Capítulo 8 (2)

2743 Palabras
Rubí le respondió con una leve sonrisa, y regresó la vista a sus manos heladas que apoyaba en su regazo con la intención de darles un poco de calor; era inútil. Estaba completamente empapada. Y tal parecía que todos eran capaces de notar la actitud agresiva de Genie, excepto Nyo. —¿Segura que estás bien? —inquirió Daryl al notar la evidente confusión en los ojos femeninos. Parecía una chiquilla ingenua e indefensa. Que contraste con aquella mujer de carácter fuerte e imperturbable a la que se enfrentó esa vez en el bar. La Rubí que ahora estaba frente a él, le inspiró un profundo deseo de protección. —Sí, estoy bien —aseguró con la voz apagada—. Sigo un poco afectada nada más. Creí que... no podría salir jamás del agua... —Rubí hizo una mueca de dolor. El momento era duro de recordar y agregó afectada—: fue tan angustiante. No sólo para ella había sido angustiante. Daryl también había experimentado el temor al verla ahí, luchando por su vida y perdiendo la batalla contra esas inertes aguas. Por un momento había pensado lo peor. Daryl dejó que sus palabras fueran el eco de sus pensamientos: —Yo no iba a dejar que te ocurriera algo malo en mi mansión —dijo Daryl para acallar su angustia, sin embargo, a ella le pareció que sus palabras provenían desde su ego, y no pudo refrenar su lengua y se burló solapadamente de él: —Por supuesto que no —reafirmó con ironía—. No ibas a permitir que me ahogara en "tu" piscina. —Por ningún motivo —respondió Daryl captando la indirecta y le siguió el juego divertido—. No hubieras combinado con la estética. Una dulce y armoniosa melodía llegó hasta los oídos de Daryl. Era la encantadora risa de Rubí. Se sintió satisfecho de haber interferido en su humor, y de haber sido capaz de borrar la aflicción que la atormentaba. Daryl recorrió sus facciones disimuladamente, era la primera vez que admiraba su rostro tan de cerca y comprobó como su belleza aumentaba con el simple acto de sonreír. A pesar de que estaba empapada de pies a cabeza, y con el cabello revuelto, le parecía igual de atractiva. Para Rubí, ese pequeño momento de provocación mutua, le ayudó a liberar la tensión y a recuperar su estabilidad emocional. —Gracias, Daryl —manifestó con gratitud y cambió su expresión por una más seria—. Estoy profundamente agradecida por todo lo que acabas de hacer por mí. —No fue nada —respondió con falsa modestia. La verdad es que se sentía satisfecho de haber sido él quien la rescatara de las garras de la muerte. Rubí se sintió culpable cuando vió el cuello de la camiseta de Daryl con un aspecto lánguido y deforme por el peso del agua y la habitación estaba en la misma condición. —Lamento que hayas tenido que estropear tu habitación... y tu ropa —agregó incómoda mirando la prenda deforme. Daryl se miró así mismo, ni siquiera recordaba que seguía empapado de los pies a la cabeza. Se encogió de hombros para restarle importancia, y aclaró con toda calma: —Esta no es mi habitación, la mía está arriba, y no te preocupes por mi ropa. —Alzó los brazos y se quitó la prenda con un poco de dificultad ya que se adhería a su cuerpo debido a la humedad—. Puedo comprar miles como esta. —Y con un movimiento rápido tiró la camiseta a un rincón como quien se deshace de basura. Rubí reprimió una exclamación de sorpresa ante el gesto repentino y desinhibido de Daryl. Pero no esperaba encontrarse con lo que apareció frente a sus ojos. Su atención fue atraída por el perfil de una bestia salvaje tatuado sobre el pecho izquierdo de Daryl. Era un lobo n***o, de colmillos afilados y gruñía amenazante como advirtiendo a quien osara acercarse. La imagen le causó tanta sorpresa y comenzó a detallar con lentitud cada parte del animal: sus colmillos eran largos y afilados, fruncía