El despertador del teléfono sonó y recordé que estaba en el piso, pero pude lograr escucharlo en mi somnolencia, como al quinto llamado intenté en dormida despegarme de Joaco y aunque se quejó, salí de su agarre para estirar mi brazo a la ropa que se encontraba más cerca, por mala suerte no estaba ahí y bufé para pasar del otro lado, pisándolo un poco a Joaquín. —Auch. —se quejó corriéndome pero no podía evitarlo, tenía que cruzarme a agarrar el teléfono o me iba a quedar dormida. — ¡Jaz! —Perdón, ya está. —le dije y apagué el despertador volviendo a mi lado, bufó dándose la vuelta y yo quise reírme pero me estiré bostezando. Eran las seis de la mañana y tenía que volver a San Isidro, por lo menos para despertarme con Leo e intentar convencerlo de que me dejara lo que quedaba del fin de

