiendo que sobraba entre ellos, y se paró en el borde de la piscina para mirar el hermoso paisaje marino a lo lejos. A pesar de la belleza ante sus ojos, Rubí la contemplaba desanimada. Tampoco tenía intenciones de saludar a Daryl. Ya estaba harta de sus desplantes y las muecas de desagrado cada vez que la saludaba de mala gana. Y como si todo aquello fuera poco, entre los invitados vió a Genie en una de las reposeras, que se reía con cara burlona de ella. Rubí suspiró otra vez. Molesta y arrepentida murmuró entre dientes: —No debí haber venido. —Hola, Rubí... —se escuchó una voz grave y armoniosa a su lado. Rubí giro inmediatamente la cabeza y miró a Daryl que estaba justo al lado de ella con expresión amable. Lo observó sorprendida, ¿de verdad la estaba saludando? —Hola... —respondió dubitativa. —Me alegra que aceptaras mi invitación, ¿Deseas algo de beber? —ofreció con cortesía bajo la mirada atónita de Rubí quien pestañeó varias veces sin poder creerlo. —Ahm... —balbuceó. Su mente estaba demasiado ocupada asimilando la situación como para ponerse a pensar en algo para beber. —¿Un martini de granada...? ¿O tal vez un gin tonic? Esta vez Rubí dejo escapar una risita de sorpresa. ¿Cómo sabía Daryl cuáles eran sus tragos preferidos? ¡Esto era insólito! —Creo que un agua tónica con limón sería lo más apropiado —respondió recobrando la compostura otra vez. A Daryl, la voz aterciopelada de Rubí le sabía a gloria. Era la primera vez que mantenía un diálogo cordial con ella, y estaba eufórico ante la positiva recepción de Rubí correspondiendo su gesto. —Perfecto, voy por ella. ¿Tú Nyo? —Una cerveza. Daryl corrió a la pérgola hasta donde estaba el minibar. Rubí lo contempló con la boca abierta, sin ser capaz de decir ni media palabra, y luego miró a Nyo confundida. —Te dije que estaba haciendo un esfuerzo para llevarse bien contigo —Pues... ahora lo creo. Rápidamente, llegó Daryl con las botellas. Le pasó la cerveza a Nyo, y tomándose su tiempo, como quien desea disfrutar al máximo de un breve instante de placer, le pasó la botella a Rubí mirándola a los ojos. —Ten, está fría. —Gracias, Daryl. Eres muy amable. Él sonrió con satisfacción. Que exquisita y adictiva melodía la de su voz. Rubí no lo podía creer, Daryl le sonreía sinceramente. Hasta le resultaba atractivo en esa faceta. Ella correspondió el gesto con la misma sinceridad y en sus ojos se despertó la curiosidad. En cambio, en los de Daryl, brillaba la admiración. —Pueden disponer de las instalaciones con toda confianza —continuó diciendo Daryl—. La piscina si desean refrescarse, y en el comedor de la izquierda hay bebidas y algo para picar mientras preparan la barbacoa. Si necesitas el baño puedes pedirle a uno de mis empleados que te indique el camino. Espero que se sientan a gusto y disfruten —Daryl hablaba en plural, pero sus ojos estaban fijos en ella. —Gracias —respondieron al mismo tiempo. Daryl advirtió la llegada de nuevos invitados y le dió una palmadita sobre el hombro de Nyo, no era difícil deducir lo feliz y entusiasta que se encontraba en ese momento. —Bien, los dejo en su casa. Con permiso, debo recibir a mis invitados. Rubí lo siguió con los ojos, más sorprendida que nunca. Daryl ahora abrazaba a la nueva pareja recién llegada. Se acercó a Nyo, e indicando con el dedo a Daryl soltó: —¿Y ese sujeto tan amable quién es? Porque Daryl no es. Nyo dejó salir una sonora carcajada. Las palabras de su chica le causaban gracia. —Pues ese es el verdadero Daryl. Acaba de aceptarte en su selecto círculo de amigos. —Oh... —Felicidades, has superado la prueba, la mayoría no lo consigue. —El moreno alzó su botella y bebió un gran sorbo. ¿Qué lo había hecho cambiar de opinión? Quiso saber Rubí intrigada. Daryl sólo la veía en el bar, y no conocía nada de su vida personal. ¿Acaso ver el lugar donde ella vivía le había bastado para bajar las armas? No parecía ser un hombre que cambiara tan rápidamente de parecer. Y de pronto sintió mucha curiosidad por saber el verdadero motivo de su radical cambio con ella. Genie, interrumpió sus cavilaciones. Se acercó a Nyo contorneado su voluptuosa humanidad, tan sólo cubierta por un diminuto bikini. Bastante diferente a la tenida