TREINTA Y UNO.

2295 Palabras

Pasamos nuestra intensa situación al sillón, en donde nos acostamos pero sólo para besarnos y acariciarnos el uno al otro, su erección se mantenía muy presente pero nuestras bocas eran tan egoístas que no querían desconcentrarse. Me sentía excitada por sus suaves caricias y el momento que estábamos teniendo, pero no quería abusarme porque mi desgaste físico era genuino, aún no me recuperaba de la noche anterior y Joaco lo entendió a la perfección. De a poco acaricié su mejilla y dejé de besarlo recostándome en su pecho sobre su corazón que latía a ritmo pesado, mis dedos no dejaron de jugar sobre su piel y nos mantuvimos relajados y pasivos, el cansancio que sentía era agobiante y nada me vendría mejor que dormir con él. —Me gustaría dormir un poco. —me levanté un poco para mirarlo y llev

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