La ventana indiscreta

919 Palabras
Veo como Enzo se va quitando la camisa, poco a poco desabrocha sus botones, mientras me va pidiendo que yo me quite la camiseta. Tiene un cuerpo musculado, con varios tatuajes. Noto su mirada sobre mi pecho, que sube y baja pesadamente con mi respiración, que se va agitando según caen prendas de ropa al suelo. El turno de nuestros pantalones. El gran bulto de sus calzoncillos hace que mi excitación aumente. No puedo creer lo que estoy haciendo. Estoy a punto de acostarme con el nuevo jefe de la mafia italiana en España. Debo estar loca, no se que va a pasar a partir de ahora pero, de momento, a este bombón me lo voy a comer. Totalmente desnudos puedo ver el gran tamaño de su m*****o erecto frente a mi. Mis pechos parecen más grandes que de normal y Enzo me sorprende cuando se lanza sobre mi y comienza a lamer mi cuello y morder mis lóbulos de las orejas con tanta pasión que me deja sin aliento. Y yo que llegué a pensar que era gay. Que idiota. Rodeo con mis piernas su cadera y noto como su duro m*****o toma posición para entrar en mi. Su gran mano recorre mi cuerpo hasta llegar a una de mis tetas, que coge con ansia y se lleva el pezón a la boca. No puedo evitar que se me escape un gran gemido, justo cuando noto que entra en mi. Estoy en un completo éxtasis que ni siquiera me permite tener el control del movimiento de mi cuerpo. Es una noche larga, en la que no paramos. Ni siquiera me he parado a pensar en Raquel y Andrea. ¿Estarán bien durmiendo en el salón? Y lo que es peor, ¿nos habrán oido? Bueno, parece que están bien, pues oigo sus movimientos en el baño. Me doy media vuelta y tras una larga noche de sexo, caigo dormida encima del perfecto cuerpo de Enzo. La luz del primer sol de la mañana entra por la ventana. Me ha despertado el sonido fuerte de una persiana. Enzo también se despierta. Escuchamos las voces de Raquel y otro hombre fuera. Nos miramos asustados y nos levantamos, nos tapamos con las sabanas de la cama y corremos a la ventana. Vemos a Andrea delante de la ventana del baño y a Reich con medio cuerpo fuera de la casa. - ¿Se puede saber qué cosa fae fuera di la casa? - Enzo le grita enfadado a Andrea. – ¿Nos encerrasteis en la habitación y os escabullisteis? ¿Cosa stavi pensando? – Mira a Reich y trato de no sonreir. Ambas estamos en una posición poco recatada. Yo tapada con una sabana y ella con Andrea tirando hacía abajo de su camisón. No puedo, así que disimulo tosiendo y le levanto una ceja a Reich para que sepa que repruebo lo que está haciendo. Enzo se vuelve hacía mi y me pregunta. -¿Estas bien?- Afirmo. - Bien, pues ve a vestirte.- Antes de que pueda moverme una cabeza rubia de mujer se asoma, junto a la del hombre, a la ventana del vecino. – ¿Y vosotros quien sois?- Raquel vuelve a sacar la cabeza y Andrea se para a mitad de salto para entrar a casa. –Ellos son mis invitados y secuestrados, y esta casa la he alquilado yo. – Andrea responde muy borde.- ¿Y tu eres? -Soy Pamela Schuster, somos de Alemania, esta es nuestra casa de vacaciones.- No puedo evitar recordad la canción de Pamela Chu que cantábamos en el barrio cuando eramos jovenes, Reich tambien la tiene que conocer. – ¿¿PAMELA SHCUster??? – Las dos nos miramos malevolamente. No puedo soportar la risa y entro a la habitación. – Pamela, disculpenos, ¿les gustaría desayunar con nostros? Puedo hacer unos churritos.- Oigo a Reich invitar a la pareja alemana. No voy a poder soportar la risa, saco la cabeza para pedir a Reich que no los invite. La puerta de la habitación se abre, pero ni Enzo ni yo nos movemos de la ventana. -Churros, si por favor. Nosotro llevamos café, embutida y cerveza. – El hombre parece encantado con la invitación. La mujer puntualiza. – Y fruta.- -Dadme veinte minutos y pasaros. – Reich cierra la ventana tras decir esto y yo me quedo asomada a la ventana, junto a Enzo. La pareja nos mira, los miramos. Por fin Enzo les dice adios con la mano y podemos entrar en la habitación. - Oye, Eva, ¿por que os habeis reído de la alemana? - Enzo se tira en la cama y tira de mi brazo para que acabe sobre él. - No nos reíamos de ella sino de su nombre. - Enzo arruga la nariz, mientras apoya su nuca sobre su mano, con el codo doblado sobre la almohada. Su otra mano recorre mi espalda. Parando en mi tatuaje de la espalda. Mira con curiosidad el gavilan y la paloma que se entrelazan en mitad de mi espalda. - ¿No me lo cuentas? - Me mira a los ojos y pienso que será mejor que le ponga la canción. Cojo mi movil y busco en la aplicación de musica: “Pamela Chu”. Tras unos segundos en que la escucha atentamente, la canción llega al estribillo y, por fin, se puede percatar del juego de palabras que crea la repetición de Pamela Chu. La carcajada que lanza puede orise por todo el bloque de pisos.
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