El día de trabajo en el consultorio fue leve, salí después del almuerzo para el hospital de San Isidro y me alegré de estar a pocas cuadras de mi casa para evitarme todo el tráfico al regreso de capital. Me comprometí con Lucía y su labor en el hospital porque me pareció agradable salir de la rutina, si bien no era mi especialidad ni lo que yo había elegido para ejercer en la diaria, a veces tener mi propio consultorio era agotador y el contacto con gente que lo necesitaba por cuestiones de enfermedad me resultaba muy interesante, estaba fuera de mi esquema. Estuve con cuatro pacientes y la historia que más me conmovió fue la de una chica que estaba internada por intentos de s******o, había muerto su bebé cuando nació y su marido la dejó porque el único hijo que pudieron concebir se había