el hocico con su pelaje erizado, y sus ojos eran ambarinos y salvajes como los de Daryl. El tatuaje tenía un realismo desconcertante, casi se podían escuchar los gruñidos del animal que parecía bufar con la respiración agitada de Daryl; quien estaba siendo invadido por una intensa satisfacción provocada por los ojos de esa bella mujer que recorrían su pecho con una lentitud antojadiza para admirar cada detalle de su lobo solitario. Esos ojos femeninos le quemaban la piel, y la sangre comenzó a bullirle con excitación. Rubí elevó los ojos inocentes para encontrarse con la mirada masculina y Daryl aprovechó ese momento de distracción para tragar el deseo que tenía acumulado en la garganta. —¿Muerde? —bromeó con naturalidad, ajena a lo que ocurría al interior de la mente de Daryl. —Sólo a quien se atreva a acercarse —respondió Daryl controlando sus emociones con gran habilidad. Luchaba para que nada de lo que él estaba sintiendo saliera a la superficie. No sería por mucho tiempo, esa mujer comenzaba a tener más poder sobre él de lo que podía siquiera imaginar. —Tan encantador como su dueño —ironizó Rubí con una sonrisa cautivadora que derritió a Daryl. Ella regresó los ojos para seguir admirando el tatuaje. "¿Qué hago sonriendo como un idiota frente a ella?", reflexionó Daryl y borró la sonrisa boba al instante. ¿Desde cuando sentía tanta atracción por una mujer que admiraba su tatuaje? Deseaba acecharla como un lobo acecha a su presa. Acorralarla y bloquear todas las salidas para evitar que escape y le daría un mordisco justo en el cuello, ¿Qué sabor tendría? Delicioso, sin duda. —¿Acaso está vivo? —bromeó Rubí otra vez viendo el pecho agitado de Daryl. Esta vez la curiosidad fue más fuerte y alargó la mano para tocar la imagen del lobo con la punta de su dedo. Daryl la detuvo en seco, y atrapó firmemente su muñeca con su mano y le prohibió continuar. Sabía que si ella lo tocaba no podría contener más el deseo de aferrarla contra su pecho y besarla con pasión, lo quisiera ella o no. —Quieta. —Negó con la cabeza—. Tiene muy malas pulgas. Rubí lo miró sorprendida, tal vez había sido demasiado atrevida. Daryl no se fiaría de ella tan fácilmente. —Entonces es cierto cuando dicen que todo animal se parece a su dueño. —Sonrió divertida al recordar los momentos en que lo vió de malas. —Estoy de acuerdo en lo de animal —precisó Daryl con mirada sugerente y cometió un terrible error: tragó saliva. Ese gesto lo delató. Rubí desvió los ojos hasta el movimiento repentino de su garganta y se borró lentamente la sonrisa divertida. Percibió que algo extraño sucedía con Daryl, ¿por qué de pronto la miraba diferente? ¿acaso era deseo lo que veía en sus ojos? No, eso era imposible... ¿o no? Lo miró fijamente queriendo preguntar a que se debía ese cambio repentino con ella, no se atrevió. En cambio Daryl luchaba con el deseo irresistible de besarla. Bajó la mirada hasta los atractivos labios femeninos. ¿Qué se sentiría besar a una mujer como ella? ¿Sería dulce o apasionada? La combinación de ambas sería la perfección. Rubí se dió cuenta de ese gesto, y antes que pudiera reaccionar le castañearon los dientes de manera graciosa rompiendo el encanto al instante. El frío estaba invadiendo todo su cuerpo y cerró los ojos mortificada. Daryl sonrió divertido. No podía ser más encantadora, se veía irresistible y le cogió la mejilla con su mano. Rubí a penas sintió el contacto abrió los ojos desconcertada. Se encontró con la mirada masculina teñida de un intenso anhelo que le provocó un vuelco extraño en el corazón. Lo supo enseguida: Sí, era deseo lo que veía en ellos. —¿Tienes frío? —preguntó con tono confidencial. La tenía cogida intimamente y su mano masculina seguía aferrada a su muñeca. Ella quiso liberarse para romper el