que lucía en ese momento Rubí, que siempre cuidaba de lucir recatada y elegante. Llevaba unos pantalones cortos de color blanco, cinturón y sandalias marrones y una vaporosa blusa clara, con estampado de flores silvestres que dejaba ver la piel de uno de sus hombros. La mulata despampanante, pasó por el lado de Rubí y puso su trasero delante de ella obligándola a apartarse. Saludó a Nyo con un descarado beso y con la mano posada sobre su pecho. El moreno no hizo ningún gesto de protesta y correspondió el saludo con expresión indescifrable. Rubí bebió de su botella con actitud indiferente, los celos no iban con ella. Jamás se rebajaría a pelear por un hombre. Lo que no sabía Rubí, era que su apatía estaba directamente relacionada con sus sentimientos. Daryl, que conversaba con sus invitados recién llegados, observaba la escena desconcertado, ¿No debería Rubí estar agarrando a Genie de los cabellos? Que distinta era esa mujer, distinta a todas las que él había conocido. Demostraba una increíble capacidad de dominio y autocontrol. "Que fuerte es" pensó Daryl, le faltaba tanto por conocer de ella, y esperaba ansioso la oportunidad para descubrir más. —Disculpa, Genie —dijo el moreno y se sacó a la mulata de encima que lo miró con mala cara—, Iré con mi chica a saludar a los invitados. Como Nyo conocía a varios de los asistentes, fue gustoso a presentarles a su chica. Rubí lucía preciosa ese día, su cabello n***o brillaba con la luz del sol, y le daba una expresión cándida y radiante a su rostro. Los ojos de Daryl lo sabían, la buscaban a cada momento para poder admirar su belleza. Era aún más magnífica a plena luz del día. Que extraño sentimiento comenzaba a experimentar. Ahora que Rubí había hecho las pases con Daryl, se sentía bastante más relajada y hablaba animadamente con los invitados, a pesar de que todos eran muy diferentes a ella. El momento estaba siendo grato y se dedicó a disfrutar. Incluso, hasta la propiedad parecía tener un nuevo encanto. En el patio trasero, se distinguían mejor los dos pisos de la mansión. Conservaba la misma forma del frontis, incluyendo el alto cobertizo cuadrado que abarcaba toda la altura, pero habían más ventanas, tanto arriba como abajo. Sobre la terraza, por dónde habían accedido a la piscina, había un balcón con vista panorámica y un ventanal de piso a techo que parecía ser del dormitorio principal. "Qué ganas de subir" pensó Rubí. La vista debía ser el doble de magnífica desde ahí. —Ese día recuerdo que estaba grabando mi nuevo single cuando... un segundo...—. Las palabras de Nyo fueron interrumpidas por el tono de su celular. Lo sacó de su bolsillo para dar un vistazo rápido. Miró la pantalla y su frente se llenó de arrugas—. Disculpen, debo contestar... ¿Qué pasa...? ¡¿Qué demonios dices...?! —Nyo se apartó a tranco largo, hasta el final de la piscina para hablar con más privacidad. Varios de los presentes giraron la cabeza con extrañeza, se preguntaban que había sucedido para que Nyo reaccionara de esa manera. El asunto era grave, se percibía en la expresión de su rostro, y en la rudeza de sus palabras, que aunque se había apartado varios metros, eran claramente audibles por el tono elevado de su voz—. ¡¿Cómo permitiste que entraran...?! ¡Demonios, Cubano!, ¡para que carajos te tengo ahí...? —El moreno apretó los ojos enfurecido en cuanto escuchó las explicaciones—. Ahórrate tus malditas disculpas. Voy inmediatamente para allá. Rubí que observaba la escena con inquietud, interceptó a su chico cuando este venía de vuelta. —Nyo, ¿qué sucede? —Debo marcharme de inmediato. —Claro, vamos. —No, tú te quedas aquí —la frenó con expresión rígida. —¿Qué? —Lo miró alucinada sin entender porqué Nyo decidía de manera tan arbitraria y tajante. Pero sabía que su moreno no estaba de humor para recibir una negativa de parte de ella, y procuró conservar la calma con mucho esfuerzo—. Pero por qué, ¿qué está pasando, Nyo? —Nena, ¡después hablamos! —respondió impaciente—, necesito irme ya. —El moreno hizo el intento de avanzar y ella lo agarró de la muñeca para detenerlo. —Nyo, ni se te ocurra dejarme aquí —le advirtió al oído. Ahí sola, Rubí presentía lo peor. Nyo intentó responder en el mismo