Empecé a sollozar más ferviente y a gritar que me ayudaran, pero ella lo único que hizo fue observarme entre lágrimas y el pasmo. El dolor era tan punzante que mi orgullo no me permitía hacerlo, por lo que evité mirarla para gritar hacia las escaleras. — ¡Ayuda! —grité lo más fuerte que pude pero tenía que doblarme para soportar un poco, me dolía tanto que se me imposibilitaba respirar. — Hija de puta, te embarazó…—susurró incrédula. — ¡Ayuda por favor! —grité con la garganta enardecida y la vi irse corriendo por las escaleras. Me arrastré llorando con el dolor punzante en mi vientre hasta mi cartera y busqué mi celular, estaba llena de sangre y no podía dejar de retorcerme del dolor hasta que intenté calmarme para hablarle al 911. Nunca había sentido dolor más fuerte en mi vida. El go

