Consideré el domingo como el mejor día que habíamos pasado juntos, teníamos buenos y excelentes, pero ese fue magnífico porque nunca antes habíamos estado como nos encontramos en un momento, compartimos todo, desde el baño hasta cocinar juntos y sin contar la cama y el sofá. Con la música en alto mientras bailábamos y cantábamos, cocinamos y ordenamos por encima lo que habíamos ensuciado, todo era motivo de volver a besarnos y acariciarnos lo suficiente para sentirnos halagados uno con el otro. Todo el tiempo me sentí entre las nubes, como si estuviese suspendida por algún tipo de sueño del que nunca me quisiera ir, pero lamentablemente el tiempo pasaba y el reloj me indicaba que se estaba terminando mi fantasía. Mis amigas ya estaban aburridas de enviarme mensajes pero no se cansaban