tono confidencial, pero sus palabras salían apresuradas de su boca. —Lo siento, nena. Es peligroso para ti, ¡y no tengo tiempo de llevarte a tu departamento! Quédate aquí, por favor. —Nyo, ¿que voy a hacer aquí sola? Vine solamente por ti —le rogó con los ojos suplicantes. Nyo viendo su angustia la tomó de los hombros para hacerle comprender que la situación era grave. —Rubí, este es el lugar más seguro para ti en estos momentos. Quédate y no te muevas de aquí. Vendré a buscarte más tarde. Nyo soltó a su chica, y sin perder más tiempo, caminó raudo por el borde de la piscina, sin hacer caso de las miradas curiosas que lo seguían en silencio. Cerca de la pérgola, Daryl, preocupado por su amigo, se acercó a él y caminó a su lado porque el moreno no tenía intención alguna de parar. —¿Qué pasa, bro? ¿algún problema? —Sí, uno grave. Unos tipos armados entraron a robar al bar y debo ir inmediatamente. Daryl soltó una maldición y no dudó en responder: —Te acompaño. —No, bro. —El mulato se detuvo justo antes de entrar en la mansión—. Ya tengo a mi gente encargándose del asunto, y me uniré a ellos. Tú encargate de... —Nyo desvió la mirada hacia su chica que lo observaba preocupada. Evitó nombrarla para que ella no adivinara la intención en sus palabras. Daryl siguió la trayectoria de sus ojos y comprendió la petición. —No te preocupes, bro. Cuidaré bien de ella. —Puso una mano sobre su hombro para tranquilizarlo—, tienes mi palabra. Nyo abandonó la mansión a toda prisa y dejó a su chica completamente sola. Rubí, al verse sin él, ya no tenía la misma confianza de continuar hablando con los invitados. ¿De qué hablaría ella si no conocía a nadie? —¿Pasó algo grave? —Eso parece. No estoy segura. —Rubí le respondió al invitado que hablaba con Nyo minutos atrás. —Esperemos que no. Aunque Nyo parecía bastante alterado. —Sí... Con una botella en la mano, el hombre la miraba con curiosidad y una sonrisa seductora. A Rubí le dieron ganas de escapar de allí. No le gustaba la manera en que ese hombre la miraba, y comenzó a idear un plan para marcharse a su departamento sin tener que pedírselo a Daryl. —Bueno, podemos aprovechar la oportunidad para conocernos mejor, ¿a qué te dedicas? —Rubí, ¿quieres algo más para beber? —intervino Daryl, que ya se había percatado que un intruso intentaba robarle el momento que él estaba esperando para estar a solas con Rubí. —¡Sí, por favor! —respondió ella, sintiendo un profundo alivio de que Daryl la rescatara de ese momento incómodo—. Con permiso —se excusó ante el invitado que parecía haber perdido el entusiasmo de repente. —Adelante... Rubí siguió a Daryl hasta la elegante pérgola. Era un lugar amplio y cómodo. El puertorriqueño destapó la botella que sacó detrás de la barra y se la pasó a la chica cuando la vió llegar frente a él. —Gracias..., —Rubí lo miró en silencio deseando preguntar por Nyo. No sabía si el sulfuroso respondería sus interrogantes. Lo intentó de todas maneras y redujo el tono de su voz a uno más confidencial—. Daryl... ¿te contó Nyo lo que sucedió en el bar? Daryl asintió con reserva. Su mirada tenía la señal implícita de que no se debía hablar abiertamente del tema. Ella lo percibió al instante. —Entiendo, y... ¿es grave? —quiso saber preocupada. Le importaba lo que pudiera suceder con su moreno salvaje, que perdía la cabeza cada vez que su furia llegaba a ese extremo. —No debes preocuparte, Nyo tiene todo bajo control. Aquí estarás segura. Rubí asintió lentamente. No estaba convencida del todo. La mirada malintencionada de Genie, que la seguía por todas partes, le hacía creer todo lo contrario. Bebió un sorbo de su botella y se dió media vuelta para mirar a su alrededor. No se sentía para nada cómoda, y mientras contemplaba el paisaje, comenzó a idear un plan perfecto para volver a su departamento. Sonrió satisfecha. Una vez más, su brillante inteligencia la rescataba de situaciones complicadas. Se volvió nuevamente para mirar a Daryl, sin sospechar siquiera, que el puertorriqueño llevaba varios minutos buscando la manera más adecuada para dirigirse a ella. —¿Me permites ir por mi bolso? Quedó en el gaudarropas de la entrada. —Por supuesto. Puedes pedírselo a la persona que te