momento y Daryl se lo impidió. Abrió los ojos alucinada ¿De verdad estaba intentando besarla? ¿Y por qué el corazón le latía de esa forma? Escabulló la mirada hasta su regazo y apartó la mejilla de su mano. Jamás se lo permitiría. Daryl recibió de lleno su rechazo ¡y que duro era de tragar! volvió a la realidad de golpe: ¿Pero qué carajos le estaba pasando? ¡Era la mujer de su amigo, por Dios! Era inaceptable tener esos deseos por ella. "Contrólate, Daryl. Mucho cuidado como miras a la mujer de tu bro", se regañó así mismo. La soltó de inmediato y se puso de pie para dejar de parecer un idiota embelesado. —Puedes darte un baño caliente si lo deseas —ofreció con su tono indiferente habitual—. Le pediré a María que meta tu ropa en la secadora. Después te llevaré a tu departamento. Rubí alzó la mirada para responder: —No quisiera ser una molestia, Daryl —se negó muriendo de ganas por aceptar. La idea de un baño caliente en su estado casi hipotérmico era sumamente tentador. —No lo eres, Rubí —el deseo tiñó su voz otra vez despertando nuevamente la incomodidad de Rubí. La bella mujer lo miró indecisa. —El baño lo acepto, y lo de la ropa también. Pero puedo regresar sola a Brooklyn. —Por favor, insisto. Nyo es capaz de asesinarme si se entera que te dejé ir sola. Además, sé que debes estar deseosa por marcharte pronto de aquí. Será más rápido si yo te llevo —declaró con imperceptible decepción. Después de haber vivido un momento tan espantoso, Rubí no tenía la fuerza para resitir la tentación de viajar cómodamente de regreso a casa. Sobre todo porque el viaje era largo y era más fácil y económico que Daryl la llevara a casa. Aceptó con un asentimiento de cabeza. —Bien, le pediré a María que venga por tus cosas. En el baño encontrarás todo lo necesario. —Hizo una pausa esperando saber si ella había comprendido. —Está bien, gracias. —Tómate tu tiempo. Te estaré esperando en la sala. —De acuerdo. Daryl la miró por última vez, esa mujer era prohibida e inalcanzable para él, y tal vez él mismo había contribuido en su rechazo al juzgarla de manera precipitada. Caminó hasta la puerta y antes de salir precisó: —Ah, una cosa más... —¿Sí? —respondió Rubí girando la cabeza hacia él. —Deja tus cosas afuera del baño, la ducha es de vidrio así que si no deseas que María te vea desnuda... Ella asintió avergonzada ya se había dado cuenta de lo pudorosa que era con su cuerpo. —Ah, gracias por avisar. Daryl salió de la habitación y cerró la puerta con suavidad. Apretó los ojos culpable por haber actuado de esa manera con la mujer de su amigo. ¡Debes controlarte con ella, maldición! No dejaba de reprocharse su falta de autocontrol. Fue en busca de María para pedirle que se encargara de la ropa de Rubí y luego subió al segundo piso para cambiarse él también. Que agradable era sentir la calidez del agua recorrer el cuerpo entumecido. Rubí suspiró de placer y agradeció en silencio la oportunidad de seguir con vida. Dejó que el agua calentara sus extremidades y cerró los ojos con el chorro cayendo directamente sobre su cabeza. Repasó mentalmente, todo lo que había vivido en una breve fracción de tiempo y como Daryl la había salvado. Se sintió nuevamente agradecida con ese hombre que parecía odiarla, pero no tanto como para permitir que muriera frente a sus ojos. "¿Estás segura que ese hombre te odia?", quiso saber una vocecita interior. Rubí abrió los ojos con un extraño sentimiento totalmente nuevo para ella, y su corazón parecía percibirlo con bastante facilidad. ¿Qué estaba tramando Daryl? ¿Qué era lo que lo impulsaba actuar de esa manera con ella? —Debe ser una trampa —balbuceó convencida. Ella sabía que los hombre como Daryl no cambiaban fácilmente de opinión—. No dejaré que me envuelva en su juego —sentenció. ... El Bugatti