Fue una muy buena idea despertarnos casi dos horas antes de que tuviera que estar en mi casa, esperando a mi novio como se suponía que toda mujer hacía, según Leo. Joaco y yo pudimos disfrutarnos una vez más y fue hermoso, porque no necesitamos muchas palabras y no hizo falta descifrar el panorama, nuestras miradas y cuerpos hablaban por sí solos. Merendamos juntos y no hubo momento para que le diéramos lugar a la ruina, nos reímos y jugamos entre nosotros sin dejar el eje de nuestras intenciones, lo demás fue otra historia. Leo llegaba a las nueve y tenía tiempo para llegar y sacarme el gusto a Joaco, por más que renegaba de eso tenía que hacerlo. Nos despedimos en su auto y esperó a que terminara de sacar el mío, me bajé exclusivamente para besarlo y prometerle vernos pronto, después v

