6 CHOQUE DE LOS MUNDOS

1177 Palabras
HARPER El vuelo de regreso fue un ejercicio de tortura psicológica en silencio, Liam durmió (o fingió dormir) todo el camino, ocupando dos asientos con su enorme cuerpo, mientras yo miraba por la ventanilla, planeando mi estrategia. Aterrizamos en Nueva York bajo una lluvia gris que coincidía perfectamente con mi estado de ánimo, una limusina negra nos esperaba en la pista. - Déjame en la torre —dije, rompiendo el silencio cuando el conductor enfiló hacia Manhattan—. Tengo una reunión a las tres. Liam, que estaba revisando mensajes en su teléfono, ni siquiera levantó la vista. - Te dejaré en la torre porque tengo asuntos que tratar con mi "querido" padre pero no tienes ninguna reunión, Harper, Cole canceló tu agenda. - ¡No tenía derecho! —exclamé, sintiendo la ira burbujear. - Es el abogado de la familia, tiene todos los derechos —Liam guardó su teléfono y me miró, sus ojos grises estaban oscuros, ilegibles—. Además, hoy no eres la vicepresidenta, hoy eres la noticia del día, hay paparazzi acampando en el vestíbulo. Tenía razón, cuando el auto se detuvo frente al rascacielos de acero y cristal de Vance Industries, los flashes estallaron como una tormenta eléctrica. Liam bajó primero, se abrochó el botón de su saco n***o (que le quedaba como un guante hecho a medida para el pecado y me tendió la mano. - Sonríe, Sra. Vance —murmuró—. Que parezca que no me odias. - Te odio con cada fibra de mi ser —dije con una sonrisa radiante para las cámaras, tomando su mano, su agarre fue fuerte, caliente, posesivo. Entramos al edificio como la realeza entrando a su palacio, los empleados se quedaban mudos a nuestro paso, murmullos, miradas de envidia y shock. La "Ejecutiva de Hielo" se había casado con el "Príncipe Rebelde", era el chisme del siglo. Subimos al piso 50 en el ascensor privado. Cuando las puertas se abrieron, caminé directo hacia la oficina de Arthur, necesitaba verlo, necesitaba asegurarme de que el shock no le hubiera causado un infarto. - ¡Srta. Blake! —la secretaria de Arthur se levantó de un salto, pálida—. El Sr. Vance la está esperando, él... vio las noticias. Asentí y empujé las puertas dobles de caoba. Arthur Vance estaba sentado detrás de su inmenso escritorio, se veía más delgado que la última vez que lo vi, su piel tenía ese tono grisáceo que el maquillaje apenas podía ocultar pero sus ojos... sus ojos brillaban. - Harper —dijo Arthur, poniéndose de pie con dificultad—. Y Liam. Liam entró detrás de mí, caminando con esa arrogancia depredadora que lo caracterizaba. No saludó simplemente se dejó caer en uno de los sillones de visitas, estirando las piernas como si fuera el dueño del lugar. - Hola, papá —dijo Liam, la palabra sonando como un insulto—. Sorpresa. Arthur ignoró el tono de su hijo y me miró a mí, había orgullo en su mirada y alivio. - Harper... —Arthur rodeó el escritorio y me tomó las manos—. Lo lograste, no sé cómo lo hiciste, pero lo trajiste de vuelta y de qué manera. Me congelé, Arthur pensaba que esto era parte del plan, pensaba que me había casado con su hijo para salvar la empresa y traerlo a casa. - Arthur, yo... —intenté explicar, pero Liam soltó una risa seca y cruel. - ¿Lo lograste? —Liam se levantó, su presencia llenando la habitación de una energía violenta—. ¿De eso se trata esto? ¿Crees que tu fiel cachorra me trajo aquí con correa? - Liam, ten respeto —advirtió Arthur, su voz temblando ligeramente por el esfuerzo—. Harper ha hecho lo que tú nunca tuviste el valor de hacer: comprometerse con esta familia y este matrimonio... es lo mejor que le ha pasado a este apellido en años. Liam se quedó quieto, el aire en la oficina se volvió gélido. Su plan de rebelión, su gran "jódete" a su padre... había fallado, Arthur no estaba furioso, estaba feliz y eso, para Liam, era la traición definitiva. Vi cómo la mandíbula de Liam se tensaba, vi la tormenta en sus ojos grises. - ¿Crees que ella es perfecta para mí, padre? —preguntó Liam con voz suave, peligrosa—. ¿Crees que es tu pequeña aliada en mi cama? - Basta, Liam —intervine, poniéndome delante de Arthur para protegerlo de la ira de su hijo, Arthur se tambaleó un poco, y yo lo sostuve del brazo—. Arthur no se siente bien, déjalo. Liam miró mi mano en el brazo de su padre, luego miró a Arthur, quien tosía discretamente en un pañuelo, pero Liam, cegado por años de rencor, no vio la enfermedad, solo vio debilidad y vio mi lealtad hacia el hombre que odiaba. - Tienes razón —dijo Liam, avanzando hacia mí—. No debería estar aquí perdiendo el tiempo, tengo una esposa que atender. Antes de que pudiera reaccionar, Liam me agarró de la cintura y me levantó en vilo, cargándome sobre su hombro como si fuera un saco de papas o un trofeo de guerra. - ¡Liam! ¡Bájame! —grité, golpeando su espalda—. ¡Esto es una oficina! ¡Soy la vicepresidenta! - Eras la vicepresidenta —corrigió él, caminando hacia la salida sin mirar atrás a su padre—. Ahora eres mi esposa y si mi padre te aprueba tanto, entonces significa que no te he corrompido lo suficiente, vamos a arreglar eso. - ¡Liam, bájala! —gritó Arthur, pero su voz se rompió en un ataque de tos. Liam ignoró a su padre, abrió las puertas de un empujón y salió al pasillo principal, cientos de empleados nos miraron, la perfecta Harper Blake, colgada del hombro de un hombre tatuado y furioso, con la falda de mi vestido subiéndose peligrosamente. - ¡Miren bien! —rugió Liam a la oficina abierta, su voz resonando en las paredes de cristal—. ¡La Sra. Vance se retira por el día! ¡Y no la esperen mañana! Caminó hacia el ascensor, ignorando mis protestas y mis golpes, cuando las puertas se cerraron, aislándonos del mundo, me bajó pero no me soltó, me acorraló contra el espejo del ascensor, su cuerpo presionando el mío, su respiración agitada mezclándose con la mía. - Me has humillado —susurré, temblando de rabia y adrenalina. - Te he reclamado —corrigió él, sus ojos grises ardiendo con una mezcla de odio y deseo—. Mi padre cree que eres suya, Harper, cree que eres su soldado pero le voy a demostrar que se equivoca, a partir de ahora, cada minuto de tu día, cada pensamiento en tu cabeza y cada gemido en tu boca... me pertenecen a mí. El ascensor llegó al lobby, Liam me tomó de la mano, entrelazando nuestros dedos con fuerza dolorosa. - Vamos a casa, cachorrita, el juego acaba de empezar.
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