recibió en el vestíbulo. —Gracias. Sin esperar más tiempo, Rubí dejó su botella sobre la barra y avanzó rápidamente en dirección a la mansión. Una vez que tuviera su bolso en sus manos pediría el baño dónde llamaría a un taxi para que viniera por ella. Estaba dispuesta a pagar lo que fuera con tal de irse pronto sin pedirle ayuda a nadie. En cuanto llegara el vehículo, anunciaría su partida y Daryl no podría evitarlo y tampoco se sentiría en la obligación de ir a dejarla. Rubí ya sospechaba que Nyo le había pedido a su amigo que cuidara de ella como si fuera una niña pequeña, y aunque Daryl comenzaba a mostrarse amable, no se fiaba del todo. Pensó que, quizás esa repentina amabilidad, se trataba de alguna clase de estrategia para fastidiarle la existencia. Cerca de la piscina, Genie se interpuso en su camino: —Rubíí —la saludó con voz ridícula. Se acercó a ella con la intención de darle un beso en la mejilla como si fueran grandes amigas, pero Rubí no lo permitió y retrocedió un paso. —Hola, Genie... —respondió con reserva y se preguntó a que se debía ese cambio tan repentino. —Hace mucho calor, ¿no crees? —Sí, se nota que estás acalorada... —soltó con ironía. —¡Deberías refrescarte un poco! —De manera sorpresiva, Genie apoyó las palmas sobre el cuerpo de Rubí y la empujó con todas sus fuerzas a la piscina. —¡No, Genie! —gritó Rubí alarmada. Trató de evitar la caída, y extendió las manos para agarrarse de ella. Fue inútil. Inevitablemente, cayó de espaldas dentro del agua. Daryl observaba incrédulo lo que sucedía desde la pérgola, mientras Genie reía a carcajadas de su insensatez. Algunos de los invitados también comenzaron a reír, les resultaba cómica la situación. Otros, más maliciosos, esperaban con gran interés, el momento en que esa bella mujer saliera de la piscina completamente empapada, y la ropa húmeda revelara los secretos de su encantadora anatomía. En cambio Rubí, luchaba desesperada por alcanzar el borde. Sus pies no lograban tocar el fondo y sus brazos inútiles, no podían mantenerla a flote. No sabía como hacerlo, y daba grandes manotazos sobre la superficie del agua. Fue succionada un par de veces antes de que alguno de los presentes pudiera advertir lo que realmente estaba pasando. —¡Se está ahogando! —gritó horrorizada una mujer. En ese mismo instante, una silueta pasó veloz por entre los invitados en dirección a la piscina. Daryl, acudió a su rescate, se lanzó con un perfecto clavado y emergió por detrás de Rubí que seguía en su lucha por sobrevivir. La tomó por la espalda, y la apoyó sobre su propio cuerpo, pasando su brazo por sobre su pecho y la sujetó de la axila contraria. Mientras la llevaba a la orilla, Rubí no pudo contener la tos convulsiva con la que su cuerpo reaccionaba como mecanismo de defensa para expulsar el agua aspirada. Los minutos de horror habían terminado gracias a Daryl, quien se apoyó en el borde donde algunos esperaban para ayudar a sacar a Rubí de la piscina. Estaba en un estado lamentable, ni siquiera podía mantenerse en pie, y la sentaron rápidamente en la reposera más cercana para que pudiera recuperarse del susto. Todas las risas habían cesado, incluídas las de Genie, que se limitaba a mirar sin remordimiento alguno, como Rubí quedaba humillada delante de todos. Daryl salió poco después y se paró al lado de ella. La miraba desde su altura con la respiración agitada debido al esfuerzo y también por el temor que había sentido al ver a la chica de su bro ahogándose. Rubí, visiblemente afectada y avergonzada, secaba con disimulo las lágrimas de su rostro que se mezclaban con el agua, y al mismo tiempo, mantenía una postura encorvada intentando cubrir su pecho que se transparentaba a través de la blusa mojada. La ropa clara no ayudaba en nada a mantener la dignidad, ni siquiera tenía el valor de alzar su cabeza y mirar a los invitados que la observaban con lástima. Daryl no soportó verla así: vulnerable y humillada. Movido por un desconocido impulso, se inclinó hacia ella y la alzó entre sus brazos. —Te sacaré de aquí... Rubí abrió los ojos sorprendida, y miró al hombre que la alzaba sin mayor difilcultad. El cuerpo masculino la sostenía con fuerza y la aferraba contra su