10.- Ultima cacería....

1164 Palabras
El cazador se encontraba en un pequeño campo de flores mirando como los elfos se dedicaban a portarse como niños pequeños, unas pisadas se escucharon tras él y volteo encontrándose a los hermanos Black. —Hola Dani -murmuro y se acercó a abrazarlo- te estábamos buscado —Oh bueno estaba con ellos -el cazador sonrió y apuntó a los elfos- La castaña lo miró y sonrió antes de pisar su mirada en los desconocidos, su mirada topó con la del híbrido y su sonrisa se borró. El híbrido se había quedado estático confundido al sentir como si su alma tirara de él para acercarse a ella y la cuidara con su vida entera, él había conseguido a su alma gemela. La menor de los Black sonrió y miró a Danilo antes de mirar nuevamente a su hermano golpeando su brazo con suavidad haciendo que volviera de su pequeño trance. —Niños! -llamo a los elfos y ellos se acercaron con cautela- vengan les quiero presentar a estas personas... él es Stephen Black un híbrido lobo y vampiro, ella es Sophie Black hermana menor de este hombre y por sus ojos es obvio que es una vampiresa —Un gusto conocerlos -dijo y ambos Black sonrieron- —Hola -dijo tímidamente provocando la risa de el cazador- —Bueno y ellos son Indis, la princesa del bosque y Eru -el cazador se quedó a un lado- elfos —Hola un placer conocerlos -dijo educadamente dándole un "suave" codazo a su hermano- —Un placer -dijo sonándose el golpe mirando mal a su hermana- —Vengan tengo que preguntarles algo -tomo la mano de el cazador y la del rubio jalándolos lejos de ahí dejando a los otros dos solos- [...] La lluvia caía con fuerza contra la tierra haciendo un fuerte sonido, parecía un diluvio, el cazador miraba por la ventana de su habitación mirando como algunos cazadores y guardianes caminaban bajo la lluvia tratando de encontrar refugio bajo algún techo que los cubriera de la lluvia. El cazador miraba la carpeta en sus manos, una nueva misión, algunos lobos habían hecho destrozos en una ciudad humana así que el tendría que hacerse cargo de esa misión junto a sus compañeros de caza. Era su última cacería en ese lugar pronto comenzarían las construcciones para lo que ahora sería un poblado en donde vivirían los guardianes o cazadores con sus parejas predestinadas. Mirando por el reflejo de la ventana las siluetas de sus dos compañeros entrando en la habitación lo hicieron voltear, el de cabello miel le sonrió con amablilidad y el otro hizo una pequeña reverencia. —Siéntense por favor -les pidió señalando la mesa de té en un lado de la habitación- tomen esas carpetas, léanlo cuidadosamente, parte por parte —Está es la única información que tenemos? -el cazador asintió mirando al angel caído- —Así es, es todo lo que tenemos en los registros -ambos angeles asintieron y comenzaron a leer los archivos- Mientras tanto el cazador volvió a su posición inicial, los guardianes estaban sobre la muralla como siempre vigilando que todo a nuestro alrededor esté más que controlado. Vigilando desde ahí a los pueblos de seres sobrenaturales a algunos cuantos kilómetros, las cosas se habían calmado hasta ese momento, así que tendría que poner en orden a los lobos, si o si. [...] El cazador caminaba por las calles mirando los destrozos que habían hecho los lobos, sus compañeros habían tomado caminos distintos para poder saber cuanto destrozo habían hecho en todo el poblado humano. El pelinegro miró con atención una casa completamente destrozada y dejando que sus instintos se encendieran escuchó un pequeño ruido, un ruido constante, el sonido de un corazón. Con cautela se acercó buscando el lugar correcto de donde provenía aquel sonido, movió algunos escombros encontrando a un pequeño mini humano con rasguños en su cuerpo. Algunas heridas graves así que con suma delicadeza lo tomó en sus brazos tratando de usar aquella magia que le había entregado la pelirroja, pero lamentablemente no la podía usar con humanos. El sonido de un casi inaudible movimiento de alas se hizo presente, frente al cazador se encontraba un pequeño angel de cabello blanco como la nieve y piel clara, vestía una túnica blanca con un cinto de giro en su cintura. —Pequeño angel -el ángel sonrió y extendió sus brazos con intención de curar al pequeño- hoy no hablas Sirem? El pequeño ángel negó riendo bajito mientras bajaba con delicadeza por los escombros hasta quedar gente a él, pasó con suavidad su mano por los rasguños del cuerpo del pequeño humano y en segundos estuvo curado. —Gracias supongo que ya sabías de esto -el angel asintió y miró con tristeza a su alrededor- si, es algo que está completamente fuera de control, pero sabes que nosotros solo estamos a cargo de los del inframundo, ustedes son los que se tiene que hacer cargo de los de aquí afuera —Lo sabemos, hemos tratado de hacerlo pero nuestro padre no nos lo permite -un nuevo angel se posó al lado de él ángel más pequeño, Maxem su hermano mayor- hermana papá te busca, hay que irnos —No -por primera vez la tersa y dulce voz de el pequeño ángel se escuchó- —Sirem -el ángel pequeño frunció sus cejas indicando enojo y frustración- sabes que tenemos que obedecer —Entonces vayan, recuerden ir a ver a Elizabeth -dijo el cazador y el ángel más pequeño lo miró con tristeza- se que no los dejan acercarse pero conociéndolos encontrarán la manera de hacerlo niños Despidiéndose de ambos ángeles el cazador se fue con el pequeño humano entre sus brazos llevándolo a un orfanato, donde lo dejó con una dama que identificó como una hada. —Lo encontré entre los escombros -la hada lo miró con algo de miedo pero tomó al pequeño humano con delicadeza arropándolo entre sus brazos- cuídenlo Y sin más se fue de ahí dejando un poco asustada a la hada, se le hacía un hombre guapo pero muy intimidante, más el hecho de que sea un cazador lo hacía más temible. El cazador caminó entre las calles mirando los destrozos y pronto llegó junto a sus otros dos compañeros, quienes ya lo esperaban con un semblante de enojo puro que hacía remarcar las venas de sus frentes o cuellos. —Qué pasó? -dijo el mayor mirando con intriga a los otros dos- —Los lobos casi atacan de nuevo -el cazador de tenso y tomó el mango de su espada sintiendo su interior encenderse- —Bien entonces si quieren guerra la tendrán -dijo y Ezequiel sonrió mirando al de cabello miel- vamos chicos Comenzaron a correr con su velocidad sobrehumana hacia el lugar donde los lobos habían intentado atacar a los dos angeles caídos, el pelinegro miró como sus dos acompañantes le seguían con sus armas en mano dispuestos a atacar en cualquier momento. Y segundos después ya estaban peleando contra los lobos.
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