Chiron acababa de estacionar frente al departamento de Rubí. Después de menos de una hora de viaje regresaba por fin a su hogar. —Sana y salva —anunció Daryl apagando el motor del deportivo. Rubí se desabrochó el cinturón y le dedicó una sonrisa sincera. Las simples palabras que había emitido Daryl tenían un significado mucho más profundo para ella. Ya no lo miraba con los mismos ojos. Desde ahora, siempre sería el hombre que la rescató de morir ahogada. —Quiero agradecerte una vez más, Daryl. —No es necesario, Rubí. Fue todo un placer —respondió conservando una postura rígida y distante. El silencio comenzó a llenar el pequeño espacio entre ellos, mientras que los ojos de Rubí lo analizaban detenidamente como si miles de preguntas invadieran su mente. Daryl lo advirtió y su curiosidad se encendió al instante. —Qué sucede. —Daryl... ¿puedo hacerte una pregunta? —Todas las que desees —aceptó ansioso por conocer todas las inquietudes que ella guardaba dentro de sí. —¿Por qué de pronto has cambiado de actitud conmigo? Daryl luchó para que Rubí no notara la luz de alarma que se encendía en sus ojos. Esa mujer no se iba con rodeos... exactamente como él. —¿Es alguna estrategia de ataque de la que deba estar prevenida? ¿o tu repentina simpatía es sincera? —Es total y absolutamente sincera. Rubí verificó las palabras en sus ojos, y Daryl le sostuvo la mirada sin hacer el más mínimo gesto por esconder sus orbes avellanados. —¿Sigues dudando de mi simpatía por ti? —Es que... me llama la atención tu repentino cambio de actitud. No pareces ser un hombre fácil de convencer o que cambia de opinión repentinamente. Sobre todo porque me dejaste muy claro que yo no era de tu agrado. Daryl no supo que responder. Miró por el parabrisas buscando una respuesta que la dejara tranquila. Rubí no era una mujer fácil de engañar, sus preguntas habían sido certeras, pero él se negaba a confesar la verdad y que su cambio se produjo el día que la había seguido. —Escucha, Rubí, estaba equivocado ¿ok? —sabía que la palabra "disculpa" sonaba mejor en estos casos, pero su orgullo frunció el ceño a penas atravesó esa idea por su cabeza. —¿Y qué te hizo cambiar de opinión? —insistió incisiva. Sus ojos tampoco le daban tregua. —Cuando vi donde vivías... —¿Sólo eso? —cuestionó con incredulidad. —No, Nyo también me dijo "amablemente" que no sea descortés contigo, que no había razón para dudar, y que él tenía motivos suficientes para confiar en ti. Rubí lo miró en silencio complacida por las palabras de su moreno y cesaron las preguntas. —¿Satisfecha la curiosidad de la señorita? —Sí... —respondió reprimiendo una sonrisa. —Estupendo. Entonces, ¿Podemos decir que hemos hecho las pases? —Se podría decir que sí. Daryl sonrió de manera misteriosa y alargó la mano derecha hacía ella. —¿Amigos? Rubí observó el gesto con sospecha. Faltaba tanto para que la confianza fluyera entre ellos, al menos ya habían dado el primer paso. —Amigos, pero no te daré la mano —se negó desconfiada. —¡Oh, vamos! No seas cobarde, Rubí —soltó con una sonrisa bribona. Los juegos con ella lo deleitaban cada vez más. ¡Y ahí estaba riendo como idiota nuevamente sin siquiera darse cuenta!—. Es un trato y los tratos se sellan con apretón de manos. Rubí no pudo evitar sonreír también. Y como ella no era ninguna cobarde, alargó el brazo y deslizó suavemente su mano derecha por la de Daryl. —Amigos —confirmó con su voz aterciopelada. El puertorriqueño, a pesar de que se esforzaba por mantener una actitud indiferente con ella, inevitablemente reaccionó al delicado contacto de su mano. Se dió cuenta que su piel tenía la misma textura de su voz. Sostuvo su mano con firmeza y se sumergió en la vertiginosa mirada de Rubí. —Amigos.
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