pecho como si de una piedra preciosa se tratara. ¿Tan vulnerable se sentía que sucumbía ante un gesto amable de Daryl?, el pensamiento pasó en una fracción de segundo por su cabeza. Le observó el rostro empapado, y supo enseguida que él había sido su salvador. Se sintió profundamente conmovida y sus ojos le hicieron saber toda la gratitud que ella estaba sintiendo en ese momento. El instante fue breve, pero no carente de significado para los dos. Rubí accedió con un asentimiento, y rodeó el cuello de su rescatador con los brazos. Al poco andar, Daryl se fijó en Genie que los miraba con desprecio. Avanzó hasta ella y sin contemplación alguna, espetó furioso: —¡Lárgate de mi mansión, ahora! Rubí miró de reojo, la mulata tenía la misma expresión de desagrado con la que la miraba siempre. No sentía remordimiento alguno y Daryl al notar su arrogancia y la nula intención de obedecer, volvió a exigir amenazante—: ¡LÁRGATE AHORA, GENIE! La mujer como una bomba a punto de estallar, miró con odio a Rubí por última vez y se fue furiosa dando grandes zancadas. Nadie decía absolutamente nada, estaban escandalizados por la situación que acababan de presenciar. Daryl caminó despacio con Rubí colgada de su cuello para darle tiempo a Genie de desaparecer de su vista o perdería los estribos. El sulfuroso bajó la mirada, y al ver el cuerpo de Rubí entre sus brazos, inevitablemente comenzó a disfrutar del momento: su mano izquierda rodeaba la diminuta cintura femenina, y la derecha sostenían sus piernas desnudas. Su aroma a rosas lograba percibirse a pesar de la humedad que invadía su delgado cuerpo. Una incipiente satisfacción comenzó a recorrer sus venas. Sabía que el momento que estaban compartiendo era de cuidado y preocupación. Pero no podía evitar esos sentimientos que despertaban dentro de él a voluntad propia. —Señor Daryl ¿necesita ayuda? —preguntó una de las mujeres del personal de servicio a penas lo vió entrar. —No te preocupes, María. Yo me haré cargo. Procure que mis invitados estén bien atendidos. —Sí, señor. Daryl avanzó por el lado derecho de la sala en dirección al pasillo y entró en la primera puerta de la derecha. Llevó a Rubí hasta la banqueta a los pies de la cama y la sentó con cuidado. Diligente, regresó para sacar una toalla del baño que estaba justo en la entrada, y luego de cerrar ambas puertas, regresó con Rubí quien seguía en un estado lamentable. La cubrió con la toalla con delicadeza y se inclinó frente a ella para quedar a su misma altura. —¿Estás bien? —interrogó con suavidad. Ella asintió sin decir una palabra. Seguía afectada y miraba fijamente sus manos incapaz de enfrentarlo—. Rubí... —insistió Daryl. Quería mirar sus ojos mientras hablaba con ella. Las pestañas húmedas de Rubí se alzaron lentamente, hasta que los intensos ojos avellana de Daryl hicieron contacto con los suyos, que tenían el color del misterio y la intriga. Ambos eran una combinación llena de matices. —¿No sabes nadar? —se atrevió a preguntar lo evidente y conceder el beneficio de la duda. Tal vez había sufrido un calambre, pensó. Rubí tardó en responder. Le causaba vergüenza admitirlo, pero ya no tenía sentido seguir ocultándolo. Ahora Daryl tendría un nuevo motivo para burlarse de ella. —No... —admitió avergonzada. —Está bien. No tienes de que avergonzarte —la tranquilizó con el deseo de borrar la aflicción de su rostro. Ella asintió poco convencida y bajó la mirada cohibida. Sabía que ese mundo superficial, no toleraba la debilidad de ningún tipo. —De verdad, Rubí —insistió Daryl—. Todos los aquí presentes ocultan debilidades mucho peores que no saber nadar, te lo aseguro... Rubí lo miró otra vez. Se dió cuenta que sus palabras eran sinceras y que no tenía intención alguna de burlarse de ella. —Sí, creo que tienes razón... Daryl asintió satisfecho y añadió: —Lo que realmente me preocupa es si Genie estaba enterada de que tú no sabes nadar. —No, Solo lo sabía Nyo. Daryl suspiró frustrado, y la miró compasivo. —Lamento decirte que si Nyo no hace algo drástico para detenerla, seguirás siendo el blanco de esa mujer. Genie siempre ha estado loca, y es evidente lo celosa que está de ti.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR